La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

viernes, 15 de abril de 2016

Carl Gustav Jung… imágenes… inspiración para curar…, por MERCHE HAYDÉE MARÍN TORICES



“Todo depende de cómo vemos las cosas y no de como son en realidad. Jung”
La pintura como fuente de inspiración, este es el tema de la revista de este mes.

Soy muy perceptiva y me gusta fantasear con la forma de las nubes, con los colores de los acontecimientos que nos rodean; con los “deja vu”, con evocaciones y recuerdos. Siempre he creído que las cosas no ocurren por casualidad. Creo firmemente en el libre albedrío pero me sorprende que algún acto de mi vida por cotidiano que sea, acabe convirtiéndose en una maravillosa espiral donde reencuentro a compañeras de colegio, donde aparece alguien que no ocupa ni ocupará un lugar importante en mi vida pero me lleva por caminos que al final son sueños o proyectos que tenía. Quién o qué hace que esto ocurra no lo sabemos; los que somos cristianos creemos que Dios nos ofrece muchas puertas a la felicidad y cada religión o filosofía lo estudia y justifica de la misma u otra manera.

Me gusta mucho desencriptar cuadros, uno de mis favoritos es la Virgen de la Cueva de Leonardo da Vinci. Buscar señales, manos que son una garra, miradas, paisajes que Leonardo no pudo ver nunca y que existen en las antípodas de su bella Toscana. Me entusiasman las cartas del Tarot en las muchas versiones que se han pintado y toda la simbología que encierran; la intuición nos lleva al conocimiento de nosotros mismos, a tomar la seguridad necesaria para decidir, para andar hacia delante sin mirar atrás más que para aprender de las lecciones del pasado. Me conmueve todo lo que la ciencia no puede explicar.
Para interpretar fenómenos como los que he expuesto, Jung propone el término sincronicidad: una aparición simultánea de dos o más factores unidos por la significación y sin relación causal alguna entre sí; sería, por lo tanto, una coincidencia significativa. El secreto que liga un acontecimiento a otro estaría relacionado con el significado del evento.
Jung se inspiró, para crear el término sincronicidad, en Schopenhäuer, y más concretamente en su tratado La intencionalidad aparente en el destino del individuo. En este tratado, Schopenhäuer habla de una especie de “(…) simultaneidad… de aquello que no tiene conexión causal”.
Puede parecer que toda la apuesta filosófica de Jung haya sido puramente subjetiva o limitada a su propia experiencia. Sin embargo, antes de publicarla, como era su costumbre, tuvo sumo cuidado e intentó buscar otros casos que confirmaran o refutaran su propuesta. Al hacerlo, Jung encontró una bibliografía sumamente significativa. Además de Schopenhäuer y él mismo, autores como Dariex, Flammarión, Schülz, Silberer o Rhine, además de haber consultado bibliografías semejantes, también hicieron uso de la estadística intentando explicar enigmas similares.
En la sabana africana, contemplando desde una silla de campaña las actitudes reverentes de los babuinos ante la salida del sol, Jung vino a entender que el impulso por escapar de las tinieblas y buscar la luz ha habitado en nosotros desde siempre. De allí esa tristeza perturbadora, que pareciera exigir una respuesta y que emana a veces de las miradas de los animales, en especial de aquellos más cercanos a nuestra especie o a nuestro corazón. Ellos también quieren encontrarle un sentido a todo esto: a la vida, al universo, al ser. Pero sobre nosotros ha caído la responsabilidad de descubrirlo. En eso quizás radique la finalidad de cuanto existe; al menos, en eso consiste por cierto la nuestra: en suplir el vacío y la frialdad del universo con el calor y la luz de nuestras certezas e incertidumbres.
Por eso, cuando descubrí los arquetipos del controvertido, a la vez que apasionante, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, Carl Gustav Jung, le fui poniendo nombre a mis cuitas de cada día. Si hay una persona que tenga un sentido del inconsciente y sus hábitos como  capaz de expresarse solo de forma simbólica, éste es Carl Jung. No es fácil su lectura ni su comprensión, tal vez porque no fue fácil su vida. Cada libro, cada ensayo, cada terapia, estaba nutrida de sus propios sueños y de sus visiones. Al principio de experimentarlas tuvo miedo, pensó que se trataba de un brote psicótico, pero luego se fue metiendo en un proceso doloroso de auto-exploración. Cuidadosamente empezó a anotar sus sueños, fantasías y visiones, y los dibujó, pintó y esculpió. Estaba firmemente convencido de que “ningún maestro puede enseñar a vencer aquello que él mismo no ha combatido y superado”. Y, a través de las figuras y apariencias que veía, creó su propio método terapéutico que hoy está más vigente que nunca. Jung se adelantó a su tiempo, podía comprender el misterio de lo oculto, lo espiritual y lo intuitivo.

Galvanómetro y bocetos creado por Jung
Jung pasó gran parte de su vida adulta en la torre de Bollingen, en Suiza, una morada ideal que construyó él mismo con muy poca ayuda profesional, que fue su lugar de retiro, meditación y experimentación ersonal en el que escribió gran parte de su obra, que incluye además pinturas murales y esculturas, y que hoy es visita obligada para los turistas de todo el mundo.
Telesforo inserto en un mandala alquímico esculpido por Jung en el exterior de la torre
No olvidemos que anhelaba de joven estudiar Arquitectura pero como su familia no podía enviarlo fuera de su ciudad, se decidió por la Medicina.

Ilustración del propio Jung
Allí pasaba felices momentos de silencio, leyendo, cortando leña o paseando en bote. Se interesaba por la cultura oriental, la meditación, el yoga y el budismo; y su perspectiva del cosmos era a la manera del antiguo oriente, a pesar de ser católico y de haber sido seminarista en su juventud.
Ilustración del propio Jung




Jung asevera que, así como la evolución tiene una importancia incidencia en el cuerpo, también la tiene sobre el psiquismo. La mente está ligada al pasado, no solamente al pasado de la infancia sino también al pasado de la especie. El inconsciente colectivo es una porción del psiquismo que no depende de la experiencia personal y su contenido es un depósito de predisposiciones y potencialidades para experimentar y responder al mundo de la misma manera que lo hacían los antepasados de la especie. Estas predisposiciones que hereda el ser humano se expresarán y desarrollarán de distintas maneras según el contexto y las experiencias que le toque vivir a cada individuo.

Después de describir el inconsciente personal, Jung añade una parte al psiquismo que hará que su teoría destaque de las demás: el inconsciente colectivo. Podríamos llamarle sencillamente nuestra “herencia psíquica”.

Los contenidos del inconsciente colectivo son los llamados arquetipos. Jung también les llamó dominantes, imagos, imágenes primordiales o mitológicas y otros nombres, pero el término arquetipo es el más conocido.

A primera vista, los arquetipos de Jung parecería la idea más extraña, aún cuando se ha demostrado que son muy útiles para el análisis de los mitos, cuentos de hadas, literatura en general, simbolismo artístico y exposiciones religiosas. Pero, sin duda, son un baluarte imprescindible para superar traumas, para esas tendencias que está tan de moda denominadas “crecimiento personal”, “coaching”,” constelaciones familiares”, “registros acásicos”, “la llama violeta”, etc. y que hunden sus raíces más profundas en los arquetipos de Jung.

Decía Carl Gustav Jung que “Existen tantos arquetipos como situaciones típicas en la vida. Repeticiones sin fin han grabado esas experiencias en nuestra constitución física, ya no en la forma de imágenes llenas de contenidos sino al principio sólo como formas sin contenido, representando meramente la posibilidad de cierto tipo de percepción y acción”. Concretamente se han representado infinidad de ellos en el cine.
Inconscientemente o a propósito, muchos creadores han depositado cualidades o características de arquetipo en sus personajes, convirtiéndolos en símbolos culturales y referentes creativos.

En El Mago de Oz, encontramos los Arquetipos Mente -Espantapájaros-, Emoción Hombre de Hojalata- y Acción-León-, los tres comandados por un cuarto elemento que supondría el proyecto vital o arquetipo Alma, encarnada por Dorothy.
Añadir leyenda

En El Señor De Los Anillos se representa el Arquetipo de El Guerrero, con sus respectivos matices y propósitos, de dos formas: Aragorn, como el arquetipo Luz; y Boromir, como arquetipo sombra.

Y George Lucas hizo de manera especrtacular, uso de todas estas ideas para desarrollar su famosa saga de “La Guerra de las Galaxias”.



Sirvan estos filmes como ejemplos, hay muchos más; James Cameron ha de ser un gran admirador de Jung, pues, aunque ahora no vamos a analizar sus famosos filmes, les dejo como pendiente para que busquen en ellos los arquetipos de Gustav Jung: “Titanic”, “Avatar”, “Días Extraños” o “La musa”. Abundan en ellos los héroes, las sombras, las almas, el ánima y el ánimus, la madre, el buen padre de familia, el yo, el personaje, el rebelde, el bufón,…

El arquetipo carece de forma en sí mismo, pero actúa como un “principio organizador” sobre las cosas que vemos o hacemos. Funciona igual que los instintos.  A lo largo de su obra, Jung fue describiendo numerosos arquetipos, señalando que existen tantos como experiencias típicas en la vida: Dios, el demonio, el anciano sabio, el héroe, la madre tierra, etc. Voy a dedicar aquí, un conciso comentario sobre cuatro arquetipos fundamentales para la psicología analítica: el personaje, el ánima/ánimus, la sombra y el yo. Y después, lo enlazaremos, y ¡¡no es magia!!, con los 22 arcanos mayores de la baraja del tarot.

1.- El personaje.


La palabra personaje remite a las máscaras usadas por los actores en la antigua Grecia. En la psicología analítica este arquetipo cumple una función similar a la de la máscara de un actor, permitiéndonos representar un papel. El personaje es la careta o fachada que exhibimos públicamente, con el propósito de exteriorizar una imagen favorable. El objetivo del personaje es la aceptación social. Una persona puede usar diferentes máscaras en diferentes contextos. Una máscara para el trabajo, otra para el trato con familiares, otra en el contexto de un grupo de amigos. El rol del personaje puede ser provechoso o nocivo para la persona. Puede permitir obtener beneficios materiales pero también puede acontecer que la persona se fusione demasiado con el personaje. A esto se encuentran expuestos, por ejemplo, los políticos con sus asesores de imagen.

2.- El Ánima y el Ánimus.


El ánima es el aspecto femenino presente en el inconsciente colectivo de los hombres y el ánimus es el aspecto masculino presente en el inconsciente colectivo de la mujer. Unidos se les conoce como syzygy. El ánima puede estar representada (personificada) como una joven chica, muy espontánea e intuitiva, o como una bruja, o como la madre tierra. Usualmente se asocia con una emocionalidad profunda y con la fuerza de la vida misma. El ánimus puede personificarse como un viejo sabio, un guerrero… Cada hombre lleva dentro de su psiquis una estampa de todas las impresiones producidas por la mujer a través de los siglos. Lo propio sucede con las mujeres y el ánimus.

3.- La sombra.

La sombra es uno de los arquetipos junguianos que más aceptación ha tenido. Se trata de un arquetipo depositario de elementos de la naturaleza animal primitiva del hombre. Al integrarse a la cultura, el ser humano es civilizado; esto implica moderar y refrenar los impulsos animales. En este proceso de civilización, que guarda mucha relación con el desarrollo del arquetipo del personaje, el individuo se desliga de su sabiduría instintiva. Cuando una persona manifiesta una exagerada aversión hacia otra persona, Jung sospecha que la persona ve en el otro a su propia sombra expulsada de sí. Al permitir la integración de la sombra en la personalidad del individuo, podría lograrse que la misma enriquezca y complemente a las demás facetas del sujeto.

4.- El yo.

El yo es el arquetipo organizador de la personalidad. Es el arquetipo de la unificación que procura atraer y armonizar a los demás arquetipos, confiriendo a la personalidad un sentido de unidad. Cuando una persona dice que se encuentra en armonía con sí misma, en caso de que esta sensación sea verdadera,  el arquetipo del yo está efectuando exitosamente su tarea. Para Jung esta tarea no se logra desde la ignorancia sino desde el conocimiento de sí. La persona que no se conoce termina proyectando los elementos reprimidos de su inconsciente sobre los demás.

Jung y el Tarot

Jung dijo alguna vez “podemos predecir el futuro cuando sabemos cómo ha evolucionado del pasado el momento presente”, pero no trato de decir que esta antigua alquimia la utilizara nuestro ilustre psiquiatra para adivinar sucesos futuros, sino para aprender a viajar hacia el pasado para traer esos arquetipos que marcaron nuestra infancia y que, unas veces nos son útiles y otras hay que desecharlos por traumáticos. Las cartas del Tarot actúan como las imágenes del sueño: tendencias elaboradas de búsqueda.

En cuanto a otras formas de aplicarlas siempre se me ocurre explicarlo como algo similar al Test de Rorschach, donde al sujeto se le presenta una serie de manchas ambiguas y se le pregunta qué ve en ellas. Lo mismo podemos hacer con las cartas del Tarot, cada persona tiene su diferente percepción y visión de las cosas, proponerle interpretar las cartas a su manera pueden revelar muchos elementos de su inconsciente.

Veamos, ya para finalizar, y de forma escueta y genérica, qué significa cada arcano mayor. Lo que cada persona vea en estos pequeños cuadros con tanto color, números, simbología, es lo que realmente importa, lo que nos lleva al conocimiento de nuestro ser:

El Loco

El loco es la caracterización de Carpe Diem (vive el momento) por excelencia,  representa aquel deseo de abandonarlo todo y lanzarse a la aventura, aquel deseo de libertad que tiene que ir acompañado por la confianza en sí mismo y un fuerte poder de decisión para no perderse en el camino.

Arquetipo: El niño.





El mago


El mago representa la sabiduría, perspicacia, astucia y creatividad necesarias para afrontar una determinada situación o persona.

Arquetipo: El burlador.






La sacerdotisa


Representa el ánima, tu parte femenina en acción, un llamado a usar todo tu instinto e intuición.

Arquetipo: El Anima – el elemento inconsciente femenino en la mente masculina.






La emperatriz


Representa la abundancia y fecundidad tanto en lo material y espiritual. Es producto de acciones inteligentes. Es la naturaleza y la fertilidad.

Arquetipo: La madre.





El emperador


Representa la energía masculina, la madurez mental y la fuerza, y la perseverancia para alcanzar los objetivos. Simboliza la autoridad y el poder masculino.


Arquetipo: El Padre y el Héroe.





El Sumo Sacerdote


Representa aquel ser conectado con lo material y espiritual. Sabias decisiones o la búsqueda de un maestro o consejo. Simboliza la orientación o un maestro.

Arquetipo: El Viejo Sabio.





Los Amantes


Representación del dilema, la necesidad de elegir entre dos o más situaciones o personas, nos aconseja inclinarnos por aquella que el corazón nos dicta. Hay un verso del Popol-Vuh que lo expresa de forma sublime: “Cuando tengas que elegir entre dos caminos, pregúntate cuál de ellos tiene corazón. Quien elige el camino del corazón no se equivoca nunca”. Simboliza el amor y la unión de los opuestos.

Arquetipos: El alma o bien conjuntamente el Anima y Animus.



El Carro


El Carro representa el éxito y la conquista de una meta, también indica que el camino o decisión que has escogido es la correcta. Simboliza el trabajo duro y la victoria.

Arquetipo: El guerrero.




La Justicia


Esta carta nos invita a la reflexión a la hora de tomar una decisión, analizar lo positivo y negativo de la situación para escoger el camino que mejor nos convenga. Simboliza el equilibrio y la justicia.

Arquetipo: Justicia.




El Ermitaño


Representa el aislamiento para alcanzar la sabiduría, nos invita a la introspección y buscar la respuesta en nuestro interior. Simboliza la sabiduría.

Arquetipo: Viejo sabio.





La Rueda de la Fortuna


Representa acontecimientos inesperados, un golpe de buena o mala suerte, el cambio y la espontaneidad. Simboliza la apertura de nuevos caminos, algo que está en movimiento, que crece.

Arquetipo: la suerte y el destino.



La Fuerza


La fuerza es la carta que nos llama al control para afrontar una determinada situación, dominio, fuerza, y voluntad. Simboliza la determinación.

Arquetipo: Resistencia.





El Colgado


El Colgado representa el auto-sacrificio y la transición de un ciclo a otro. Simboliza el sacrificio necesario.

Arquetipo: Sacrificio.






La Muerte


La muerte, al contrario de lo que se podría pensar, representa el cambio, la transformación, el fin de algo y el inicio de algo más; es la guadaña que limpia la tierra para sembrar cosas nuevas y recoger nuevos frutos. Simboliza un buen cambio, la transición. 

Arquetipo: Renacimiento.





La Templanza


Representa la calma y la tolerancia a las circunstancias venideras. Simboliza la moderación.

Arquetipo: La unión de los opuestos.








El Diablo


Representación del lado más mundano, los instintos básicos y vicios humanos: lascivia, egoísmo, avaricia. Es un llamado a detenernos y mirar a nuestro alrededor, alejarnos de nuestra actitud negativa y de lo material. Simboliza el ser atrapado.

Arquetipo: El burlador, o energía sexual.






La Torre


Representa el derrumbamiento de nuestro universo en todas o alguna de sus facetas. Simboliza el caos, el cambio.

Arquetipo: el Caos.







La Estrella


Representa la fe, la esperanza y el progreso. Aspectos positivos en todo nivel. Simboliza la esperanza y el espíritu.

Arquetipo: La Estrella.







La Luna


La luna es una nueva representación de nuestro lado oscuro, y el temor a lo desconocido. Nos advierte de posibles engaños y relaciones mal encaminadas. Un llamado a despertar de aquellas ilusiones y sueños que no nos convienen. Simboliza las emociones.
Arquetipo: La Luna – vinculados con los sueños.




El Sol


Representa felicidad, alegría, éxito, nuevos comienzos positivos en todo sentido. Simboliza la alegría.

Arquetipo: el sol.







El Juicio


Esta carta es un llamado a la reflexión, a hacer un balance de nuestra vida e identificar los aspectos que nos impiden la evolución. Representa el fin de una era negativa y un último paso para alcanzar la meta propuesta. Simboliza la sentencia y finalización.

Arquetipo: Evaluación y recompensa.






El Mundo


Mi carta favorita en todo el Tarot. Representa la armonía y estabilidad entre el lado espiritual y el terrenal, la plenitud absoluta. La carta de la victoria sobre todos los dilemas y problemas. Simboliza el cumplimiento. Arquetipo: La satisfacción, la plenitud.

Estos son los arquetipos del tarot con una descripción “sui generis” y adaptada a los imagos junguianos. También existe un tarot de Jung, les dejo la ilustración y no es por fisgona pero lo he visto en amazon, por si se han quedado con ganas de más…
¿No les parece fascinante? He tratado de interiorizar y, al mismo tiempo condensar tantos conceptos que, humildemente, trato de entender y aplicar en mi vida y, que, al tiempo, me resultan del todo asombrosos. Sin perder de vista que todo esto nace de una mente maravillosa y privilegiada, que es Jung y que piensa y siente que somos imágenes, pinturas, esculturas, perfiles, símbolos, figuras, apariencias, colores, texturas, reproducciones, imitaciones, matices, prismas, reflejos, pigmentos, semblantes… que proyectamos a cada instante en nuestros comportamientos. Del caudal de verdad que se halle en todos ellos y del conocimiento de nosotros mismos, nuestra paleta brillará o será opaca y triste.
Les agradezco que me hayan dejado extenderme en este número, que hayan compartido conmigo estas reflexiones; les aseguro que es real, que cada arquetipo cumple una función en nuestras vidas y entenderlos no nos hace más sabios, pero sí más felices.
Les deseo, queridos lectores, que nacieran magos, que crecieran bajo la protección de la estrella, que se dejen llevar por la rueda de la fortuna, que sean sabios como el ermitaño, que conquisten el mundo y que siempre, siempre, decidan con el corazón.









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