La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

sábado, 6 de julio de 2019

LLOVÍA AÑIL, por Dori Hernández Montalbán.



Estaba ahí, bajo la lluvia,
llovía azul añil y ella seguía
                                               - ahí-
sometida al desengaño
                                          -mirando llover-
lloviéndose mientras llovía.

Chorreaba azul añil sobre los hombros

del padre y de la huella de los que nos precedieron.

Llovía sobre los hombros del hijo

y aún del espíritu de los hijos,
todavía con la cabeza agachada 
por la culpa del origen.

Llovía sobre la paloma y el ciervo.


Deambulaba la carne bajo la lluvia

pegada a los huesos
                                       -mirando llover, llovía-
por y sobre el diluvio del mundo,
porque los vientos sin cielo
habían dejado de soplar.

Con la cara iluminada
y los pechos duros como las manzanas,
llovía la culpa sobre los hombros
en nombre del padre y de los hijos de los hijos.

La mujer dio a luz, se vistió con la lava de un volcán

y se marchó para siempre del paraíso.

Desde entonces, la humanidad entera culpa a Eva 

y exilia a Lilith,
siempre lo mismo,
aquí no hay lugar para el que se rebela.

Desde entonces, multitud de Evas traen consigo manzanas,bolsos de piel y zapatos a juego,

mientras bajo la lluvia azul añil las ve pasar Lilith.

Al fin y al cabo, ella siempre fue donde quiso ir.


Estaba ahí, recogiendo el naufragio de los días,

todo tiene su precio - se decía-
y queda registrado en la piel. 

Pues no hay maestro que mejor enseñe

que el propio dolor.

martes, 14 de mayo de 2019

HEBRA. Revista Literaria.Nº 9, mayo 2019

SE LAMENTA EL TIEMPLO, por Isabel Rezmo



Se lamenta el tiempo en los dedos,
haciendo de la sentencia el  interrogatorio
de un sueño.

Almacena en el calendario
las ausencias limítrofes
con el cuerpo y tus labios,
peligran enmarañados en mi cintura.

Madrigueras que  deshacen  la boca
cubierta de cenizas, cuando la ceniza es polvo
que jalea en  la brasa.

Se lamenta la golondrina en el  aire de Mayo,
se lamenta del cambio de estación  que sufre
el latido, bajo la sal de la tierra invicta.

Se lamenta el surco, las hojas  del jazmín,
cuando aletea en la noche instigando  al amante,
dejar su lado cóncavo por el lado convexo.


SE LAMENTA EL TIEMPO, por Antonio Morillas Jiménez.




Se lamenta el tiempo
que espera luz en la casa,
donde verá sus ojos
en espejos que abrazan el mar,
en mujeres de Sorolla
que esquivan flores mustias en la playa,
en incas de piedra que desfilan
en el estante
junto a elefantes de ébano
que dan la espalda a la puerta.

Y verá sus manos en la diosa de terracota
que volvió del sueño
en un anticuario de Creta
y vuelve a lamentar
los pasos perdidos.

Son guardianes de historias inconclusas
sobre los puentes del agua
- Praga o París -,
bajo los arcos del aire
- Roma o Berlín -.

Y desgrana sueños
mientras la palabra se despeña en los labios
para estrellarse en la espuma
y bosteza
     en los arrabales del día
- los ojos cubiertos de harapos -.

Nace un grito.

(En el aire fluye la fuente

que aplaca la sed de los jardines).

EL LAMENTO, por Gloria Acosta.



  Se lamenta el tiempo. Examina cajones, armarios y alacenas. Escudriña en sus recuerdos para subsanar un error y su pensamiento gira y gira en espiral porque el tiempo es indetenible. Nace muriendo y muere naciendo, una y otra vez hasta el infinito. Últimamente le acecha la curiosidad de desaparecer, la necesidad de la nada. Revisa albaranes y cartas, quejas, reclamaciones y  agradecimientos. El regalo de una tregua a la enfermedad, las cien velas de una tarta, las firmas de acuerdos arrancadas al tiempo de las negociaciones, deudas saldadas fuera de plazo. No siempre acierta. ¡Se siente tan mayor!... y se lamenta.
  Pero como tiempo al tiempo no le falta, al fin esclarece su desatino. Entregó a ella la relatividad del tiempo que vuela y a él la del que no termina de pasar.

Lástima de pareja.

SE LAMENTA EL TIEMPO, por Luis Pérez Algaba Chicano



Se lamenta el tiempo,
me observa acallándolo
con su propio silencio,
contrariado,
se aparece dentro de mí
trucando mis tripas
con espejismos de culpabilidad.

Mas se ha de lamentar,
pues soy un creador,
y a su constante avance
y amenazas de muerte no temo.

Se ha de lamentar
de que haya aprehendido a convivir con él
y hoy
le esté agradecido, puesto que
sin su inercia en mí y escalofríos,
me sería imposible hilar con calor
los versos que hoy
le dedico.

Se lamenta el tiempo
de ser su amigo.

LAMENTO DEL TIEMPO, por F. Javier Franco.



Se lamenta el tiempo que sin ti estuvo,
me quejo de las horas secuestradas
por el tedio del vacío, congojadas
lágrimas el único río que hubo.

Se lamenta el tiempo que me retuvo
lejos de tus caricias deseadas,
nunca son iguales las llamaradas,
aunque el mismo rescoldo las contuvo.

Se lamenta el tiempo y yo lo maldigo,
a pesar del calor de tus sentidos
y que tu hogar es ahora mi abrigo.

Se lamenta el tiempo y desconocidos
son los fuegos que no encendí contigo,
hay otros, pero aquellos están perdidos.