La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

martes, 14 de junio de 2016

Mar virtual, por GLORIA ACOSTA.




Por aquel entonces, mares y océanos fueron desapareciendo.
  Al principio, ocurrió de la noche a la mañana. La sorpresa, como corresponde a su naturaleza, solo se produjo esa primera vez.
  La capa epipelágica se esfumó dejando a la vista la mesopelágica. Fauna y vegetación se  adaptaron para sobrevivir  a doscientos metros más de profundidad. Muchos lo lograron a pesar de la escasa luz solar y la baja temperatura del agua. Otros, como los peces azules, amantes de  aguas agitadas, desaparecieron. Científicos de todo el planeta se reunieron para estudiar la situación. Líderes políticos convocaron cumbres de urgencia tratando de tranquilizar a la población. Mediterranean Shipping Company, Cosco Shopping, o Maersk Line, amarraron sus flotas en espera de soluciones, mientras las pequeñas navieras terminaron agonizando en dique seco. El Harmony of the Seas de la Royal Caribbean, o el Seven Seas Explorer de la Regent Seven Seas Cruises, cancelaron las reservas vacacionales a sus cruceristas que terminaron colapsando las compañías aéreas, desbordadas por la demanda, aunque recompensadas en sus dividendos.
  Como venía sucediendo desde el albor de los tiempos, la vida se ajustó al  nuevo orden y recobró su pulso. Los barcos se adaptaron para surcar nuevas aguas, los pesqueros faenaban con dificultad capturando animales desconocidos hasta entonces, que solo eran degustados en mesas opulentas, y los bañistas  disfrutaban cada vez menos de un mar que se volvía extraño.   
  Asociaciones ecologistas advertían  del peligro de sucesivas pérdidas de capas marinas, pero esas voces que sacudían la nueva estabilidad fueron silenciadas y olvidadas.
  Y sucedió.
   Mares y océanos dejaron al descubierto la zona batial. Los focos bioluminiscentes de esponjas y estrellas de mar, salpicaban de intermitencias la negrura del agua. Sólo algún cachalote se atrevía a descender a  esas profundidades en busca de alimento.
  La preocupación recorrió las calles cuando las regiones de costa se asomaron a un precipicio que mostraba una masa gélida y oscura, y desató el pánico  cuando sólo quedó al descubierto la zona abisal.
   Nadie se atrevía a poner un pie en agua salada. Las flotas navales disminuyeron en cantidad y aumentaron en volumen para  transportar mayores cargas a la vez que se ampliaron los pasillos aéreos que apenas podían satisfacer las apremiantes necesidades.
   Las sociedades vivieron crisis y reestructuraciones, propias de toda metamorfosis, poniendo a prueba la capacidad de adaptación del ser humano que una vez más sorprendió a la nueva era. Los expertos advertían del fin del ciclo hidrológico, pero aún quedaba mar para andar preocupándose.
  La  siguiente  fue la definitiva.   
  Desaparecida también la zona abisal, el enorme hueco se perdía hacia la nada. El planeta borró el azul.
  La zona hadal, que  sólo podía verse en la fosa de las Marianas en la costa de Japón, se desvaneció dejando sin vida en un fondo estéril, a los extraños seres que aún nadaban en esas profundidades. Miles de pecios reposaban en un espeluznante cementerio de hierro y acero, acompañando a los que dormían su naufragio desde siglos atrás. 
  Los gobiernos invirtieron ingentes partidas económicas en limpiar toda aquella basura, pero a cambio obtuvieron grandes beneficios  cuando lograron transformar aquella inmensa superficie de montañas, volcanes y valles en una enorme red de  autopistas  que unió continentes e islas. Barcos legendarios como el Titanic, el Lusitania, el Bismarck o el Wilhelm Gusloff, formaron parte del decorado de un gran parque temático.
  La riqueza cambió de manos una y otra vez hasta que las empresas químicas coparon el mercado al conseguir elaborar ingentes cantidades de agua artificial, estabilizando el peligro que generaba la descarga de energía necesaria para unir dos átomos de hidrógeno con uno de oxígeno. Al principio esa producción se utilizó para la venta de lagos  y fuentes que se repartieron por todo el mundo. Años después, al añadir los minerales necesarios para el consumo, surgió el mercado negro de agua potable.

_ ¿Alguna duda?

   La sirena dio el aviso y el reproductor de realidad virtual dejó de emitir. Del fondo de la sala alguien hizo otra pregunta.


  _ ¿Mañana nos explicará por qué vivimos ahora en Marte?

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