La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

miércoles, 14 de junio de 2017

Oscuro parentesco, por EDUARDO MORENO ALARCÓN.

Ilustración de Ismael Canales


Acto Primero
           
            (Es noche cerrada, sin luna. Una tierra yerma. Muerte camina solitaria por los páramos limítrofes al Reino de Eros. Embozada, se apoya en la guadaña al caminar. Sopla el viento. A ráfagas. Se oye el graznido de los cuervos, primero lejano; luego más cerca. Dos sombras misteriosas revolotean tras el paso de Muerte. Parecen seguirla como una estela fúnebre. De pronto, ésta divisa una figura aovillada al pie de un árbol. A su espalda, se escucha un aleteo. Las sombras se escabullen y se aquietan, fundidas con la noche. Muerte se aproxima a la figura y la despierta.)

MUERTE
     ¡Envidia!

ENVIDIA (Sorprendida.)
     ¡Mi Señora! ¡Qué hacéis vos en los confines de este Reino!

MUERTE
     A Eros me dirijo. ¿Puedes guiarme a sus entrañas?

ENVIDIA
     ¿A Eros? Lo haré con gusto, mi Señora. Mas sólo hasta la entrada.

MUERTE
     ¿Acaso tienes miedo, vieja amiga?

ENVIDIA (Sonríe con desdén. Hay rencor en el tono de sus palabras.)
     Vuestra hermana me expulsó de sus dominios hace tiempo. No soy grata. Su poder me impide entrar.

MUERTE
     ¿Y cómo he de pasar, si ese poder también me afecta?

ENVIDIA (Ríe. Sus carcajadas son sombrías. Luego escupe con un gesto de desprecio en su mirada.)
      ¡Fingíos vuestra hermana y todo irá como la seda!
(Las dos avanzan en silencio. Vuelven las sombras. Ulula un búho. Llegan a las puertas del Reino de Eros. Bajo la puerta hay un anciano. Da la impresión de llevar una eternidad en ese umbral. Evoca una piedra más. Viste una túnica raída y aferra un cetro con sus manos sarmentosas.)

MUERTE (Pregunta al oído de su guía.)
     ¿Quién es?

ENVIDIA (Contesta en susurros.)
     Es Argos, el guardián del Reino. Aunque sabio, los años lo han vuelto confiado. Picará el anzuelo, no temáis.
(Muerte se quita la capucha y se dirige hacia la puerta.)

ARGOS
     ¿Quién va?

MUERTE (Con voz meliflua.)
     Soy yo, Argos.

ARGOS (La mira con extrañeza.)
     ¡Mi señora! ¿Qué os trae tan lejos de palacio?

MUERTE
     Me aseguro de que todo sigue en orden, fiel guardián. (ENVIDIA sofoca la risa. Tornan las sombras, vuelve a escucharse su aleteo.)

ARGOS (Con un gesto de estremecimiento.)
     Umm… Soy muy viejo, y acaso la vista me engaña. Os extraño, señora… El viento es frío, he visto sombras, nubes negras, malos augurios…

MUERTE
     ¡Basta, Argos! ¡La muerte no existe en Eros! ¡No hay nada que temer!

ARGOS (Sumiso como un perro.)
     Disculpad, mi Señora. No soy el que era… Estoy cansando… Pasad, pasad sin dilación.
(Muerte cruza el umbral del Reino. Lanza una mirada cómplice a ENVIDIA. ARGOS queda solo, cavilando. Las sombras lo rodean.)

ARGOS
     No comprendo… es ella y no es ella… ¡Pobre viejo! ¡Ya no puedo confiar en mis sentidos! Vigía de la nada, me consumo en el hastío… (Mira a los lados, sobresaltado. Con pavor creciente.) ¡Está aquí, en el Reino! ¡La sombra ha regresado! (Oscuridad y grito. ARGOS cae al suelo.)



Acto Segundo

(Acrópolis del Reino de Eros. Vida, acodada sobre un elegante pretil, contempla la belleza de los bosques, cuyos tonos dorados advierten la llegada del otoño. Ruido de una puerta al abrirse. Pasos. Aparece Muerte. Las dos se miran.)

VIDA
     ¿Qué haces aquí?

MUERTE (Sonríe.)
     Ya lo sabes, hermana, allá donde tú vayas, estoy condenada a seguirte.

VIDA (Se incorpora con desagrado.)
     ¿Acaso no tienes bastante? ¿Tal es tu sed que no te basta el resto del Mundo? Dejé que sembraras guerras, pestes, ciclones, ¿qué más quieres? ¡Este es mi Reino! ¡Tu guadaña ruginosa no hará mella en mis criaturas! ¡Aléjate de aquí!

MUERTE
     ¡Eso no es justo! ¿Por qué me haces parecer siempre como una maldición? ¿Es que no formo parte del ciclo natural? ¡No soy peor que tú! He venido porque necesito tu ayuda.

VIDA (Sonriendo con ironía.)
     ¿Ayudarte a ti? ¿Me tomas por imbécil?

MUERTE
     ¿Es posible que aún no hayas comprendido? Soy yo quien da sentido a tu existencia. Yo, quien lleva a la humanidad a cometer las mayores locuras. Por mí, todos los seres se alimentan. Sin mí, la intensidad se apaga como una vela expuesta al viento. ¿De dónde crees que brotó el instinto de supervivencia? Mira a tus fofos súbditos, ¿hasta cuándo soportarán semejante tedio?

VIDA (Furibunda.)
     ¡Basta! ¡Ya he oído antes ese discurso! ¿Por qué no reparaste en esas madres que lloraban sin consuelo? ¿Acaso has visto la mirada de una viuda destrozada? ¿Dirigiste una ojeada a esos hombres consumidos por tu huella? Tu palabrería suena vacua, hermana. Lo que yo ofrezco es algo hermoso, digno de ser plasmado por artistas. En cambio tú, ¿qué? Qué sino un mísero cadáver, y luego, la NADA.  

MUERTE
     Una paz eterna, más bien. (Breve pausa. Reflexiva.) Tarde o temprano tus marionetas rezarán para que vuelva a visitarlas. ¿Acaso podrán vivir conforme a tus reglas de igualdad? ¡Qué ingenua eres, hermana! Bien sabes que la tregua se romperá pronto. Los corazones humanos anhelan siempre aquello que está lejos de su alcance. ¿Qué has hecho con ENVIDIA?

VIDA (Seria.)
     Esa taimada no ha de entrar en mis dominios.

MUERTE
     ¡Pero alteras el orden natural! ¡Es una comedia ridícula! ¿No te das cuenta?

VIDA
     ¡Si no fuera por mis desvelos, nada valdría la pena! Me ha costado mucho hallar un lugar donde el espíritu sea verdaderamente libre.

MUERTE
     ¿Libre, dices? ¿Amputando las pasiones naturales? ¡Tus seres están cercenados! ¿Qué clase de realidad quieres mostrar?

VIDA (Dándole la espalda.)
     Aquella que vosotras habéis arruinado con vuestra hipocresía. Dime, ¿acaso la pureza es un crimen?

MUERTE
     ¿Me acusas de hipócrita? Yo jamás hago excepciones; soy la misma para todos. No distingo condición. En cambio tú, ¡cuán enormes diferencias concedes! Y es a mí a quien todos temen, a quien pintan como cruel.

VIDA (Suspira, hastiada.)
     Veo que sigues tan ciega como siempre. No valoras mi lucha denodada, ímproba. Pero ¿qué sabrás tú del esfuerzo? ¡Es tan fácil tu tarea!

MUERTE
     Te equivocas. Yo no te juzgo, pero tú me condenas.

VIDA (Sarcástica.)
     ¿Y por eso has utilizado a MENTIRA para entrar en mi palacio? ¿Llamas a eso nobleza? ¡Qué patética!

MUERTE (Burlona.)
     Tus guardias me confundieron contigo… Reconozco que, a veces, uso ese truco. Después de todo no somos tan distintas.

VIDA (Enérgica.)
     ¡Ya es suficiente! ¡Me trae sin cuidado lo que hagas fuera! Esta es mi casa, estas mis tierras… (Señalando en derredor.) ¡Todo lo que ves son mis dominios! ¡Vete a sermonear a otra parte! Aquí no hay sitio para ti.

MUERTE (Con tono grave.)
     No puedo marcharme. Mi trabajo ha terminado por ahora. Nadie vive ya lejos de aquí. Te pido que me des cobijo por un tiempo. Aquí tienes mi arma. De sobra sabes que en tu Reino no sirve, pues carece de poder. Mas, si lo tuviera, jamás lo emplearía contra ti. No aquí. Aunque no lo creas, te respeto. Es sólo que no comparto esta farsa. Sólo un tiempo. Después me iré si lo deseas… Si dejas que me lleve a una pareja, permitiré que la humanidad se extienda de nuevo. Crecerán y llenarán la Tierra otra vez.

VIDA (Asombrada.)
     ¿Qué veneno escupes? ¿Cómo has podido cometer semejante atrocidad? ¡Un mundo vacío! ¡Emponzoñas el aire que respiro! ¿Cómo podría confiar en ti después de un acto tan horrible?

MUERTE (Cabizbaja. Con tono sumiso.)
     Ahora soy tu sierva. Tienes mi guadaña. De ti depende que las cosas vuelvan a ser como antes. Cuando me haya ido, no volverás a verme. Te lo juro. Sólo te pido que lo medites.

VIDA (Caminando hacia la puerta. Dubitativa. Desconcertada.)
     Está bien. ¡Guardias! ¡Llevaos a esta dama al aposento subterráneo!
(Susurrando al oído de su hermana.)
     Déjame sola, necesito pensar. Esta noche sabrás mi decisión.

MUERTE
     Como quieras. Mi suerte está en tus manos.




Acto Tercero

(Una alcoba majestuosa. VIDA está sumida en hondas reflexiones. De pronto se oyen cascos de caballos que se acercan velozmente. VIDA se aproxima al ventanal.)

VIDA
     ¿Quién va?

TEMPLANZA (Ataviada con armadura. De su cinto cuelga una espada reluciente. Habla, circunspecta.)
     Soy Templanza, mi señora. Necesito hablar con vos.

VIDA
     Aguarda un momento, he de vestirme.

(Las dos se encuentran en el jardín. Conversan mientras recorren una senda flanqueada por cipreses.)

VIDA
     ¿A qué viene tal urgencia? ¿Qué nuevas traes?

TEMPLANZA (Muy agitada.)
     ¡Ay, mi Señora! ¡Algo horrible ha sucedido! Veréis: tras un largo camino, volvía a la ciudad cruzando el Valle del Sosiego; sedienta, hice un alto en la vaguada con el fin de beber agua. Hundí mis manos en las aguas gélidas del río, y, de pronto, prendido entre el ramaje que mecía la corriente, vi el cuerpo de un hombre flotando boca abajo. Con el corazón en un puño, me abrí paso a través del sotobosque. Al fin llegué a su altura. Sólo el cauce se mecía. El infeliz estaba quieto como piedra. Me lancé al agua en pos del hombre. Entonces vi la cuerda que anudaba su cintura. Liberé el cadáver, y luego lo arrastré penosamente hasta la orilla. Allí quedó tendido, inmóvil sobre un lecho de lavanda.

VIDA (Palidece y tiembla.)
     ¿Qué? ¡Pero eso es imposible! ¡Ningún ser puede hallar la muerte en Eros! ¡La guadaña de mi hermana está en mis manos!     

TEMPLANZA (Sombría.)
     Señora, tú misma podrás verlo con tus ojos si te dignas a seguirme.

VIDA (Taciturna, habla para sí. Su mirada se pierde en un punto indefinido)
     ¡Qué sombra funesta ciega la luz de mi Reino! ¡Qué aciaga zozobra ha corrompido sus entrañas…!

(Irrumpe el trote presuroso de un caballo. El jinete aparece en la senda, frente a las dos mujeres. La recién llegada sujeta las riendas. Su pulso tiembla.)

PRUDENCIA (Horrorizada.)
     ¡Señora mía, un veneno ponzoñoso yace oculto en el corazón del Reino! ¡El Bosque de la Calma está maldito!

VIDA (Con espanto en su mirada.)
     ¡Baja del corcel y explícate!

PRUDENCIA (Desciende. Apersoga el caballo a un tronco y se acerca a las otras dos mujeres. Mira hacia ambos lados con temor.)
     Acudía a las fronteras, pues debía entrevistarme con JUSTICIA. A mi regreso, sufrí una terrible caída, justo al borde del Río Dulce. Mi yegua quedó maltrecha y tomé prestado este alazán. Con tanta demora, llegué al bosque cuando moría la luz. Me adentré un poco más. Frente a mí, tendidas a los pies de un roble añoso, divisé cuatro figuras: dos hombres y dos mujeres. Parecían descansar. Bajé de la montura y me acerqué sin hacer ruido. Entonces, sobre la hojarasca, chispeó la hoja ensangrentada de una espada. ¡Estaban todos muertos! ¡Degolladas las gargantas por su filo!

VIDA (Cae de rodillas. Se cubre el rostro con las manos. Solloza.)
    ¡¡No!!


Acto Cuarto

(VIDA, sentada en su trono. Cavila, impaciente y angustiada. La tropa de escoltas aguarda en formación esperando su orden.)

VIDA
    ¡Traedme a esa mezquina de inmediato!

(Al poco aparece Muerte, flanqueada por la guardia de Eros. Recorren la estancia. Muerte se adelanta varios pasos.)

MUERTE (Con tono indiferente.)
     Tu estancia subterránea no es del todo placentera… (Ahora seria.) Y bien, hermana, ¿cuál es tu decisión?

VIDA (Estalla, con odio.)
     ¡Traidora! ¡Criminal! ¿Te atreves a hablar así después de tu infamia? Debí suponer que nada bueno traerías. ¡Qué ceguera imperdonable! ¿Cómo pude permitir que me engañaras otra vez?

MUERTE (Extrañada.)
     Pero ¿a qué viene tanta ira? ¿Acaso no tienes mi guadaña? He cumplido tu deseo y, paciente, he aguardado tu sentencia. ¿Puedo saber de qué me acusas?

VIDA (Rabiosa.)
     ¿Hasta cuándo seguirás mofándote? ¡De tu lengua viperina sólo espero la peor de las insidias! ¡Guardias, llevaos a esta víbora asesina! ¡Pagarás eternamente sin criaturas que matar!

MUERTE (Prendida por la escolta.)
     ¡Aguarda! ¿Qué clase de Justicia es esta? Si ese es tu castigo, asumiré mi pena; pero antes ¡¡exijo saber por qué se me condena!!

VIDA (Más fría.)
     Conozco tus artes, hermana. Has obrado con astucia, como siempre. Tuya es la victoria; tuyo el frío aliento que ahora cubre las praderas de mi Reino.

MUERTE (Sorprendida.)
     ¿Me estás diciendo que uno de tus seres ha muerto?

VIDA
     ¡Depón ya la comedia! ¡Esta ha sido tu última función! ¡Lleváosla y arrojadla a la mazmorra más profunda!

MUERTE (Piensa en voz alta mientras es arrastrada.)
     ¿Pero cómo evitaron su destino? ¡Nadie puede escapar a mis designios!
(Dirigiéndose a su hermana con congoja)
     ¿No lo ves? ¡Aquí carezco de poder! ¿Cómo explicas esa muerte? ¡Responde!

(La guardia lleva presa a Muerte. Salen del palacio. Vida queda sola. Sale al jardín.)

VIDA (Meditando en voz alta.)
     La brisa nocturna me hará bien. Quizá el tiempo diluya esta desgracia. Es preciso olvidar…
(De pronto, VIDA grita aterrada. De un árbol pende el cuerpo inerte de un hombre. Una soga rodea su cuello quebrado.)

VIDA (Atormentada, se arranca los cabellos mientras chilla.)
     ¿Qué clase de horror invade mi universo? ¿Qué siniestro maleficio corrompe nuestra paz?
(Oye pisadas tras de sí. A su espalda, una figura embozada se aproxima.)

VIDA (Gruñendo.)
     ¿Quién eres? ¿Qué quieres?

DESCONOCIDO (Su tono es frío, sereno.)
     He venido a verte.

VIDA (Agitada. Al borde de las lágrimas.)
     ¿Por qué incumples la Ley? Sabes que los hombres no podéis estar aquí. Es tarde. Deberías irte a casa, un terrible espanto anega el Reino.

DESCONOCIDO
     ¿Puedo hacerte, siquiera, una pregunta?

VIDA (Fríamente.)
     Hazla y márchate.

DESCONOCIDO
     Si impides al hombre tu trato, ¿cómo puedes gobernarlo? ¿Conoces lo que alberga en el fondo de su alma?

VIDA (Sorprendida.)
     ¿Cómo ignoraría una madre lo que sienten sus criaturas?

DESCONOCIDO
     Callando su voz.

VIDA (Irritada.)
     ¡Ingrato! ¿Qué sabes tú del sufrimiento? ¡Hace eones que os escucho respirar! ¿Cuánto tiempo suplicasteis mi alimento? Mil veces vi la ruina aletear sobre vosotros, ¿y quién reía en la sombra?, la misma que ahora siembra la zozobra sobre Eros. ¡Mira! (Señalando el cadáver suspendido.) ¡Ahí tienes su rastro inconfundible! ¡Ahora vete! ¡Este lugar ya no es seguro para vosotros!

DESCONOCIDO
     Entonces, nada he de temer, pues yo no soy un hombre.

VIDA (Sombría.)
     No estoy de humor para acertijos. ¡Aléjate o haré que te castiguen!
DESCONOCIDO
     ¿Castigarme? (Lanza una risa sofocada, sin rastro de alegría.) Ya lo hiciste tiempo atrás. Tu repudio y tu desprecio han sido siempre mi condena. Algo sé del sufrimiento, sí… Muchos me hablan, me invocan con la voz entrecortada. (Vida lo mira con asombro, altiva y alarmada a un mismo tiempo.)

VIDA (Desafiante.)
     ¡Qué broma es esta! ¿A qué juegas?

DESCONOCIDO (Firme.)
     No malgastes tu ira, reina de Eros. No merece la pena. Ya no. ¿Tan ciega estás que has olvidado tu semilla? ¿La simiente que enterraste? ¿La que niegas desde siempre?

VIDA (Desconcertada, iracunda.)
     ¿Quién eres?

DESCONOCIDO (Se quita lentamente la capucha.)
     ¿No me reconoces? Soy tu hijo, SUICIDIO.



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