La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

jueves, 14 de enero de 2016

Carta de amor a Garcilaso, por GLORIA ACOSTA.





Toledo 14 de Enero de 2016

Mi estimado amigo, le envío este e-mail como ya  acordamos en nuestra última conversación telefónica.
La reciente mudanza de nuestro palacete de Toledo  ha supuesto una sorpresa para toda la familia por la cantidad de documentos que ninguno de nosotros imaginó se escondieran entre sus muros. Le   adjunto, escaneada, la carta en cuestión y su traducción del castellano antiguo. Si las sospechas se confirman, habremos desvelado uno de los grandes secretos de aquella era dorada. Su saber y maestría sabrán dilucidar si finalmente hablamos de nuestra antepasada Isabel Freyre  y del mismo Garcilaso y demostrar así que el suyo, fue un amor correspondido.
No alcanzo a entender el motivo por el que dicha carta no fue enviada a su destinatario, pero me temo que este hecho permanecerá envuelto en el misterio de la propia historia.
El documento original permanece custodiado en la caja fuerte de nuestro banco, a la espera de su  verificación.
Reciba un abrazo afectuoso .


Toledo 5 de Noviembre de 1532

Muy amado mío
Recibo hoy mismo noticias de vuestra reciente llegada a Nápoles. La pena que me infringe ese ya largo destierro es inmensa y no cejo en mi empeño de interceder por vos para que mi Reina logre ablandar el corazón del Emperador.
 Aciago destino el que nos condena al  silencio de  nuestro amor, puesto que yo también nací para quereros. Apelo a vuestra prudencia en las letras que desde tan ardiente corazón me escribís en excelsos versos, para que nuestro secreto permanezca oculto a los ojos del mundo y siga envuelto en  este fingido desdén. Bien sabéis que mi sino me ha sido impuesto, y conocéis de mis quebrantos y fingimientos desde mi desposorio. Vuestra soy en pensamiento, mas  sometimiento debo  a mi esposo, el regidor.
Ruego no os ciegue esta distancia y os haga dudar. Mi  alma  en la noche a vuestro encuentro vuela, y entre la niebla, la luz de mis ojos iluminará vuestro camino de vuelta, que anhelo cercana.
 Mi señor, os amo y amaré por siempre.
Vuestra hasta la muerte

Isabel.

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