La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

martes, 14 de agosto de 2018

Menciones especiales a la participación local al II Certamen de Poesía por la Agricultura



TIEMPO DE ERAS, José Antonio Cascales


Ya es San Juan, ¡las eras van a empezar! cogeremos cerezas y el agua se perderá…



Sol de estío, calor de verano,

siembras doradas para ser segadas o arrancadas,

¡listas para ser trilladas!

Tiempo de eras,

de aire caliente, polvoriento y reseco.

Tiempo de sudores,

sin ducha ni baño en hogares.

Rio fresco, con pilones familiares.

Es tiempo de siega y barcina, para después la trilla.

Animales, niños, mujeres y hombres, disfrutan de la recogida.

Trabajo duro y madrugador,

todos en pie antes que el sol.

Viene el aviento, separar paja de grano

llenar los pajares para animales,

atrojes en algaritones para el grano.

Tardes de calor, noches de bochorno

los niños jugando como en otoño.

Viento de tarde, sacar garbanzos, habas y legumbres.

La noche serena, centeno, trigo y cebada,

con máquinas de manivela y motores “Campeón”.

Es tiempo de eras,

nubes de verano alteran el horizonte,

recoge parvas que no se moje la mies,

todo pasajero, solo un traspiés.

Con los atrojes llenos, un año por delante vendrá,

pero si están vacíos, ¡volveremos a empeñar!

Vida con muchas fatigas, trabajo y entrega,

es la labor de un jornalero, con mucha raspa y poco trigo.

Se acabó el verano y con el la trilla

las lluvias de agosto ¡limpian las eras de polvo!


ESTÍO, Rafael Bailón Ruiz



Canción para tallos esbeltos
cristalina escarcha derrama:
sábana que responde a la luna, 
con olor a menta, romero y albahaca.

Silencio del campo verde
nostálgico busca  el comienzo:
la raíz, la mecha, la savia. 

Vespertino lucero, ritual comienza
regando los campos sin tregua:
tango quebrado que abraza
erotismo de deseo y esperanza.

Empapado en sudor, 
calma con agua su sed
el sabio  y extenuado labriego,
ceñido a las leyes de la tierra...

Disfruta del "carpe diem"
mientras , escondidos, silban
en  ramas de vetusto árbol
alegres  y hermosos pájaros.

TIERRA, Isabel Pérez Aranda



Me resisto a pensar que me habéis abandonado

aguardo confiada a que tornéis

a sentir las estaciones,

a culminar simientes y cosechas

a completar historias no vividas,

a sostenerte madre entre las manos

hacia un despertar de aguas virginales,

para asirme a la hierba y ascender al cielo,

conjurar a los astros y comenzar de nuevo.



Conozco bien las manos que me siembran,

surca el arado sus callos ajados,

su tacto con mi cuerpo ya es memoria e instinto,

que me asienta y eleva como inmenso cauce

y alimenta cada diminuto ser que me habita.



Y os ofrezco las semillas olvidadas de la tierra

los matices infinitos de aguas primitivas,

que cautivan con aromas de memorias terrenales,

de arcillas rojas y sal de mares,                

doy placer y alivio a millones de bocas,

y respiro los dominios a golpe del brisa fértil

esperando que el cielo proveerá saciar……..



A cambio dejáis una tierra que emana desaliento

sembrados vacíos en yermos huertos.



¿Y aún así os sorprenden mis quejidos?



Es por eso que a veces las heridas me sublevan,

y revierto mi amor en caos,

y acelero los vientos y vuelco los mares,

que hacen lloran cielos y volcanes,

y nuevamente amaina mi furia y vuelvo a creer 

que el sudor y el esfuerzo fecundaran mi sed.





HUESOS DE SANTO, José Manuel Raya Medina.



                                   “El almendro me pide a gritos que salve mi alma”.

Ella se fue con ellos, el día de Todos Los Santos,

Y los Difuntos colorean las estaciones de luz

Que provocan emanaciones de agua salada de mis ojos. 

Una Santa Espina de Agriento

Trajo el Obispo Juan de Orozco y Covarrubias.

Para comenzar del gallinero has de buscar

Dispersos en el corral,  los huevos

¡muy importante! ,

100 gramos de mazapán has de echar

Al perol de cobre.

De la garganta de San Jorge otro más pequeño

 se trajo en un sobre, su excelencia reverendísima.

Añadir 250 gramos de almendra molida

De los llanos del Marquesado bien machacada y removida.

Su compañero el Rvrdo Obispo Sr. Don Juan Fonseca y Guzmán

En 1575, ó más tarde

Recuperó del Varón Apostólico

San Torcuato, el primer Obispo de toda la Europa Occidental,

Y en una primera embajada algo ajetreada,

Varios Huesos del Santo,  

Aquél a quién 

Una mujer llamada Luparia lo escuchó en la Accitania

Lo protegió y bautizar con gran parafernalia Ella se dejó,  

Su corazón romano, Santo quedó

En Celanova estaban los Huesos

Muy bien enterrados bajo tierra,

Santa Tierra, tierra fértil llena de milagros,

Varias reliquias, trajeron,  pues no le dieron todo el santo

En Face Retama faltaban sus huesos hacía varios siglos

Que quien allí había era un morisco santo

Que muy bien lo sabía Bernardino De Benavides Mensafies

Del chivatazo de unos y otros

El proceso le colgó el hábito y corcel perpetuo

Y seis años de galeras nadie le quitó,

Por decir lo que era inmemorial

Una verdad como un templo.

Agua, ralladura de limón

Y azúcar glass para trabar la masa

Un padre nuestro y dos Ave Marías

Para la crema de yema, cuatro yemas

Y tres Credos sin fallar ninguna creencia

Pues esa es la gracia de la ciencia

Que esto otro, sólo es cosa de conciencia. 

De la cabeza, la mandíbula se trajo,

De las extremidades superiores, su brazo santo

Y el calcáneo que lo desplazó desde Jerusalén a Roma

Atravesando el Mar Nuestro, campos de cereales, olivares y viñedos

Y desde allí a Hispania con otros santos varones

Y en sus hatillos, melocotones.

Éste de las extremidades inferiores aunque superiores

Tanto estadio recorrido del Amor a un mundo dividido, habló

Donde encontró almas que lo escucharon

Gentes que lo abuchearon

Y soldados que lo asesinaron.

Sólo en ocasiones especiales  y en bandeja de plata

Los has de poner con una gota de aguardiente

Y si sobran los repartes entre la gente

Que ellos sabrán lo que tienen que hacer. 



POEMO POR UNA ROSA, José M. Molas





Poemo por una rosa, poemo por un clavel,

poemo por las flores, y por las que nos dan de comer

poemo por un guisante, poemo por un parral.

Alegría me traen las habas, los tomates también,

los ajos que no falten, en mi huerta hay de to.

Las patatas crecen bien, cuanta más agua mejor,

 calabazas y pimientos, cebolletas y perejil.

Los rabanitos van de prisa, otros tardan más.

En la huerta no hay quien pare, esto es un sinfín.

Tarea hay para todos, pero faltan manos por aquí.

Los jóvenes se van  lejos a buscar su porvenir,

abandonan la tierra que los vio crecer,

no saben aun, no han descubierto

 que es aquí, donde tendrán que volver.

La tierra es nuestra cuna, nuestra mejor escuela.

De ella podemos aprender, a ella debemos volver.

Dejemos de pisar tanto asfalto, dejemos la ciudad atrás,

cuidemos de la tierra, y a nuestros hermanos también.

Cuánto me falta por saber, cada día un nuevo amanecer.

Ven, no te quedes a mirar, ven conmigo a probar.

De las plantas venimos y más allá iremos,

cuando la hora llegue, cuando la hora sea de partir,

al fin.




lunes, 13 de agosto de 2018

SEDIENTOS TRIGALES, Alberto Luis Collantes Núñez (2º premio del "II Certamen de Poesía por la agricultura)





Con estiércol de res la roja arcilla

amamanta sus ávidos terrones,

que chupan de las bostas los pezones

para dar de comer a la semilla.



Surcan la tierra igual que una cuchilla

oxidados arados y azadones,

y en los heridos surcos los peones

siembran y siegan antes de la trilla.



La tierra es sólo trigo y alimento,

y al cielo mira siempre con recelo

quién obtiene del campo su sustento.



Las rapaces observan en su vuelo

los trigales de un campo, tan sediento,

que sólo se ve amarillo desde el cielo.

ALABRANZA, de Juan F. Pelayo ( 1º premio del II Certamen "Poesía por la agricultura")


  



Cuando muchos se marchen y todo se marchite

éste bancal quedará barbecho y desdichado,

estrecho de hierba baja, seco y encharcado,

cañaveral de enhiestos dedos buscando agua.



No habrá más mística que la aceituna molida

ni otra contradicción que la tierra desterrada

de su laborioso final y su génesis ultima,

óbito de muerte tras inmortalidad ganada.



El campo es una niño que llora mientra siega

la mies esparcida en gavillas de oro y viento

y el maíz macilento en macetas de barro a mano

moldeado a semejanza de la carne del humano.



Si tengo que esperar a que el campo desespere

si tengo que esperar que lo verde se marchite

seguiré sembrando en un océano de lodo

para que la tierra continúe su labor de envite.



El labrador, pobre e innecesario ya,

hollará la raíz cetrina y pura del subsuelo

para dejar enterrado al cabo, una papa,

esa simiente que de un tiempo en adelante

será escaso fruto de mortal labranza.