El movimiento se detiene, ya no avanzamos, se me escapa un suspiro de alivio. Me quedo dormida, siempre apoyada en mis compañeras. Transcurridas doce o trece horas empieza la actividad. Incluso en sueños contamos los segundos que nos quedan. Se inician los fogonazos de luz y los gritos acompasadamente. Cada vez resulta más impactante, pues los lamentos, esos gritos de dolor son absolutamente metálicos. Grito-luz. Grito-luz. Grito-luz. Marcho cada vez más y más deprisa. Entonces me toca a mí. Veo la luz, me doblan las piernas y chillo. En realidad no sé qué sucede antes. Sólo sé que ya he salido del túnel y estoy agarrando firmemente unos cuantos papeles en alguna oficina. Nadie me podrá negar que es una triste existencia la de una grapa.
La Oruga Azul.

La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),
viernes, 14 de marzo de 2014
La ejecución, por JOSE LUIS RAYA
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