La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

lunes, 4 de noviembre de 2019

TRIBULACIONES, por Tomás Sánchez Rubio.

 

        
Tuve miedo de caer en las mismas tontas excusas en las que caía cada vez que mis padres me pillaban haciendo algo que no debía; como cuando descubrieron que, con tal de librarme del colegio, bebía varios sorbos del vinagre de la despensa algún domingo por la noche, y a escondidas, hasta sentirme realmente fatal, con la palidez de un cadáver y temblores de muerte...  Me pasaba lo mismo cuando llegaba tarde porque me hubiera entretenido más tiempo de la cuenta con la pandilla del barrio. Unas veces me regañaban; en otras ocasiones, su silencio tenso y acusador hacía que me sintiera aún más culpable. Me miraba los zapatos con la cabeza gacha, decía alguna tontería entre dientes, y aguantaba el explícito o implícito chaparrón.
            Sin embargo, esto es distinto...
            Ayer, al hablar con ellos en la distancia, desde mi nuevo piso, como he referido antes, tuve miedo de confesarles la verdad: que no me veo capaz, que esto no es para mí. Casi me puse a llorar de angustia e iba incluso a decirles que hoy me volvía a casa. Que ya me las arreglaría...
            El caso es que en el fondo siempre fui una persona de carácter, decidida. Con frecuencia, me viene a la cabeza el hecho de que, mientras los niños y niñas de mi edad no pagaban el autobús, yo le pedía a mi madre que, aparte del suyo, me comprara un billete para mí. Lo sujetaba con fuerza durante todo el trayecto. Era como si necesitara afirmar mi lugar en el mundo, en la vida. Un día una señora quiso apearme del asiento, y yo, con cara de rabia y a la vez de suficiencia, le mostré la bolita arrugada e irreconocible en que se había convertido el papelito en mi mano. Así pues, ella calló impresionada y no volvió a rezongar ni a molestarme en todo el viaje. Mi madre sonreía sin haber querido intervenir en la escena.
            Lo cierto es que aquí estoy ahora; no hay excusas que valgan. Las almas grandes se envilecen solicitando excesiva indulgencia y condescendencia. Es la fuerza del Destino la que se impone, ante la que ningún ser humano puede doblegarse...
            Efectivamente, ningún libro de autoayuda, personas tóxicas o zonas erróneas podría seguramente servirme en estos momentos. Tampoco las frases lapidarias o las citas imposibles que tanto abundan, pero que nadie en el fondo las pone en práctica- te preparan realmente para situaciones excepcionales como esta. Aquí me encuentro, sin poder dormir, varado como barca en la arena, como alma en el purgatorio de las almas... Qué vida esta. Quién me iba a decir a mí que iba a ser este mi futuro. Y mis padres, encima, orgullosos...
            Se supone que me he estado preparando durante años para esto.
            Decía mi profesor de latín, a quien tanto admiraba, que era la profesión más bonita del mundo, y que yo valía para esta como nadie. ¿Y si fuera verdad?
            En fin, mañana a primera hora me enfrentaré a "ellos"... Comenzaré con mi clase de educación infantil... No hay vuelta atrás. Allá voy.
            Papá, mamá, don Salvador... ¡Por vosotros!

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