La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

sábado, 13 de agosto de 2022

ADIOS RAFAEL, por Pedro Navazo Gómez

 


Hoy ha llegado carta y postal adjunta de Rafael, un compañero, y amigo, asiduo de las reuniones literarias a las que asistimos cada mes. La envía desde el pueblo de sus orígenes, a donde se ha marchado hace más de un mes, apenas sin despedirse de nadie.

            Y la recibo con la natural sorpresa que cualquiera lo haría, ya que no es tiempo de cartas; y mucho menos de postales de Plaza Mayor con fuente sin agua y escudito en la parte superior izquierda, que estas pasaron al olvido allá por los años de Maricastaña.

            Y tal como la leo, la transcribo: bueno, mor de ser sincero, he cercenado algún párrafo por considerarlo personal, pero en conjunto permanece tal cual.

           

   Recordado y muy querido amigo Pedro:

   Quiero disculparme primero por la muy exigua despedida en mi marcha, pero sabes bien que decir adiós no es cosa mía, mas, siendo sincero, declaro que necesitaba y mucho salir de Bilbao, respirar otros aires, conversar con otras gentes…, y así lo hice.

   Los años (rozo los 80) me pesan no sabes cuánto y te confieso, algo achicado, que las cosas, y acontecimientos, que últimamente transitan ante mis ojos cada vez me dicen menos, quizá por eso he venido hasta este rincón castellano pinariego buscando, si cabe, viejas sensaciones, un buen puñado de colores en los atardeceres y aquel olvidado silencio de los amaneceres que tanta falta le hacen a mis cansados ojos y a mis cada vez más embozados oídos.

   Aquí el pueblo se apaga, comparsa lo hacen sus escasos vecinos, se nota en sus miradas húmedas y en ese ligero aire de resignación que se respira en sus calles, quizá producto del vientecillo helado que viene y los recorre desde el pinar cercano que se mece al otro lado del río.

   Fíjate, querido Pedro, que desde lugares como este, no hace tantos años partieron a la ciudad muchos de los que hoy nos administran nuestras vidas y haciendas. También nuestros abuelos, padres y algunos de nosotros nacimos en pueblos así, aunque pasado el tiempo estemos urbanizados de tal guisa, que rascándonos el polvo del asfalto nos quedamos en nada.

   Quería con este viaje cerciorarme de si era capaz de sentir lo mismo que un día sintieron aquellos que se quedaron, los que no marcharon, los que prefirieron morir aquí y no lejos de su tierra.

   Probar si podía pasar sin leer el periódico mañanero en la barra del “Maider” mientras me tomo el café, si fuera posible desprenderme del ruido de los coches, si no echaría de menos nuestros paseos matutinos por la ría o perdiéndonos en el Casco Viejo y tus entrañables parrafadas; quería, en definitiva, vivir conmigo, dejarme llevar sin darle al magín más que lo necesario para saber que sigo vivo.

   ¿Y sabes que es agradable darse cuenta de que el mundo sigue su marcha sin importarle un rábano tu ausencia?...

   Me siento bien y eso basta, que últimamente no me encontraba ni en el espejo, que dicen los Estopa. Bueno, no te doy más la paliza que sé de sobra que bastante tienes con lo tuyo. Ya sabes que no te llamaré por teléfono, y creo también que tardaré en volver a escribir, que esta la hago por quedar bien ¡oye! y que no lo hacía desde que estuve en la mili y mandaba cuartillas a mi santa.

   Hazme un favor: ¡cuídate!

 

            Así concluye la carta y al guardarla no he podido evitar pensar que el bueno de Rafael ha hecho como dicen que hacen los elefantes al llegar a viejos, retirarse a no se qué lugar en busca de un hueco donde aparcar sus huesos.

            Yo comprendo y respeto su decisión, pero también deseo que no sea una retirada definitiva y vuelva más pronto que tarde, que ya echo de menos su compaña y atinada conversación, y a la vez quisiera recordarle a mi querido amigo una frase que le he oído decir repetidas veces: “Muchacho, el campo de juego no se abandona hasta que el árbitro no pita el final del partido”

   Si no te expulsan por cometer falta -remataría socarrón Rafael.


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