La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

martes, 25 de julio de 2017

EL ARCHIVO HISTORICO DE LA COCINA PARA POBRES “EL NUEVO ARTE DE COCINA, SACADO DE LA ESCUELA DE LA EXPERIENCIA ECONÓMICA”, por PACO FUNES.


Archivo Histórico de la Diócesis de Guadix



El Archivo Histórico de la Diócesis de Guadix, atesora entre sus joyas, un libro de cocina peculiar por su antigüedad 1745, por su autor un fraile de la orden Franciscana de la Regular Observancia, y por ser uno de los primeros recetarios (si no el primero) que obtuvo un gran éxito entre las clases más desfavorecidas, a quien iba dirigido, y también entre los más pudientes, en quienes no había pensado su autor pero que, gracias al Cocinero Real, Francisco Ardit, fue dado a conocer. Por otro lado, este recetario estaba también pensado para sus hermanos de congregación o cualquier otra persona que, al igual que Fray Raimundo Gómez, recién entrado en la Orden, hubiera sido nombrado cocinero de convento o casa religiosa sin tener ninguna idea del arte de la cocina, como le ocurrió a él. Así es como este fraile aragonés, nacido a finales del siglo XVII, comenzó su contacto con la cocina.

Juan de Altamiras, es el pseudónimo de este religioso franciscano de la Regular Observancia, llamado Fray Raimundo Gómez. Fray Raimundo Gómez, nació en los últimos años del siglo XVII en la villa de La Almunia de doña Godina y murió en Zaragoza en torno a 1769. Entre los diferentes conventos en los que estuvo de cocinero destaca su presencia al frente del Servicio de la Cocina del Colegio San Diego de Zaragoza. La aceptación de su obra Nuevo Arte de Cocina fue tanta que se convirtió en uno de los libros de cocina más editados del siglo XVIII, e incluso del XIX, pues durante esos dos siglos llegó a ser la obra con más influencia desde el punto de vista culinario.

EL NUEVO ARTE DE COCINA, SACADO DE LA ESCUELA DE LA EXPERIENCIA ECONÓMICA”, se fragua en los fogones de los diversos conventos en los que Fray Raimundo había ejercido su labor, y nace con un objetivo muy claro, que los pobres pudieran comer bien por muy poco dinero; pues el entorno en el que se encontraba era el de una pobreza extrema. En España en esos tiempos la ausencia del concepto de Estado del Bienestar, la falta del reconocimiento de los derechos sociales y, por lo tanto de su garantía, dejaba a su suerte a muchos españoles y españolas que podían quedarse sin trabajo, enfermar gravemente, sufrir accidentes de trabajo, o llegar a una edad en la que ya no se puede trabajar. Muchas personas con trabajo vivían en situaciones muy calamitosas. Un gran número de los españoles eran marginados, siendo denominados “pobres naturales”, “pobres de solemnidad” y mendigos. Otro amplio grupo era el conocido como el de los “vagos”, “vagabundos” o “maleantes”, por lo que Fray Raimundo, buscó la forma de que estas clases pudieran disponer de un plato que les alimentara y aportara los nutrientes básicos con el mínimo esfuerzo económico; y, además, que fuera un manjar; así es como nace su libro en el que resalta lo de “sacado de la escuela de la experiencia económica” es decir, de hacer malabares para la escasa economía que manejaba la España de esos tiempos y, a ser posible, disfrutar del paladar.

El propio Fray Raimundo “Juan de Altamiras” dice textualmente:  

En el mismo instante en que forzado de mi obediencia me hallé en el empleo de la cocina, sin director que me enseñara lo necesario para el cumplimiento de mi oficio, determiné, cuando bien instruido, escribir un pequeño resumen ó cartilla de cocina; para que los recien profesos, que del noviciado no salen bastante diestros, encuentren en él, sin el rubor de preguntar que acuse su ignorancia, cuento pueda ocurrirles en su oficina.
A este fin he consultado á mis amigos de bastante esperiencia en el asunto que trato, he leído libros y manuscritos en la materia: y la aplicacion y ejercicio, me ha dado luz para esta pequeña obra, que quisiera fuese de alguna utilidad al bien comun, y mas principalmente à gente de economía: porque siendo preciso y necesario el gasto, con que la vida humana se ha de mantener, como es justo teniendo presente esta cartilla, no se despreciará cosa alguna; pues lo calamitoso de los tiempos no permite desperdicios; á mas de que en los pobres de Jesucristo es mas culpahle cualquiera gasto superfluo.

En 1745, cuando fue impreso por primera vez el “Nuevo Arte de la Cocina”, hubo de tener diversas aprobaciones, una de ellas, la que sigue textualmente a continuación, es la de Francisco Ardit, Cocinero Jefe de la Casa Real, por aquel entonces el monarca era Felipe V.

Francisco Ardit dice:
“he reconocido el Libro intitulado: Nuevo Arte de Cocina, sacado de la Escuela de la experiencia economíca, escrito por Juan Altamiras,
y confieso, que ha elegido el Autor el mas proprio modo de escrivir á la moda, pues ya hemos llegado à un tiempo, que solo se vive para comer; asi me ha declarado esta verdad los muchos años hace , que voy tostandome entre las Cocinas mas fuertes de esta Corte, siempre inquieto, y desvelado para inventar nuevos platos, en que saborearse el delicado gusto de mis Amos; y protesto, que por mas que contentarles he procurado, nunca del todo pude conseguirlo: Aqui hallaràn los de mi profesion el mas estraño conjunto, que pudiere ofrecerse à la comun utilidad, ya para desempeño de su oficio, como para saciar los apetitos de tantos, como vemos, que procuran la explendidez de sus mesas, con la simetría de abundantes, y exquisitos manjares, para lucimiento de su grandeza. De todo quanto escrive el Autor, ha hecho de ello la prueba, y yo no hallo cosa, que se oponga á la salud de quantos ( on ella ) quisieren comerlo; ni á la menor regalía de su Magestad, pues todo se encamina á contentar el gusto, sin mucho gasto, para lo que es digno de la impresion. Asi lo siento. Madrid, y Julio 4 de 1745.

Francisco Ardit.

        En el Archivo Diocesano se encuentra una magnífica edición de “EL NUEVO ARTE DE COCINA, SACADO DE LA ESCUELA DE LA EXPERIENCIA ECONÓMICA” de Juan de Altamiras, del que os acompaño una receta que espero alguien ponga en práctica e informe de su resultado.

Queda transcrita textualmente:

Cuadro de texto: Calabazas rellenas.
Escogerá; las calabazas del tamaño, las corlarás del cabo y coro a un dedo:
luego tomarás media caña que no tenga nudos, que esté á modo de las barrenas que tienen los carreteros ó cuveros , y taladrarás las calabazas de una á otra parte quitándoles el corazon, en cuyo hueco pondrás de la carne picada con los requisitos dichos en las almóndigas del carnero, reillenando las calabazas, y despues las pondrás en una cazuela; échalas el caIdo de los huesos. Ponlas á cocer por espacio de dos horas; la pasta y huevos las Comprime para que no se deshagan: cuando estén cocidas, échalas la salsa de avellanas tostadas con un tostón de pan remojado, huevos у especias, desatándolo todo en el mismo caldo; dará un par de hervores, moviendo de ruando en cuando la vasija no se socarren: así lo podrás servir.



viernes, 21 de julio de 2017

I CERTAMEN LITERARIO "POESÍA POR LA AGRICULTURA” (España)



Género:  Poesía


Abierto a:  escritores nacidos o residentes en España


Entidad convocante: Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte “La oruga azul” y Asociación CO-MARCA GUADIX NATURAL.


País de la entidad convocante: España



Fecha de cierre:    15 de Septiembre de 2017



BASES


 La Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte “La oruga azul” en colaboración con LA Asociación CO-MARCA GUADIX NATURAL con la finalidad de promover la creatividad literaria y apoyar los productos de nuestra tierra. Convoca el I Certamen literario y artístico “Poesía por la agricultura".

1. Podrán participar en este certamen todos los escritores que hayan nacido o residan en España.
www.escritores.org
2. Los trabajos literarios tendrán una extensión máxima de 30 versos, en letra tamaño 12, Arial, originales, rigurosamente inéditos y no presentados a otros certámenes.  El tema de las obras será la agricultura y su ambiente, se enviarán al correo:
 laorugazul2013@gmail.com.

3. El plazo de presentación comienza el 15 de  julio y finaliza el 15 de septiembre de 2017.



4. Un jurado compuesto por personas relacionadas con la literatura y la agricultura valorará los trabajos.

5. De todos los trabajos presentados, se seleccionarán 20 que a criterio del jurado tengan mayor calidad, entre los que se escogerán los ganadores. Los 20 mejores trabajos literarios, serán publicados en el blog de “La Oruga Azul”


6. Premios: Se establecen dos premios, un ganador y un accésit.


• 1 Premio: recibirá un lote de productos y un lote de libros.
• 2º premio:un lote de productos.


El fallo del jurado se dará a conocer el día 29 de septiembre en un acto público organizado por ambas asociaciones convocantes.

lunes, 17 de julio de 2017

ABSOLEM (Revista electrónica), Núm. 46, 15 de julio de 2017 "Celebración".



Revista ABSOLEM, editada en Guadix (GRANADA) por la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul", 
laorugazul2013@gmail.com
ISSN: 2340-8634





SUMARIO



PORTADA (diseño), revista ABSOLEM.



ARTISTA ANFITRIÓN: 





VÍDEO: 





ARTÍCULOS: 






OPINIÓN: 





RELATOS: 










POEMAS: 











La soledad del prevencionista, por EDUARDO MORENO ALARCÓN.



            Estaba allí plantado, en el sótano de un fértil Mercadona. Improvisada alacena, una oquedad en el forjado albergaba un transistor. La radio escupía voces cual disparos en el frente laboral. Monologaban dos locutores con una alegría impropia, fingida, beoda.
            De pronto, escombros y polvo. Un portazo.
            —¡Puta puerta!
            Nuevo portazo.
            —¡Me cagüen su puta madre!
            Las ocho y treinta y cuatro.
            —¿La acometida de la izquierda o la de la derecha? —se oyó desde arriba, en el hueco del ascensor.
            Ahora cantaba Loquillo, su timbre chulesco y rasgado.
            Ruido. La sierra circular contra el ladrillo, royéndolo, tajando el adoquín en dos mitades desiguales. La radio. La sierra. La música estridente. Los dientes de metal. Protección auditiva obligatoria: sin señalizar.
            Y allí seguía él. Contemplándolo todo. Mirando y apuntando mientras otros trabajaban a destajo sin matarse. Cada uno a lo suyo. Como la vida misma.
            Las 8:47. Ahora berreaban unos australianos. Parecía hienas.
            Entre tanto, él tomaba notas absurdas para una lista de chequeo. Solo. Silencioso. Protegido por un casco y los tapones auditivos. Ya estaba acostumbrado. «Mejor así».
            —¡Las nueve y doce minutos! —Bramó el altavoz.
            Ya faltaba menos para el desayuno, esa tregua afable y deseada. Tan grata como agua de mayo. Receso en solitario, como casi siempre: acompañado de un café con leche y una tostada con tomate y aceite precintado. Higiene: OK.
            A través de los tapones, amortiguado, sonaba un estruendo infernal. Las radiales hacían coros a canciones insufribles. Al fondo, en el parking, una carretilla elevadora puso la guinda con pitidos alarmados. Señal acústica: OK.
            De cuando en cuando entraba algún trabajador del súper, en dirección a los vestuarios, tomados por el polvo algodonoso del escombro. Muy pronto los aseos serían ruinas de paveses. Aquello semejaba las aceifas de Almanzor.
            Y, de pronto, cuando menos lo esperaba, cuando toda su esperanza zozobraba, entró un albañil por la puerta. Cincuentón, bigotudo y cargado de espaldas. Sonrió cortésmente y, mirando al prevencionista a los ojos, saludó con tono amable:
            —Buenos días.

            Todo un triunfo a celebrar.

Regalos de reyes en fin de año, por CARLOS LAS HERAS YUBERO



Ya por pereza, por edad, por desilusión o por desconfiar en la magia, nada pido, (al menos de viva voz) a los Reyes Magos, pero aun así, fui agasajado con un magnífico regalo:
Me llamaron entre risas y cava, cada burbuja que tomé quería salir por la nariz y volver a la mar cercana; me salí a la terraza a llamarme a mí mismo al móvil, para ver si estaba, pero... no, no me hallaba.
Oía petardos y cohetes que encendían las nubes para que se alejaran y no taparan el sol de la mañana que yo tanto necesitaba.

Gritos de alegría en la casa y yo intentando llamarme en la terraza, para felicitarme por tener el enorme privilegio de estar allí, justo donde en ese momento pisaba, por tener la suerte de darme cuenta que oyendo la algarabía, los cohetes y las olas, todo a la vez, era un fin de año soñado.

Noté que por fin mi móvil daba señal, de que alguien se ponía al otro lado y al pegar la oreja me escuché decir:
- Los Magos recibieron tu carta, no la has escrito pero la anhelabas escribir; son muchas  las cartas que no has escrito aunque en el cielo han quedado grabadas, así que recogieron tu carta y la de otras tantas personas y para ahorrar gastos de envío y evitar colas de correos, para evitar paquetes inútiles y todos esos líos, se le ocurrió a Gaspar (que significa Guardián del tesoro) hacer un paquete comunal y juntaros a todos vosotros aquí, donde ahora te escuchas y te hablas.

Así pues, reunieron vuestras necesidades, esperanzas y ganas, y os abrieron las oportunidades de recoger vuestro regalo, porque sois regalo de los demás, y los demás vuestro.
Has de saber que todos respondéis a los sueños de los cercanos; nosotros sólo hemos dejado hueco en vuestro tiempo para regalar vuestra presencia a los demás y que estos regalen con la suya; ahora os toca sentirlo y disfrutarlo.

Sin poder añadir una palabra, sin poder parpadear ni una sola vez, se cortó el teléfono; unos instantes de incredulidad, de volver a la realidad, y alguien pasó a la terraza donde yo estaba y me dijo:
-  no hay forma de llamar, están las líneas saturadas.
Yo le sonreí y le dije:

-  depende de con quien quieras hablar, depende desde donde te llegue la llamada. 

La sonrisa, por BEATRIZ SANZ ALONSO



Cuando éramos niños nos conocíamos sólo de vista. Nos veíamos de vez en cuando en el pueblo, en verano, pero nunca hablábamos. Recuerdo una mañana de sol, apoyada sobre la fachada de la casa de mi abuela, mientras bocetaba con mis lápices de colores, recién sacados la punta, que le vi pasar muy sonriente, alegre y despreocupado. Tendríamos los diez u once años. Y con cierta timidez, alzando con discreción la vista de mi bloc de dibujo, para que no me viera, sonreí al verle así de alegre; me hizo gracia su desparpajo.
Hace un par de años, ya rozando los cuarenta, coincidimos de nuevo allí, en el pueblo. Una cena improvisada en la era; nos habíamos juntado cinco personas, fue un día glorioso en el que hicimos un guiño a nuestros abuelos, destilando unos manojos de espliego. Entre los torreznos que nunca faltan por estas tierras y el buen vino, preparamos una barbacoa al llegar la noche, y mientras andábamos de entrañable parloteo, apareció él, entre la oscuridad. Gestos de palmadas, besos y abrazos de reencuentro. Sonreí, y en esta ocasión, a pesar del tiempo congelado, casi de inmediato comenzamos a hablar, a saber qué había hecho la vida de nosotros o qué habíamos hecho nosotros con ella, en qué nos habíamos transformado, quiénes éramos… y lo que puedo ahora decir, pasado un año, se me antoja contarlo como si fuera un cuento:

Nicolás tiene los ojos de caramelo, pero como es de suponer, no se pueden chupar ni saborearlos, así que me conformo con admirarlos pues su color invita a ello. Cuando me fijo bien y los observo, me doy cuenta de que, aunque no te los puedes llevar a la boca, son tan dulces que casi, casi, puedo apreciar el sabor de su mirada y al cerrar los ojos, sin querer, sonrío.
Tiene una voz que encandila, pero a veces le puede el temor y la vergüenza, y como no quiere llamar la atención, esconde todas esas cosas bonitas que desea decir su alma.
A Nicolás le gusta reír y contar, y cuenta con mucha gracia y frescura. Es fácil quedarte con la boca abierta cuando escuchas esas historias sencillas y divertidas que hace de las experiencias cotidianas de la vida.  Pues Nicolás afirma, que al igual que el silencio le da sentido a la música, las palabras le dan sentido a nuestras emociones y a nuestras historias, dibujando puentes de comunicación.
Está redondito y eso a él le acompleja, y yo le digo que lo redondo también es bello, y que cuando dejas salir todo eso que sabes y que nace sólo de ti, las redondeces se estiran.
A Nicolás le pirra el buen comer y el buen beber, no por chico fino sino por placer.
Y es que, un buen catador va aprendiendo a disfrutar de todo cuanto le gusta, y ¡bien que uno hace! De entre los placeres de la vida también están todas esas buenas costumbres que dan alegría al cuerpo; quizás lo difícil, y éste es el arte, es permitírselas.
A veces le pierde la impaciencia, se enfada como un niño, se cabrea y dice bajito ¡me cagüen to!, pero cuando se llena de ánimo y confianza, le vuelve a salir la sonrisa, esa sonrisa que suena dulce y bonita porque le sale de dentro, y a mí me gusta verle sonreír porque sus ojos chisporrotean y se vuelven golosina.
A Nicolás cuando era niño se le abrió una herida en el corazón, porque echó en falta el amor. Tiempo ha pasado hasta que ha cicatrizado y yo le recuerdo que detrás de esa experiencia hay un gran regalo: la ternura y el amor ya los tiene dentro. Sus ojos de caramelo se lo recuerdan, ojos verdes que evocan la esperanza, de mirada entrañable, que ven desde ese tierno corazón y sienten el amor libre. Ojos que Ven y Escuchan… y una voz para contar.

Este breve relato así se lo leí el otro día que nos volvimos a ver, en la urbe, mientras conversábamos un vino, y le hizo tanta gracia que de nuevo vi en él esa alegría que de niños expresaba de forma tan espontánea y sincera.

Y es que esta alegría a ratos se esconde, va y viene, viene y va; pero advierto su insistencia, quiere asomarse por cualquier esquina o recodo de nuestra cotidianeidad, deseando hacerse hueco sin ruido, levantando la mano una y otra vez, porque la alegría quiere venir para quedarse definitivamente. A veces acompañan los miedos, la desesperanza, la desilusión, y todas esas rabietas, enfrentamientos y enfados que gustan tanto de reaparecer en escenarios diversos y que cuestan tanto soltar; a veces incordian para caer en el desánimo y la desconfianza, pero cuando eres astuto y los desatrampas, ves que tan solo son enredos de una película de ficción y hasta te surge la carcajada espontánea de lo ridículo y absurdo.

Arremangados y con los colores que se suben con el buen vino, en esa tarde que apetece dejar que suceda, que uno deja de esconderse y se vuelve ligero, brindamos por el encuentro, por la vida y las sonrisas, ésas que rompen con los esquemas mentales, las que te alejan de los runrunes, te despojan de las nieblas y te alzan ilusionado a esos espacios de la imaginación donde todo es posible y donde ves, con tus mismos ojos, nuevos matices en las luces de los amaneceres y atardeceres; son esos espacios en los que uno se siente feliz porque sí, sin más, y en los que uno sonríe y se sonríe de su propia presencia.

¡Ah…! ¡Los olores…! Es curioso que cuando hablo con Nicolás al final siempre sale el tema de los olores; esos olores atemporales que te hacen parar casi en seco y sentir: los pinos, la tierra mojada, la hierba recién cortada, el pan horneado, el café de la mañana… Los olores rescatan nuestros recuerdos e irremediablemente pienso en mi abuelo, que cuando era chica, con mis cinco años y con sus noventa, me esperaba al salir del colegio bajo un pino muy alto y frondoso, y allí, mientras tomaba al hombro mi cartera para ir de regreso a casa, yo le frenaba el marcharnos, estirándole del bolsillo de su chaqueta de pana gorda, para que estuviéramos un ratito más. Y él, que ya se lo sabía, en su disimulo indagaba asombrado en mi cara de satisfacción, y, un día más, me dejaba que estuviera quieta por unos instantes, como a mí me gustaba, mirando hacia arriba, respirando un color verde intenso bajo el gran paraguas de piñas, para llenarme de ese olor a resina que estaba fuera y, sin querer, se me metía dentro.

Ahora que está cayendo la tarde, Nicolás y yo hacemos sonar las copas para brindar por este color: el color de los bosques, de la naturaleza, de la esperanza… el olor de la vida… el color de la sonrisa… y para mí, añado con la copa en alto y el último sorbo, el color de la sonrisa verde Nicolás.


Cerrado por vacaciones, por GLORIA ACOSTA.

IBAN NAVARRO



   El sol no tiene prisa en el paseo marítimo y la arena cercana transpira el sudor de un día tórrido. Una pareja se ciñe en unísono cuerpo al cobijo del agua y el joven interrumpe su pulsión amorosa para levantar una mano amenazante al errado golpe de pelota de dos imprudentes muchachitos.
  El golpeteo de una copa con un objeto metálico me llama a observar al grupo. Un señor con camisa blanca se levanta y propone un brindis que es aceptado con jolgorio a todas luces arrastrado desde  horas antes, y que empieza a declinar hacia el arremango de puños o apertura de  botones. Entre alzadas y choques de cristales clinclinea el aire festivo y el apurón del trago de la joven del vestido azul que recoge su bolso y deja unas monedas sobre la mesa. Serpentea entre sus acompañantes besando a cada uno con rictus contrito. La mujer de pelo corto que ocupa la esquina, se levanta, la abraza entre sonoros besos y limpia los ojos lacrimosos de la muchacha de azul. Mucha suerte. Ven a visitarnos en septiembre. Manda muchas fotitos al grupo de wasap. Ya se pierde apresurada entre los paseantes sin mirar atrás. Continúa la charla atropellada, los corrillos de a dos y de a tres.
  En soledad, las tardes se desparraman y pierden su forma. Se vuelven amorfas, cambiantes como nubes que se desdibujan al capricho de la brisa. Con disciplina se llega a conseguir entrar en uno mismo y silenciar el barullo exterior. Observar así el pedaleo de un improvisado ciclista o el grupo que se detiene ante el tenderete de pulseras de cuero del joven hippie de ojos claros que consigue arrancar la risa fácil de la chica de las trenzas, se hace liviano, como si todo flotara a cinco centímetros del suelo. Ni siquiera el graznido de las tres gaviotas que rozan el agua deja rastro sonoro. Entrar en uno mismo es una encomienda indefectible cuando la calle se sacude la mansedumbre de las estaciones frías y abruma el sopor del verano. La mirada se agudiza revelando fotogramas encubiertos por el ruido, y se liberan aromas nuevos que solo un sabueso lograría captar.
  Suena un teléfono móvil en la mesa de la izquierda rompiendo la magia. La mujer de pelo castaño y serena belleza lo coge apresurada, se levanta y se aleja del grupo. Mantiene una charla corta, guarda el móvil en el  bolsillo y contempla ajena un horizonte que parece no ver. Hermosa figura tatuada en el mar. Se acerca a la mesa y se sienta cabizbaja. ¿Ya llegó? Está recogiendo las maletas. No sufras, tú también te fuiste a su edad, es lo que le toca.
  El camarero me trae la cuenta. Me alejo al tiempo que el sol. Aún encuentran solaz en la playa los enamorados y los niños de la pelota sudorosa.
  El mando del coche grajea y me acomodo en el habitáculo caldeado. Leo un cartel grande en la puerta de la librería : “Cerrado por vacaciones”.