La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

domingo, 14 de junio de 2015

Duendes y trasgos (pinceladas históricas) (1), por PACO PELEGRINA




                                                           


  1. BUSCANDO EL ORIGEN

            Puede ser que los más jóvenes, piensen que los seres de los que hablamos sean cuestión de las grandes productoras cinematógraficas de dibujos animados, o películas más o menos fantasiosas, que a través de ellas, puede parecer que son los inventores de los seres en cuestión, pero no es así. Como veremos la historia ya se encargó de ellos en detalle.

            Estas breves anotaciones comienzan en el siglo XV, y sobre todo analizando la cuestión en España, se evita lo anterior a esta época aunque constan más que suficientes referencias a la cuestión desde los escritos mitológicos de la antigua Grecia.

            Los duendes, (a veces el pueblo suele hablar de trasgos), ocupan un lugar importante en la folklore mítico de los pueblos, y ya en el siglo XV, Sebastian de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española, publicado en Madrid en 1611, dice:

"Es algún espíritu de los que cayeron con Lucifer, de los quales unos baxaron al profundo, otros quedaron en la región del ayre y algunos en la superficie de la tierra, según comunmente se tiene”
“Estos  suelen dentro de las casa, y en las montañas, y en las cuevas espantar con algunas aparencias, tomando cuerpos fantasticos, y por esta razón se dixeron trasgos."

            Para definir la idea de trasgo o duende recurro al Corripio que en su Diccionario de ideas afines publicado en Barcelona, Herder en su 4ª ed. de 1994 y dentro de la palabra fantasma incluye: entre otras las siguientes definiciones: duende, genio, gnomo, dijinn, elfo, enano, geniecillo, duendecillo, trasgo, espantajo, fantasmón...


            

            El padre jesuita Martin del-Río en su obra Disqvisitionvm magicarun libri sex, publicado en Venecia en 1616, asegura también citando a Covarrubias, y a otros jurisconsultos :

"consideraban a los duendes como demonios, aunque de poca categoría"[2]

            La Espasa, conocida de todos dice así:
           
“Se les considera como seres intermedios entre los espíritus y los hombres, y con poderes sobrenaturales como los que se atribuyen á los hechiceros y á las brujas”.[3]

            Por último y utilizando las palabras de Julio Caro Baroja en la obra citada, y ésta a su vez, aludiendo Iuris Spiritualis practicabilium, libri XV, publicado en Córdoba en 1635 nos dice:

"primero, que los teólogos españoles más eruditos, en los siglos XVI y XVII, creían en la realidad de los duendes como demonios de poca categoría; segundo, que estos duendes, en particular, eran caseros, domésticos; tercero, que armaban en las casas estrépitos gritando, gimiendo o riéndose; cuarto, que se les consideraba como guardadores de tesoros fingidos, que se convertían en carbones cuando pasaban a poder de los hombres; quinto, que ten`´ian semejanzo con ciertos números doméstisos y secundarios de la antigüedad clásica: con los espíritus de los muertos y de los caminos especialmente."[4]

2.                  NOMBRES DE LOS DUENDES

            Las denominaciones de los duendes, trasgos[5] o como se tenga preferencia en utilizar, puede variar, según el lugar geográfico, y según el idioma o dialecto del lugar:
           
"Sobre esto dice Fuentelapeña[6]: "supongo lo tercero, que a estos Duendes, en Castilla les llaman Trasgos, en Cataluña Folletos, que quiere decir, espíritus locos, y en Italia Farfarelli"[7]

“Llamanse los duendes cerca de los latinos genii, larvae, lemures, lares, y cada nombre détos les competía por los diversos conceptos que de ellos tenían.”[8]

“Éstos suelen dentro de las casas y en las montañas y en las cuevas espantar cn algunas aparencias, tomando cuerpos fantásticos; y por esta razón se dixeron trasgos.[9]

3.                  OBRAS DE LOS DUENDES.
           
            Volviendo a la obra del Fray Antonio la Peña, y en cita de Caro Baroja, en cuanto a las obras que realizan los duendes dice:

"Supongo lo quarto, que estos duendes de que hablamos, y que dezimos, se sienten en las casas, nunca hazen mal a nadie, sientese su ruido, sin percibirse de ordinaro el Autor dél, quitan, y ponen platos, juegan a los bolos, tiran chinitas, aficionanse a los niños más que a los grandes, y especialmente se hallan Duendes que se aficionan a los cauallos. En Milán es esto cosa muy sabida, y esperimentada; y vn Capitán me certificó a mí que en solo su compañía auía tres, que cuidauan de tres cauallos, y que el suyo tenían un Duende muy su apassionado, que le hazía las clines, le echaua de comer, y cuidaua mucho de su regalo, y adorno; experimentó, que dexando registrada la ceuada, y bien cerrada la caualleríça, echaua la ceuada menos; el cauallo almohaçado, y clinado, de una forma extrauagante, y poco artificiosa; y que quitándole las clines al cauallo, reconocía, que lo debía de sentir el Duende, y amenaçar al cauallo, como haziendo sentimiento se dexasse quitar el adorno, que  él auía puesto"[10]       

            Además de la cita expuesta, sacamos otras actividades que se citan haber realizado los duendes, a saber: 

"en las casa no viven constantemente, sino que cambian de vivienda" ; "echan piedras por los texados" ; "en las calles sin hacer daño bailan y hacen otros visages, mueven truenos, relámpagos, hazen caer rayos, recias lluvias, granizos y vientos".

            Por último, no todo se achaca a los duendes, sino que por la cita siguiente se deduce que haya otros seres:

"... y que puede servir desde nuestro punto de vista es que, por lo general, las acciones señaladas en último lugar son atribuídas más bien a otras especies de espíritus que a los duendes propiamente dichos"[11]

                                                           


4.                  PROPIEDADES DE LOS DUENDES.

            Como primera propiedad, y otorgándoles su dominio sobre las personas, se dice que:      -Se dejan ver de quien quieren y quando quieren.

            Pero además tienen otras propiedades.:

            -Tienen figura humana, y de acuerdo con la opinión más vulgar, aparecen con hábitos de religiosos.
            -Hablan.
            -Parece ser que no comen, sino que se alimentan de vapores, pero en cambio, si se creía que dormían, puesto que, según el común sentir, se les oía de noche y no de día, "con que deben dormir de día, y velar de noche, quizás, porque con la remisa luz de la noche ven (o ven meor)..."[12]
            -"...se alegran con los niños y no con los grandes, pues aunque estos los han visto algunas vezes, no llos han visto con aquel semblante regocijado, y alegre, con que los suelen ver los niños, según ellos lo refieren"[13]
            -“Si se les hace algún daño son vengativos y crueles y golpean, hacen tropezar y caer al que los ha molestado ó les producen graves enfermedades o la muerte. Roban el ganado, dejando en su lugar otro ilusorio y en ocasiones hacen caminar á los mortales durante la noche, recorriendo largas distancias y hasta siviéndoles de cabalgadura, cuando no los atormentas de diversos modos.”[14]

            Como se puede ver en esta breve síntesis, se podría hacer un libro sobre cualquiera de los cuatro apartados, que en ella expongo, pero sería demasiado extenso y hasta puede ser que aburrido.

            En los siglos siguientes (del inicio que yo cito del siglo XV), hasta el siglo XIX se escribió en muchas obras literarias sobre los duendes. Desde Lope de Vega, Tirso,  Calderón, y otros muchos autores de orden menor, hablaron de ellos.

            Como colofón os dejo unos versos de la obra Las travesuras de don Luis Coello, atribuidas a Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán, creo que de 1765.
                                  
                                               Había un duende en una casa;
                                               y una y otra travesura
                                               no pudiéndole sufrir,
                                               el vecino, con cordura,
                                               trató de murdarse; y cuando
                                               los trastos los arrebuja,
                                               los suyos juntando el duende
                                               fuéronse a mudar; / y en suma,
                                               viéndolo el vecino, dijo:
                                               ¿Dónde vas? -¿En esto hay duda?
                                               Respondió el duende. Me mudo
                                               con él, si no se disgusta.
                                               -Pues si conmigo has de irte,
                                               dijo el vecino con mucha
                                               paciencia, quédomo en casa,
                                               si adonde me voy me buscas.


           
           





[1]    Para la redacción de este escrito utilizo principalmente la obra de : CARO BAROJA, Julio. Algunos mitos españoles y otros ensayos. 2.ª ed. Madrid. Editora Nacional, 1944 p. 145-182
[2]    CARO BAROJA, op. cit. p. 147
[3]    ENCICLOPEDIA UNIVERSAL ILUSTRADA EUROPEO-AMERICANA.Barcelona. Hijos de J. Espasa, Editores. (S.a.). Tomo XVIII, Segunda parte.
[4]    CARO BAROJA, op. cit. p. 146-147
[5]    ENCICLOPEDIA UNIVERSAL ILUSTRADA. Ob. Cit., define así a trasgos: “como el port. trasgo y en el ital. strega, del lat. striga, bruja)
[6]    LA PEÑA, Antonio. El ente dilucidado. Discurso único novissimo que muestra ay en naturaleza Animales irracionales invisibles y quales sean... Madrid, 1676
[7]    CARO BAROJA, op. cit. p. 149-150
[8]     COVARRUBIAS, Sebastián de. Tesoro de la Lengua Castellana o Española, según la impresión de 1611, con las adiciones de Benito Remigio Noydens publicadas en la de 1674.. Edición reparada por Martín de Riquer. Barcelona. S.A. Horta, 1943. p. 487
[9]    COVARRUBIAS, Sebastián de. ob. cit. p. 487
[10]  LA PEÑA, Antonio. op. cit. p.143
[11]  CARO BAROJA, Julio. op. cit. p. 152
[12]  CARO BAROJA, Julio. op. cit. p. 152
[13]   CARO BAROJA, Julio. op. cit. p. 152
[14]  ENCICLOPEDIA UNIVERSAL ILUTRADA, ob. cit. Tomo XVIII, segunda parte. p. 2373

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