La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

martes, 22 de abril de 2025

AHORATELEO, revista literaria. Número 11. abril de 2025.



Editado en Guadix, Granada 

por Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul"

ISSN  2952-5721

SUMARIO



ARTÍCULOS DE OPINIÓN: 

Karma, de José Luis Raya Pérez.




RESEÑAS:




ENTREVISTAS: 



Entrevista a Ángel Fábregas, autor de "Misteriosa madre"













Entrevista a Josefina Martos Peregrín, autora de "Cuentos desobedientes seguidos de Malabarismos.


 

Háblanos un poco de ti como escritora.

Desde la infancia mantengo la costumbre de observar a mi alrededor, lo que sucede y lo que no sucede. No constituye un mérito especial, mi timidez y mi deficiente adaptación al medio me han llevado desde siempre a la introversión, al deseo de ocultación de mi persona para mirar desde cualquier rincón. He sufrido por mi manera de ser, todavía me cuesta aceptarme; si no hubiera sido por la literatura, y otras artes, no habría sobrevivido.

Para escribir preciso soledad, pero, a la vez, me ayuda a vencer a la soledad, a salir de mí misma y comunicarme con el exterior, con personas conocidas o desconocidas.

Trabajar buscando la belleza, la expresión justa, la palabra huida, supone un privilegio que agradezco cada día, a la Vida, a ese Dios en el que no creo, al Azar.


¿Qué podemos encontrar en este libro?

Cuentos desobedientes seguidos de Malabarismos comprende en su primera parte, un conjunto de cuarenta y nueve narraciones de extensión varia y carácter heterogéneo, con dos rasgos comunes: el afán de encarnar en seres y circunstancias diferentes, y una prosa cuidada, adaptada al asunto.

En la segunda parte, “Malabarismos”, despliego un abanico de textos muy breves nacidos de mi gusto por lo lúdico. Con el nombre de “Aventurismos” designo a aquellos compuestos con palabras que reúnen las cinco vocales, como el propio término “Aventurismo”. En “Rescates”, ayudándome del diccionario de la RAE y el María Moliner, recupero palabras en peligro de extinción, o tristemente extinguidas, para formar pequeñas historias.


¿Por qué elegiste ese título?

En primer lugar, elegí calificarlos como “Desobedientes” porque prescindo de normas coercitivas a la hora de escribir relatos, microrrelatos o narraciones de cualquier tipo. Miro en Internet y encuentro innumerables decálogos: me niego a su aplicación. Las normas son útiles para el principiante, pero no para quien, como yo, cuenta con un largo rodaje en el campo de la narrativa.

En suma, son desobedientes porque los he escrito a mi antojo, tomando en cuenta únicamente la eficacia expresiva, el ritmo y la adecuación al motivo imaginado.

En cuanto a los “Aventurismos”, son puro juego, trabajo de ingenio, pero también algo más: descubrimiento, recuperación, humor.


 ¿Qué aporta la literatura al mundo?

La literatura aporta verdad y ficción, testimonio y fantasía. Y viajes en el tiempo; por ejemplo, leer el Conde Lucanor es la mejor manera de visitar el siglo XIV.

Medios para expandir la personalidad, y para reducirla si la tenemos demasiado crecida.

Compañía. Juego. Locura. Sensatez.

 La literatura añade vida a la vida.


 ¿Si tuvieras que elegir un título para este texto, cómo lo  llamarías?

 

Llegué sin reserva porque para eso soy cliente habitual, pero no quisieron darme la única habitación que les quedaba. A regañadientes me entregaron la llave y se ofrecieron a buscarme una suite en otro hotel de la cadena, mas yo estaba muy cansado y subí sin hacerles caso.

La decoración no era la misma de las otras habitaciones: las paredes estaban llenas de crucifijos y los espejos apenas reflejaban mis movimientos. Recién cuando me eché en la cama reparé en la pintura del techo: un Cristo viejo y enfermo que me miraba sobrecogido. Me dormí con la inexplicable sensación de sentirme amortajado.

Un clavo de frío me despertó, y junto a la cama una mujer de niebla me dijo con infinita tristeza: «¿Por qué has sido tan imprudente? Ahora te quedas tú». Desde entonces sigo esperando que venga otro, para despertarlo con mis dedos de hielo y poder dormir de una vez.


Le pondría el título: Cliente fijo.






Entrevista a Olalla Castro, autora de "Mañana"


 


Háblanos un poco de ti como escritora:

 

    Aunque escribo desde que tengo uso de razón, nunca pretendí ser escritora. Me dediqué a la música hasta los treinta y dos años, ocho de ellos viviendo en Barcelona, y solo cuando se disolvió el grupo en el que cantaba me planteé volver a Granada y retomar la tesis doctoral que en su momento había abandonado. Al mismo tiempo, empecé a escribir poesía y armé mi primer libro, La vida en los ramajes, que ganó el Premio Miguel Hernández. Eso ocurrió en 2013 y desde entonces la escritura se ha convertido en mi sostén económico y, por tanto, en mi profesión. Me gusta decirlo porque los adalides de la pureza estética se llevan las manos a la cabeza ante quienes nos consideramos obreras de la literatura, trabajadoras de la cultura que, efectivamente, amamos nuestro oficio, pero también dependemos de él para comer. Llevo doce años entregada a los muchos trabajos que bordean lo literario (talleres, correcciones, conferencias, artículos, prejurados, recitales…) y utilizando el dinero de los premios que gano para seguir escribiendo.

    Pero, al margen de esto, hay una necesidad de escribir. Y una razón para hacerlo. En mi caso, principalmente escribo para hacer del dolor algo soportable, pero, sobre todo, para colectivizarlo, para convertirlo en algo que me conecta con las otras. Escribo para tocar con mi dolor el dolor ajeno o, mejor, para entender que no existen un dolor propio y otro ajeno, que nuestro grito es siempre el grito de muchas. En el momento en que comprendes que no estás sola en el daño, ese dolor se politiza (se convierte, por tanto, en una herramienta de transformación, revolucionaria, capaz, efectivamente, de salvarnos). La escritura es para mí una forma de interrogar a eso roto que somos y de denunciar las estructuras de poder de las que esa herida colectiva surge. Me inscribe en el mundo y me hace entender que no estoy sola en él. Me permite abrazar a las otras. En cierto modo, vuelve lo inhóspito habitable.

    Creo en la escritura como tejido sin principio ni fin. Como decía Blanchot, estamos constantemente escribiendo el mismo libro, un libro que siempre está por venir. Mirando mi escritura en perspectiva, creo que hay unas preocupaciones teóricas, ideológicas y éticas que atraviesan toda mi obra y la convierten en un único libro que no deja de ampliarse, que crece sin voluntad de clausura.

 

¿Qué podemos encontrar en este libro?

 

    Mañana habla de dos mujeres que, en el borde del lenguaje y de la vida, buscan el modo de contar su historia. Virginia, antes profesora de Literatura en la Universidad de Barcelona, huye de su ciudad y de su propia lengua tras la muerte de su hija Moira para marcharse a China. Tras unos meses viviendo en Pekín, acaba instalándose en una cabaña cerca de los bancales de arroz de Yuanyang. De día, trabaja como jornalera y guarda escrupulosamente silencio. De noche, emprende la escritura de un diario para intentar salvarse. En ese texto aparecerán por igual el tiempo compartido con su hija Moira, su vida en China y sus reflexiones sobre el lenguaje, el dolor, la literatura, con las que Virginia trata de entender su propia herida. En paralelo, Sùyīn vive en la aldea en la que ha nacido y trabaja en los bancales de arroz a los que ha llegado esa extranjera silenciosa de la que nadie sabe nada. Está casada con un hombre al que odia y trata de sobrevivir a la violencia de su marido aferrándose a la caligrafía, la amistad y la figura fantasmática de la recién llegada. Cuando las voces y los cuerpos de ambas mujeres se mezclen comenzarán un proceso de reconstrucción, y el amor, como una chispa pequeña, prenderá en ellas, transformándolas.

    Bordeando los límites entre la poesía, el ensayo y la narrativa, esta novela es, sobre todo, una indagación en el dolor y en la pérdida, en lo torcido del ser, en la insuficiencia o la impotencia del lenguaje para afrontarlos, en la búsqueda de lenguajes distintos (los del cuerpo, los del deseo, los del amor) donde sean posibles el encuentro, la reconciliación, la redención: esa astilla de paz a la que aspiramos todas.

 

¿Por qué elegiste ese título? 


    La clave de ese título está en el propio texto. Mañana (míngtiān en chino) es la palabra que usan las protagonistas para despedirse. Ellas evitan decirse adiós cada vez que se separan y conciben esa palabra como una promesa de futuro, depositan en ella su fe en el reencuentro. Así lo explica Sùyīn en el texto: «Nos decimos míngtiān porque en el adiós siempre hay una muerte pequeña, un duelo diminuto que no queremos hacer. Intentamos mantener lejos ese cadáver, pues ya hemos llorado suficiente».

 

¿Qué aporta la literatura al mundo?


    Pues depende de qué literatura. Lo literario es una institución de saber/poder más y no puede entenderse ingenuamente como un todo indistinto ni abordarse desde un pretendido idealismo humanista que a menudo da a luz una mirada acrítica y acomodaticia con respecto al mundo que habitamos. Siempre que alguien hace una loa a la literatura aferrándose a los valores ilustrados (poniéndola incluso por encima de la vida, tal y como ha pasado, por ejemplo, con quienes defendían la publicación de El odio estas semanas), le recuerdo que Mi lucha de Hitler es también literatura, como lo son La Biblia o los tratados médicos que durante siglos justificaron con pretendidos argumentos científicos la inferioridad de las mujeres o defendieron la animalidad de las personas racializadas.

            El concepto de literatura, como nos enseñó Juan Carlos Rodríguez, es un concepto blanco, patriarcal y burgués que surgió en la Modernidad y que demasiadas veces ha actuado como correa de transmisión de la ideología del poder, sirviendo para apuntalar los sistemas de opresión/explotación en torno a los que el mundo se levanta. Es una noción histórica, lejana a la universalidad con la que han pretendido revestirla. Por tanto, no hay una literatura sino infinitas literaturas, tantas como textos, que apuntan hacia espacios éticos, estéticos e ideológicos muy distintos. 

            A mí la literatura que me interesa es la que, lejos de invisibilizar esa huella de la explotación capitalista, colonialista y patriarcal, la saca a la luz. La literatura que me ayuda a entender el mundo en toda su complejidad, señalando las trampas del poder y apuntando hacia otros mundos posibles. Como marxista, me interesa la literatura que es de un modo u otro revolucionaria. Esa literatura no ha de tematizar forzosamente lo político, pero sin duda está atravesada por ello (un poemario de Anne Carson o de Chantal Maillard me parecen en ese sentido igual de iluminadores que el teatro de Bertolt Brecht o un ensayo de Angela Davis).

 

¿Si tuviera que elegir un título para este texto cómo lo llamarías? 


Llegué sin reserva porque para eso soy cliente habitual, pero no quisieron darme la única habitación que les quedaba. A regañadientes me entregaron la llave y se ofrecieron a buscarme una suite en otro hotel de la cadena, mas yo estaba muy cansado y subí sin hacerles caso.

La decoración no era la misma de las otras habitaciones: las paredes estaban llenas de crucifijos y los espejos apenas reflejaban mis movimientos. Recién cuando me eché en la cama reparé en la pintura del techo: un Cristo viejo y enfermo que me miraba sobrecogido. Me dormí con la inexplicable sensación de sentirme amortajado.

Un clavo de frío me despertó, y junto a la cama una mujer de niebla me dijo con infinita tristeza: «¿Por qué has sido tan imprudente? Ahora te quedas tú». Desde entonces sigo esperando que venga otro, para despertarlo con mis dedos de hielo y poder dormir de una vez.


Lo llamaría "La habitación"

Entrevista a Juan José Téllez, autor de "Los últimos pieles rojas".

 





Háblanos un poco de ti como escritor.

 He congeniado el periodismo con la literatura. Comencé publicando poemas y artículos hacia los 17 años y en ello sigo. Por el camino, he ido publicando también relatos y ensayos. Creo que la literatura es una actitud ante la vida y que, por lo tanto, me encuentro más cómodo a la hora de definirme como vividor, más que como escritor.


¿Qué podemos encontrar en este libro?

En Los últimos pieles rojas, recopilo una sucesión de poemas que he ido escribiendo a lo largo de quince años, en distintos momentos, pero que reflejan un estado de ánimo, tan personal como colectivo, creo. Se trata de un compedio de emociones en torno a este momento histórico, más allá de las distintas generaciones que conviven en él, en torno a esta encrucijada en la que creemos haber perdido la utopía, ya sea desde la ideología política o desde la fe religiosa o sentimental. Sin embargo, sueño con que no sea así.

 

¿Por qué elegiste ese título?

 Franz Kafka escribió “El deseo de ser piel roja”. Y ahí describe: “Si uno pudiera ser un piel roja, siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas, porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas, porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo”. Nada más que añadir.

 

¿Qué aporta la literatura al mundo?

 La literatura es una sobredosis de vida. Nos permite vivir otras existencias, vestirnos con diferentes personalidades, transitar épocas distintas, correr aventuras íntimas o colectivas. Es un plus, una droga adictiva y un antídoto contra la muerte o contra nuestras propias limitaciones.

 

¿Si tuvieras que elegir un título para este texto, cómo lo llamarías?

 Llegué sin reserva porque para eso soy cliente habitual, pero no quisieron darme la única habitación que les quedaba. A regañadientes me entregaron la llave y se ofrecieron a buscarme una suite en otro hotel de la cadena, mas yo estaba muy cansado y subí sin hacerles caso.

La decoración no era la misma de las otras habitaciones: las paredes estaban llenas de crucifijos y los espejos apenas reflejaban mis movimientos. Recién cuando me eché en la cama reparé en la pintura del techo: un Cristo viejo y enfermo que me miraba sobrecogido. Me dormí con la inexplicable sensación de sentirme amortajado.

Un clavo de frío me despertó, y junto a la cama una mujer de niebla me dijo con infinita tristeza: «¿Por qué has sido tan imprudente? Ahora te quedas tú». Desde entonces sigo esperando que venga otro, para despertarlo con mis dedos de hielo y poder dormir de una vez.

 

Se me antojan muchos, pero quizá el título más sutil fuere el de “La habitación vacante”.

Entrevista a Ángel Fábregas, autor de "Misteriosa madre".


 


Háblanos un poco de ti.

Yo siempre he escrito un poco, desde chico, pasando por la adolescencia y su lírica atormentada, claro, pero en serio no he escrito hasta los cuarenta años y pico, soy escritor tardío y de alguna forma periférico, he llegado a esto de manera un tanto intrincada, desde una actividad que no me hacía fácil escribir con cierto método y concentración, aunque a decir verdad, tampoco tengo un método ahora, a diferencia de tantos escritores. Disfruto mucho escribiendo, incluso cuando sufro, algún rasgo masoquista poseeré; también disfruto de la documentación, cosa que a bastantes escritores aburre. Otra cosa es la corrección, que como a todos, llega a agotarme, aunque si uno quiere hacer algo que tenga algún valor, sin trabajar mucho suele ser que no.

Tengo publicadas tres novelas de diversa factura y temática, aparte de mi último libro de relatos. Trato de no repetirme, incluido el estilo; será por eso de la búsqueda de la voz propia, pero no solo por eso. Detesto repetir fórmulas, aunque inevitablemente a veces uno caiga en reiteraciones de fondo y forma. Cada cual es un pequeño mundo que trata de expandirse, y la experiencia propia, aún teniendo ya unos añitos, no es ilimitada, ni los recursos, qué más quisiera uno.


¿Qué podemos encontrar en este libro?

Misteriosa madre es mi primer libro de relatos cortos. Los textos, desde cuentos más clásicos a los textos más personales y reflexivos del final, están escritos en tonos diversos e inspirados en tradiciones literarias distintas que trato de celebrar, desde Irving a Poe o Cortázar.

La sustancia de todos ellos proviene de mi infancia y mi relación con la tierra y la cultura popular mediterránea encarnada en un valle sureño de la provincia de Granada, situado en la costa interior, el valle del río de la Toba, municipio de Los Guájares. También hay relatos de carácter más histórico que tratan de explorar su posibilidad legendaria y mágica.

Los cuentos establecen, desde una crónica inicial, una suerte de relación de vasos comunicantes que intenta jugar con mi memoria, el tiempo en ese valle, su historia y lo fabuloso. Desde mi subjetividad trato de indagar en la memoria colectiva, recordando formas de vida y relaciones que están en vías de extinción, como aquellos miedos infantiles de mi generación y las anteriores, que encarnan en los fantasmas, trasgos y espíritus que aparecen por el libro, aquellos miedos infantiles ya desaparecidos y que aquí poseen un cierto sentido elegíaco, funcionan de alguna manera como metáfora de lo que fuimos como colectividad en ese entorno rural. También trato de explorar la posibilidad legendaria de la historia, como he dicho, y de personajes que no son solo de ficción, aunque yo conduzca a un espacio mítico. Por otra parte, hay un par de relatos distópicos que hablan de miedos más contemporáneos y ejercen de cierto contrapunto.

Todo ese crisol de tonos y asuntos puede resultar discordante en principio, pero fue elaborado con el propósito de comprobar su efecto total. Los textos se pueden leer de forma independiente, pero funcionan como un todo. La coda es un relato con otros posibles finales para cada uno de ellos. Realidad, ficción y posibilidad jugando con todo ello en un espacio concreto a través del tiempo, desde el origen y hacia el futuro. Para mí supone un religarme a la tierra y la memoria a través de la literatura, y compartirlo con el lector intentando conectar con su memoria y en todo caso con su emoción, claro.

Por lo demás, en la última parte también aparece cierto  ánimo crítico que encarno en reflexiones irónicas sobre determinados aspectos deshumanizadores de la cultura contemporánea.

 

¿Por qué elegiste ese título?

El título de “ Misteriosa madre” proviene de uno de los versículos del Tao Te King, de Lao Tse , que cito al principio del libro “, “ El espíritu del valle no muere, es la misteriosa madre…..” perseverando sin cesar, obra sin descanso”.

Durante la escritura de los relatos, que se extendió durante un par de años, se me cruzó casualmente esa cita y yo no daba crédito a que algo escrito hace siglos en una cultura tan lejana y aparentemente ajena, se ajustara tanto a mi propósito y de alguna forma lo definiera. Ciertamente nos envuelve el misterio, aunque tampoco quiero decir que me estuviera esperando el título desde que Lao Tse escribió ese versículo, jejeje, pero por qué no pensarlo, es estimulante.

La otra cita pertenece a Borges y la traje a colación porque también le iba perfectamente a mi idea del libro , “ Repetidas veces me dije que no hay otro enigma que el tiempo, esa infinita urdimbre del ayer, del hoy, del porvenir, del siempre y del nunca” .

 

¿Qué aporta la literatura al mundo?

Menuda pregunta. Habría que decir algunas cosas sobre eso.  Además de habitar otros mundos y vivir las vidas que nos están vedadas, idea ampliamente extendida y muy cierta, tiene tantas derivaciones el asunto que uno podría enredarse de manera irremediable e interminable. La cuestión se podría englobar en la más amplia de qué aporta el arte al mundo, a la existencia humana. Casi nada.

Yo solo diré algo sobre lo que más me interesa. Es un asunto de ida y vuelta. La creación artística, en este caso si nos ceñimos a la literatura, supone que quien escribe, desde su percepción y su mirada de las cosas, pretende compartir su universo, su emoción, e interpelar a quien lee, inquietarlo, etc. Cada obra tiene distintas motivaciones para quien la escribe, o no tiene por qué tenerlas tan claras.

En ese viaje, los lectores hacen suya la obra y la completan en su mundo y con su mundo. Esa para mí es la cuestión esencial, penetrar en la emoción del otro o los otros y cerrar el círculo abierto de la obra artística que no se completa sin quien mira o quien lee. Por tanto, si no existe esa interacción activa fecundadora entre el autor, su obra y a quien va dirigida, la historia no ha funcionado bien por lo que sea. La mayoría de las veces ocurre que con unas personas funciona y con otras no, depende del mundo de cada cual e incluso del momento en el que se lee. A partir de ese maravilloso hecho de compartir emoción, el aporte al mundo de cada cual puede ser muy variado, y por derivación a la sociedad humana. Desde la capacidad de remover conciencias y modificar actitudes al efecto terapéutico en quien escribe y quien lee, entre otras cuestiones, pero me extendería mucho y creo que ya va bien.


Si tuvieras que elegir un título para este texto ¿Cómo lo llamarías?

 Llegué sin reserva porque para eso soy cliente habitual, pero no quisieron darme la única habitación que les quedaba. A regañadientes me entregaron la llave y se ofrecieron a buscarme una suite en otro hotel de la cadena, mas yo estaba muy cansado y subí sin hacerles caso.

La decoración no era la misma de las otras habitaciones: las paredes estaban llenas de crucifijos y los espejos apenas reflejaban mis movimientos. Recién cuando me eché en la cama reparé en la pintura del techo: un Cristo viejo y enfermo que me miraba sobrecogido. Me dormí con la inexplicable sensación de sentirme amortajado.

Un clavo de frío me despertó, y junto a la cama una mujer de niebla me dijo con infinita tristeza: «¿Por qué has sido tan imprudente? Ahora te quedas tú». Desde entonces sigo esperando que venga otro, para despertarlo con mis dedos de hielo y poder dormir de una vez.


Me gusta ese texto, es inquietante en extremo. Mi títulos, por decir algunos, serían “ Reflejo”, “ Espejo” o quizá “Azogue”, mejor este.

Entrevista a Isabel Pérez Aranda, autora de "Boreal"

 


Háblanos un poco de ti como escritora.

Reconozco que en el contexto de ser escritora, aún me cuesta reconocerme, quizás porque la palabra tiene una enorme trascendencia.

Sin embargo, cuando escribo como contadora de historias, aquí me siento cómoda, y encuentro  en la poesía un hilo  conductor que se va conformando como la fórmula que me completa. 

Escudarse en ella abre una válvula de escape al tiempo y a la veracidad de lo cotidiano, donde habitualmente

encuentro  la inspiración.

 


 ¿Qué podemos encontrar en este libro?

 Boreal es un viaje a través de las conversaciones íntimas entre las musas, el poema, y la poeta, una simbiosis inspirada por la etérea danza de la aurora boreal, donde cada poema indaga en la complejidad de la creación artística.

Los diálogos se entrelazan como un baile de auroras que exploran los límites entre lo tangible y lo onírico, entre la claridad de un pensamiento y la ambigüedad de las emociones.

Es entonces cuando el poema se interpreta y se construye desde un lenguaje estético, se ensambla como si fuera un puzzle

sin apenas figuras literarias, pero con una mirada reflexiva y un estilo que desea conjugar precisión y belleza.

 Boreal invita al lector a sentir la necesidad de deslizarse en las alturas, a reflexionar sobre las formas en que nombramos y sentimos el mundo.

 Este poemario es una oda a la escritura como acto de resistencia, un refugio frente a la incertidumbre y un puente hacia lo inefable, donde la autenticidad de la poesía, su naturaleza, su capacidad para capturar y transformar la esencia de la experiencia humana,  no sea objeto de incomprensión, sino de reflexión, donde validar y descifrar su ingenio.

 Así pues como autora me limito a recrear la procedencia de los versos, a conjugar la excelencia de su mensaje.

 

 ¿Por qué elegiste ese título?

 Porque todo empezó con la visión de auroras boreales, donde fantasee con su desmesura y sorprendente belleza, entonces comencé a construir diálogos de fantasía, me cuestioné los límites del pensamiento,  y la manera en que llegaban.

Desde el primer momento “Boreal” se condujo como la esencia de los poemas, y en el proceso de búsqueda e información  se cerraba un círculo  casi perfecto.


¿Qué aporta la literatura al mundo?

 La literatura nos ayuda a mirar y entender la dimensión y emoción del ser humano.

Un juego donde las palabras nos cautivan y nos regalan  vidas y otras realidades.

 

 ¿Si tuvieras que elegir un título para este texto, cómo lo llamarías?

 Llegué sin reserva porque para eso soy cliente habitual, pero no quisieron darme la única habitación que les quedaba. A regañadientes me entregaron la llave y se ofrecieron a buscarme una suite en otro hotel de la cadena, más yo estaba muy cansado y subí sin hacerles caso.

La decoración no era la misma de las otras habitaciones: las paredes estaban llenas de crucifijos y los espejos apenas reflejaban mis movimientos. Recién cuando me eché en la cama reparé en la pintura del techo: un Cristo viejo y enfermo que me miraba sobrecogido. Me dormí con la inexplicable sensación de sentirme amortajado.

Un clavo de frío me despertó, y junto a la cama una mujer de niebla me dijo con infinita tristeza: «¿Por qué has sido tan imprudente? Ahora te quedas tú». Desde entonces sigo esperando que venga otro, para despertarlo con mis dedos de hielo y poder dormir de una vez.

 

 Lo llamaría, “La última habitación” por la sensación de condena,

pero también podría ser  “El huésped eterno” que da la sensación de estar atrapado,

como en el limbo.

 

Entrevista a Juan Varo Zafra, autor de "La era espacial"


 


Háblanos un poco de ti como escritor.

Mi trabajo como escritor está, en cierto modo, condicionado por mi trabajo como profesor de literatura. Esto hace que mis libros dialoguen siempre con la historia literaria, a veces en forma de crítica, otras de parodia y otras, finalmente, de homenaje.

Hasta ahora he publicado cuatro libros de aforismos (“Jugador de ventaja”, Desaforado”, “Mudo pez en el mar” y “El demonio meridiano”) y uno de relatos muy breves titulado “Eclipse total”. Siempre he cultivado los géneros breves.


¿Qué podemos encontrar en este libro?

La era espacial es una selección de aforismos procedentes de mis cuatro libros publicados junto con una sección inédita con el título de “Las tiranías serviles”. Mis aforismos son, sobre todo, éticos: intentan comentar aspectos de la vida cotidiana y de mis lecturas a través del aforismo, como forma de expresión condensada y, en ocasiones, ingeniosa.


¿Por qué elegiste ese título?

Porque soy un amante apasionado de la ciencia ficción. También porque este libro cubre 25 años de escritura y de vida; y siento que todos estos años forman una etapa ya cerrada de mi vida, tal como la era espacial, que comenzó en los años cincuenta y terminó en los setenta.


¿Qué aporta la literatura al mundo? 

Es una pregunta difícil. En esto opino lo mismo que Antoine Compagnon y cito sus palabras: “"Leemos porque, aunque leer no sea indispensable para vivir, la vida es más agradable, más clara, más rica para aquellos que leen que para aquellos que no lo hacen. En un sentido más simple todavía: vivir es más fácil (...) para aquellos que saben leer, no solamente las noticias, las instrucciones de uso, las ordenanzas, los periódicos y las papeletas de voto, sino también los textos literarios" (Compagnon, ¿Para qué sirve la literatura? Acantilado).

Creo firmemente que la literatura materializa un ideal humano, que encarna la aspiración ilustrada a una sociedad educada y pacífica que entiende la lectura como una dedicación buena y honesta.


¿Si tuvieras que elegir un título para este texto, cómo lo llamarías?

Llegué sin reserva porque para eso soy cliente habitual, pero no quisieron darme la única habitación que les quedaba. A regañadientes me entregaron la llave y se ofrecieron a buscarme una suite en otro hotel de la cadena, mas yo estaba muy cansado y subí sin hacerles caso.

La decoración no era la misma de las otras habitaciones: las paredes estaban llenas de crucifijos y los espejos apenas reflejaban mis movimientos. Recién cuando me eché en la cama reparé en la pintura del techo: un Cristo viejo y enfermo que me miraba sobrecogido. Me dormí con la inexplicable sensación de sentirme amortajado.

Un clavo de frío me despertó, y junto a la cama una mujer de niebla me dijo con infinita tristeza: «¿Por qué has sido tan imprudente? Ahora te quedas tú». Desde entonces sigo esperando que venga otro, para despertarlo con mis dedos de hielo y poder dormir de una vez.


Es un microrrelato de Fernando Iwasaki que me gusta mucho, porque reúne algunos elementos a los que aspiraba, modestamente, en mi libro de relatos “Eclipse total”: la brevedad, la tensión narrativa y la dimensión fantástica o terrorífica. Yo no lo habría titulado “La habitación maldita” (que es su título original) porque pienso que adelanta demasiada información al lector y le quita algo de sorpresa. “La espera” sería un buen título, pero, con un sentido parecido, ya lo ha usado el director Francisco Javier Gutiérrez en su película de 2023); quizá lo titularía “El despertar”.