La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

martes, 14 de junio de 2016

JUVENAL SOTO (Poeta)



Hace casi seis décadas yo era un niño de cinco años conducido cada día por su padre a un caserón poblado por seres tristes, siempre vestidos de negro. También cinco años hubieron de pasar hasta que mi padre me trasladara de colegio: otro caserón, más grande y tétrico que el anterior, en el que más seres vestidos de negro me hablaban de Dios y de Julio César, de Viriato y del caudillo de entonces, de ríos prodigiosos que desembocaban en las marismas del sur de España y de malos españoles que quemaron la imagen de un niño extranjero llamado Estanislao de Koska.
La bandera de lo que ellos me dijeron que era mi patria tenía, por entonces, un pájaro aterrador en mitad del amarillo al que aquellos hombres de negro se referían llamándolo "gualda". Mucho tiempo después, ya casi a punto de abandonar la facultad de Derecho, supe que ese niño que pasó su bachillerato entre Maristas y Jesuitas tenía otra patria más y otra bandera nueva, verde, blanca y verde. Esta vez, la figura de Hércules y las de dos leones amenazantes manchaban el blanco entre verdes del trapo de mi patria recién estrenada. Sin embargo, para esa fecha ya sabía yo que mi patria eran las palabras.
Alguien me insiste desde la memoria: "La verdadera patria del hombre es la infancia". Pero yo recuerdo a un niño que, de la mano de su padre, todas las mañanas recorría el camino de la tristeza hasta llegar al caserón desolado de los seres vestidos de negro. Allí me aguardaban otros niños que tampoco podían gritar, ni reír ni ser felices, y un hombre clavado en dos palos con forma de cruz me obligaba a contarle cosas a un padre nuestro que no era mi padre, el que me había dejado, un par de horas antes, en mi destino de niño de colegio de curas. Mi patria era entonces mi casa, la merienda de hijo único en un jardín de Pedregalejo, mi perra Gina, cuatro amigos que todavía recuerdo.
Cuando estudié derecho constitucional, quienes se empeñaban en que mi patria tenía una bandera roja, gualda y roja, se oponían a que una constitución diese alguna validez a ese trapo bicolor. Un Fuero de los Españoles era la infamia que debíamos aprender los estudiantes de una disciplina que situaba en las constituciones la legalidad de los países del mundo "civilizado". Ya con la certeza de que mi patria ni era mi infancia con los curas ni aquel carajo del Fuero, me hablaron de la nación andaluza, de una patria llamada Andalucía que precisaba un estatuto para ser tal. No una constitución, tampoco un fuero; esta vez sería un estatuto el papel con el que se dignificaba mi patria.
Ahora, hoy mismo, algunos libros de versos escritos por mí me dicen que las palabras son mi única patria, porque las mujeres y los hombres que leen esos libros me contestan desde América y desde Logroño, desde aquí y desde allá, contándome que me entienden, que comparten conmigo algunas soledades y algunos desaciertos. Sin bandera ni constitución, día a día, año tras año, las palabras construyen mi patria.
Juvenal Soto.


RESEÑA

Juvenal Soto (Málaga, 1954) ha publicado los libros de poesía: Ovidia (Madrid, 1976), Ephímera (Málaga, 1983), El hermoso corsario (Antología poética 1972-1986) (Málaga, 1986), Fama de la ceniza (Madrid, 1997), Paseo marítimo (Madrid, 2002), Las horas perdidas (Madrid, 2002), El cielo de septiembre (Córdoba, 2008) y Compañeros de viaje (Málaga, 2009).
También es autor de varios cuadernos y plaquettes: Una enorme cúpula de cristal (Málaga, 1972), Homenaje (Málaga, 1986), Ceniza de la fama (Málaga, 1994), Cuaderno de Bilmore (Málaga, 2001), Dioses de ahí abajo (Málaga, 2003), Voces, dioses, cabras (Cádiz, 2004), Un sueño en Reading (6 sonetos) (Madrid, 2007).
Ha expuesto sus fotografías y poemas en España, Argentina y EE.UU.
Parte de su obra poética ha sido traducida al rumano, francés, inglés, alemán e italiano.


Como crítico literario, ha publicado numerosos artículos y reseñas sobre obras de autores españoles y extranjeros en diferentes diarios y revistas especializadas. En esta disciplina es autor de tres estudios publicados en volumen: “La poesía española durante el franquismo”. Revista Litoral. Málaga, 1976. “¡Bebed agua del Niágara!”, estudio introductorio a Seis poemas inéditos de José María Hinojosa (Ediciones del Centro Cultural de la Generación del 27. Málaga, 1988). Antología de la joven poesía andaluza. En colaboración con Álvaro Salvador y Antonio Jiménez Millán. Revista Litoral. Málaga, 1983. De 1989 a 1991 presentó y coordinó el programa de la Primera cadena de TVE Entre líneas, dedicado exclusivamente al análisis y debate de la Literatura contemporánea europea.

Como columnista de opinión ha colaborado con secciones fijas en diferentes diarios y revistas (Diario 16, El País, El Mundo, Cambio 16, Sol de España, Sur y La Opinión de Málaga) y publicado una recopilación de estos artículos con el título de ¡Que les den candela! (Málaga, 2003).

Ha impartido cursos de literatura española en la Universidad de Málaga, Universidad de Milán (Italia), Dickinson College (Pensilvania, EE.UU.), Lebanon Valley College (Pensilvania, EE.UU.) y Hollins University (Virginia, EE.UU.)

Ibiza en octubre



                                              
                            Es octubre en Ibiza el caramelo
                            de una tarde con mar y con gaviotas,
                            corazones que pasan por el cielo
                            del otoño que lame sus derrotas.

                            Como rompe la vida en desconsuelo,
                            las playas del verano ya están rotas;
                            y esta mar de la tarde abriga el vuelo
                            de otras islas soñadas y remotas.

                            Reposa del amor la selva en calma,
                            en sus inviernos duerme la memoria,
                            cruzándola de besos va la palma

                            de mi mano, aquel resto de la gloria
                            de pasar de puntillas por el alma
                            y ser joven. Pero esa es otra historia.

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