La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

martes, 29 de abril de 2014

Manifiesto por la lectura "Crisis de la lectura y lectura de la crisis", por Luis Alejandro Muriel Burgos (Biblioteca Pública Municipal de Guadix)


Crisis de la lectura y lectura de la crisis

Una reflexión para los mayores
pero que pueden escuchar los niños



Supongamos que alguno de nosotros tiene un problema. ¿Supongamos…? No. No hay nada que suponer; problemas tenemos todos: tal vez se trate de algún problema personal, familiar, económico, laboral, de salud… Por lo tanto, no hay que suponer demasiado: casi todos tenemos eso que hemos dado en llamar “un problema” ¿no es cierto? Bueno, a lo mejor, muchos niños y jóvenes no lo tienen…, o simplemente aún no acaban de verlo...
Existen algunos principios de organización mental que nos sugieren que para abordar un problema o una situación difícil que requiere buscar por nuestra parte la respuesta más apropiada, lo primero que tenemos que hacer es conocer a fondo esa situación problemática, comprender cuál es su origen, sus causas, sus características, sus consecuencias, las condiciones que la propician, etc. Es decir: conocerla a fondo y comprenderla nos permite reflexionar con rigor sobre ella y buscar las mejores opciones, cuál pudiera ser la respuesta más adecuada que podríamos darle.
Pongamos, por ejemplo, que queremos mejorar nuestra situación económica, sea esta la que sea, en estos tiempos de crisis. Para comprender la crisis económica en la que nos encontramos y cómo nos afecta a cada uno de nosotros es fundamental, entre otras cosas, leer… Leer nos puede ayudar a conocer cómo funciona el mundo, la sociedad, las relaciones humanas, nuestra propia mente… Y esta compresión es necesaria para buscar soluciones o respuestas realistas y eficaces. Primero, es conveniente conocer lo que nos dicen sobre el tema los diversos medios de comunicación. Pero no nos podemos quedar ahí: hay que conocer también lo que nos dicen los grandes economistas y los grandes pensadores a través de sus libros o artículos, los que nos dicen los diversos grupos sociales y políticos, lo que nos dicen las organizaciones no gubernamentales comprometidas en paliar los efectos de la crisis, etc. Conocer lo que nos dicen todos ellos, analizar, reflexionar sobre ello y tratar de comprender, de adoptar una posición personal al respecto, una respuesta sensata a esta situación en la medida en que todos somos parte de ella; en cierta manera, sus causantes y, al mismo tiempo, sus víctimas.
Nos resultaría muy útil comprender por qué esta situación social y económica a la que han dado en llamar “crisis” se ha producido. Cómo hemos llegado a ella. Ser capaces de analizarla de forma crítica e independiente, más allá de consignas ideológicas y políticas sesgadas o interesadas. Aunque no nos guste, no nos queda otra opción que partir de donde estamos. Estamos donde estamos. Y a partir de aquí ¿Qué hacemos? Esa es la pregunta. En realidad, esa pregunta solo tiene sentido si reconocemos que siempre, esté uno como esté, se puede hacer algo para cambiar, mejorar o simplemente paliar los efectos indeseables de la situación en la que nos encontramos, buscando alternativas y abriendo la mente a nuevas posibilidades que en otra situación ni siquiera nos plantearíamos.
Por eso una lectura selectiva, bien escogida, puede resultar de gran ayuda, buscando los temas en base a nuestras necesidades personales, familiares y laborales. Leer para clarificar nuestra mente respecto a cuestiones existenciales y espirituales, el sentido de la vida, la distinción entre lo realmente necesario y lo superfluo; para aceptar que vivimos sumidos en tiempos de frenético cambio y continua incertidumbre; para aprender o perfeccionar idiomas que amplíen la geografía de nuestro horizonte laboral; para formarnos en nuevos conocimientos y habilidades que nos abran nuevas posibilidades de trabajo; para formarnos, llegado el caso, como emprendedores y buscarnos la vida sin depender de una hipotética nómina, que puede que nunca llegue, que la perdamos, o que sea tan baja que no nos permita ni cubrir nuestros gastos básicos; leer, en definitiva, nos puede ayudar a tomar las riendas de nuestra propia vida.
Ante este tipo de coyunturas sociales no es suficiente quedarse en la simple queja, en esa ineludible dosis cotidiana de indignación que en los últimos tiempos aporta su puntito de amargor a todo café de media mañana o sirve de picante guarnición a todo aperitivo que se precie. Cáustico lamento que, todo lo más, utilizamos para justificarnos a nosotros mismos y dar salida a los malos humores; un desahogo no nos va a solucionar realmente nada. Se hace preciso ir más allá y adoptar resueltamente una actitud emprendedora y creativa que pueda ayudarnos a encontrar, antes o después, un camino que nos permita vivir dignamente. Ciertamente, no nos resulta demasiado rentable quedarnos en el victimismoculpabilizador sino que lo que más bien necesitamos es adoptar un compromiso social firme y consciente. puntual que
Con esta crisis nuevamente ha quedado claro que no podemos delegar totalmente la plena responsabilidad de nuestra propia vida, ni la de los nuestros, en los poderes públicos. ¿Qué hacer cuando estos poderes públicos no cubren o no atienden debidamente las necesidades básicas de buena parte de sus ciudadanos? Esa es, precisamente, una de las grandes enseñanzas de esta crisis, que no habría que olvidar.
En tiempos de crisis necesitamos aglutinar todas nuestras fuerzas, toda la energía de nuestra fe y confianza en nosotros mismos, pero a la par, necesitamos confiar en los demás, bridándoles nuestra ayuda y apoyo en la medida de nuestras posibilidades, estando dispuestos a unir nuestros esfuerzos con otras personas para perseguir metas que, estamos seguros, difícilmente lograríamos alcanzar de forma aislada. Y en eso precisamente consiste lo que podemos aprender: a caminar cada cual por donde le toque, pero respondiendo de forma constructiva a las urgencias personales y sociales que se nos cruzan por el camino, con la mente abierta y haciendo frente a los inevitables miedos de un futuro incierto.
Para que todo este necesario proceso de cambio personal podamos planteárnoslo con rigor, se precisa escuchar, dialogar, reflexionar y por supuesto, también leer… Leer es solo el inicio de una buena parte de los procesos de cambio. Pero se trata de un inicio que paradójicamente se encuentra en todos y cada uno de los pasos de ese camino. Porque la lectura es uno de los pilares de la cultura. No me refiero a la cultura académica que tiene como fin un título universitario o una profesión bien remunerada. Me refiero a una cultura que no hace al ser humano más engreído sino más modesto; que no lo hace más conforme sino más crítico, más libre y con más recursos. No me refiero a la cultura que permite escalar puestos de poder sino a la que permite bucear de forma entrañable y compasiva en la condición humana. Me refiero a un concepto de cultura similar al que recoge Unamuno, escritor y filósofo, en la siguiente frase:
«La libertad no es un estado, sino un proceso; sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe. Sólo la cultura da libertad... No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura. Sólo la imposición de la cultura lo hará dueño de sí mismo, que es en lo que la democracia estriba».
Luis Muriel Burgos

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