La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

domingo, 14 de junio de 2015

La elección de G, por LUIS LÓPEZ QUIÑONES RUIZ.

  


G Nunca encajo en ningún sitio, se sentía diferente y los demás se lo hacían saber. En el colegio, los gnomos se reían de él, andaba solo y taciturno, sin llegar a entender por qué iba a la escuela nocturna donde los alumnos eran más mayores ; enanitos repetidores, trasgos rebotados y elfos problemáticos. Su madre, su única fuente de cariño, le decía tajantemente que la luz del sol era perjudicial para su salud y que su organismo podía sufrir un colapso por exposición directa a sus rayos.
El verano era la peor época, los habitantes del bosque disfrutaban del buen tiempo y los más jóvenes subían al territorio de los Hobbits para bañarse en el inmenso lago de aguas frescas. Año tras año, solicitaba permiso para ir con los otros, pero su madre, acariciando su peluda cabeza, le repetía que el agua era otro elemento a evitar para tener una vida larga y próspera.
Un día, con motivo de la fiesta de la cosecha, llegó al pueblo un duende irlandés llamado Patrick, feriante y propietario de una gran seta a modo de carpa, en la que proyectaba películas y dibujos animados. Para G, que adoraba las historias que veía por televisión, era un hecho mágico y una agradable novedad en su aburrida existencia. Así, convenció a su madre de que le dejara ir al estreno, prometiéndole que no comería palomitas después de medianoche.
Estaba radiante, sus ojos se agrandaron como los de un furby hasta que comenzó el film y entonces vio su rostro afable y bondadoso en la pantalla y empezó a comprender. Entendió que era adoptado, el porqué de su aspecto distinto y en su alma se rompió el sueño de ser un pitufo o un fraggle, seres angelicales y generosos. El, era diferente, bipolar y con dos personalidades, la conocida y otra que con tanto desvelo su madre le ocultaba.

Aquella noche, en la sesión golfa, Spielberg le reveló a G su realidad y le puso ante su encrucijada ;seguir siendo un inadaptado en un mundo hostil o aceptar su condición de Gremlin y adaptar el mundo a base de hostilidad.

Tic, tac, tic, tac..., por ISABEL REZMO.



TIC TAC
TIC TAC…
Suena un tímido deseo.
Haciendo uso del  algoritmo
entre la niebla de un pensamiento.
Una margarita.
Influjo del tiempo,
¿Me oyes?
Deleite de los sentidos,
¿Susurras?
Entre abrazos.
Minúsculos seres  entre los dedos.
Y un silencio.
La varita de un delfín y una mariposa.
La cola fantástica  de los duendes
escondidos entre garabatos.
Los seres superfluos  de los duendes.
Entre un pellizco.
¿Me amas?
En la guerra.
¿Me oyes?
Te reclamo a través de mi parcialidad.
Doblegas la imaginación,
donde socorrer
las letras, y hacerlas un mundo.
Tu mundo.
Entre paréntesis, el nuestro.


De santos y duendes, por LEANDRO GARCÍA CASANOVA.



La nieve ha ensabanado la sierra de Periate y los tejados de Orce, mientras un frío siberiano (nueve grados bajo cero, oiga) recorre sus calles al son de los incansables redobles de tambores de la soldadesca. Pero el programa de fiestas de San Antón, del día 18, no perdona: “Queda todo el pueblo invitado a comernos una vaca...”. Y unas horas después del rancho, tiene lugar el ‘Desfile de la Zorra’, donde van todos los participantes. El domingo por la tarde viene la bajada a la ermita de San Sebastián; y poco después tienen lugar las luchas entre moros y cristianos... Éstos, finalmente, dan un golpe de mano y recuperan al santo. Y luego, todos juntos, se dirigen a las puertas de la iglesia de Santa María, donde bailan sus banderas y dan vivas a San Sebastián. Reseñar que estos tradicionales y festivos enfrentamientos, entre ‘moros y cristianos’, vienen celebrándose en Orce desde 1639. Seguidamente hay un pasacalle de soldados y danzantes   –hacen un baile muy original, que recuerda a los seises–, con Cristo al frente vestido de ‘Cascaborra’. Y así andan estos días por aquí: entre briegas y algarabías, bailes –gandulas y rondeñas– con ‘cuerva’ y jaleo de petardos.

Escribo desde estas tierras altas de frontera, donde lo mismo te hacen una lata de cordero al horno que unos andrajos con liebre en el bar del ‘Remolacho’. ¿Cuántas veces, de niño, habré soñado que me encontraba en Orce? Por eso, cuando paso por sus viejas calles y hablo con sus gentes amables y cumplidas, o simplemente veo unas habas desparramadas en la era, secándose al sol, me vienen recuerdos de la infancia. Pascual Madoz, en su ‘Diccionario Geográfico’, de 1850, describía la situación de Orce de esta singular manera: “Se halla escondido en la embocadura de un barranco y resguardado de todos los vientos...”. ¡Como si Orce tuviera puerto de mar! Juan Antonio Casanova preside la asociación “Ciudadanos por Orce”. Afirma que “esta zona está muerta y, además, no dan permiso para las excavaciones en Venta Micena”. Antonio Sánchez es el tesorero: “Hoy los campos están mejor cultivados, sin embargo, el agricultor gana menos que antes”. Mientas tanto, Orce está esperando que se produzca el milagro: la aparición de un zancajo del ‘Abuelo de Europa’. Y estos días nos hemos enterado que tenía un ‘pariente’ en Galera, cerca de la cueva del ‘Rizao’.

En los años setenta, el tío Pérez componía trovas y cantaba los ‘vítores’. Ya de viejo, cuentan que tenían que llevarlo en un carrillo de ruedas por las casas de los vecinos, mientras improvisaba las coplillas: (redoble de tambor) “¡Vítor, vítor, vítor, que viva el señor alcalde, que quiere traer agua a ‘punta pala’ ‘pa’ ahogarnos a ‘tos’...!”. Y al terminar, toda la soldadesca que lo acompañaba respondía a grito limpio: “¡Vivaaa!”. Suena de nuevo el redoble del tambor –¡porrón, pon...! –, y pescan y se van con la música a otra casa. En cambio, hoy los ‘vítores’ se leen en la Casa de la Cultura, pero han perdido ingenio y frescura. Es habitual que se ‘ceben’ con el alcalde, pero a José Ramón Martínez se le ve que tiene ganas de hacer cosas. “Está claro que no quieren que Gibert excave. Pero no entiendo porqué no permiten trabajar en Venta Micena”. Y añade: “¡También prometieron 1.500 millones de pesetas para el Centro Museístico!”.

Dicen que en el palacio de los Segura celebraban aquelarres en el siglo XVII. Pero mis problemas empiezan cuando decido borrar lo escrito y no hacer ninguna mención al palacio, donde voy a pasar la noche. Al poco, inexplicablemente, se me cae la goma al suelo..., y durante la noche estuve oyendo extraños ruidos. El colmo fue cuando, a la tarde siguiente, estoy recogiendo mis cosas para irme. Oí un portazo tremendo en el piso de abajo y, cuando bajé, ninguna llave entraba en la cerradura: me había quedado completamente encerrado. No sé cómo abrí la puerta de enfrente, luego levanté el pestillo del portón de la entrada principal y fui arrastrando poco a poco una hoja. El antiguo gobernador, don Andrés Segura, debe ser un fantasma vividor y vanidoso que ha intentado impresionarme... Pues, no en vano, el palacio es conocido también como ‘Casa de los Duendes’.

Amador Cañabate dirige la revista ‘Alcazaba’ y promueve los vítores: “¡Vítor, vítor, vítor! Los zagales de primero de ESO, / tantos móviles que compran / que no sirven ‘pa’ ‘ná’. / Pues tienen a las novias ‘abandonás’”. Amador, además, es un poco el ‘guardián’ de la tradición. Hace dos años corregía un desaguisado, poniendo las cosas en su sitio: “Y a propósito de danzantes y tradiciones, a San Antón, cuando acaba su baile, se le dice ‘viva San Antonio Abad’, y no, ‘viva San Antón bendito’”. Sin embargo, antaño existía una costumbre que, en parte, se ha ido perdiendo. Finalizadas las fiestas, tiene lugar lo que aquí llaman el santo ‘parriba’ y santo ‘pabajo’. Los devotos le hacen promesas al santo de los animales, de manera que lo están subiendo y bajando de la ermita hasta cerca de la Semana Santa. Y cuando está nevando –recuerdan los más ancianos–, a San Antón se le ve orgulloso, con su cresta de nieve en la cabeza. Pero hoy los tiempos son otros y, además, el patrón ya no está para muchos trajines... Es como me confesaba aquella buena mujer: “¡Cucha que te diga: hoy a San Antón sólo lo sacamos para las cosas precisas!”.

Publicado en Ideal, el 21 de enero de 2003

Posdata: el alcalde de Orce, José Ramón Martínez, me invitó a las fiestas de San Antón Orce y le escribí este artículo. Pasé una noche toledana en el Palacio de los Segura, pero por la mañana me emocioné cuando sacaron a San Antón de la ermita: era la misma escena que mi madre, tíos y abuelos habían contemplado unas décadas antes.



De mi libro ‘Artículos del Altiplano y de Granada’

Hojas, por ANTONIO MORILLAS JIMÉNEZ.


"Aquella casa me produjo un miedo especial, de esos que te dejan paralizado por dentro, sin capacidad de pensar racionalmente, sin obedecer a las órdenes que te envía el cerebro. Iba de un lado para otro como un zombi, deambulando sin sentido, y la culpa la tenía aquel señor de la entrada, maldito, con las cuencas de sus ojos vacías, su sonrisa hipócrita, su cabeza, toda, como el puzle de la tierra del bosque en otoño, cubierto de hojas multicolores: la superficie de su cuero cabelludo, hojas; sus pómulos, hojas; su nariz, hojas; sus labios, más hojas. Y su maldita mirada negra persiguiéndome por dónde fuese. A pesar de todo, algo de él me atraía y sólo quería mirarle, pero cada vez que le miraba salía corriendo y me tapaba los ojos, como si temiera que él intentara sacármelos a mí. ¿Por qué a mí? ¿Por qué a los otros habitantes de la casa no les asustaba el hombre de la pared? Eran insensibles. O, ya sé: no les asustaba porque ellos habrían sido quienes le cortaron la cabeza y le sacaron los ojos, y le habrían colocado en esa superficie verde que simulaba césped, y le habrían cubierto de hojas para que pasase desapercibido como si estuviese en algún rincón de cualquier bosque en otoño. Yo, a pesar de la atracción que ejercía, que ejerce, el hombre sobre mí, he decidido no volver a esa casa nunca más por si decide vengarse con los más débiles de lo que le han hecho los mayores."
Desde esa primera visita, cada vez que sus padres le propusieron ir a aquella casa, el niño se negaba porque decía que un hombre que vivía allí  le quería hacer lo que le habían hecho a él. Después de dar muchas vueltas, de pensar qué hombre sin ojos, con pelo de hojas, sin cuerpo que sostuviese su cabeza -como el niño lo describía- podría ser el que vivía en su cabeza, cayeron en la cuenta de que tenía que ser el del cuadro con la máscara veneciana que colgaba de una pared de la casa de sus amigos. Hablaron con ellos  y decidieron quitar el cuadro y esconderlo para, después, intentar convencer al niño de que volviese porque el hombre ya había desaparecido.  Lo hicieron. Y un día volvió, pero cuando miró al lugar que había ocupado el cuadro, preguntó llorando:
- ¿Qué habéis hecho con la cabeza del hombre, la habéis matado también?

Y echó a correr escaleras abajo, aterrorizado.

Duendes y trasgos (pinceladas históricas) (1), por PACO PELEGRINA




                                                           


  1. BUSCANDO EL ORIGEN

            Puede ser que los más jóvenes, piensen que los seres de los que hablamos sean cuestión de las grandes productoras cinematógraficas de dibujos animados, o películas más o menos fantasiosas, que a través de ellas, puede parecer que son los inventores de los seres en cuestión, pero no es así. Como veremos la historia ya se encargó de ellos en detalle.

            Estas breves anotaciones comienzan en el siglo XV, y sobre todo analizando la cuestión en España, se evita lo anterior a esta época aunque constan más que suficientes referencias a la cuestión desde los escritos mitológicos de la antigua Grecia.

            Los duendes, (a veces el pueblo suele hablar de trasgos), ocupan un lugar importante en la folklore mítico de los pueblos, y ya en el siglo XV, Sebastian de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española, publicado en Madrid en 1611, dice:

"Es algún espíritu de los que cayeron con Lucifer, de los quales unos baxaron al profundo, otros quedaron en la región del ayre y algunos en la superficie de la tierra, según comunmente se tiene”
“Estos  suelen dentro de las casa, y en las montañas, y en las cuevas espantar con algunas aparencias, tomando cuerpos fantasticos, y por esta razón se dixeron trasgos."

            Para definir la idea de trasgo o duende recurro al Corripio que en su Diccionario de ideas afines publicado en Barcelona, Herder en su 4ª ed. de 1994 y dentro de la palabra fantasma incluye: entre otras las siguientes definiciones: duende, genio, gnomo, dijinn, elfo, enano, geniecillo, duendecillo, trasgo, espantajo, fantasmón...


            

            El padre jesuita Martin del-Río en su obra Disqvisitionvm magicarun libri sex, publicado en Venecia en 1616, asegura también citando a Covarrubias, y a otros jurisconsultos :

"consideraban a los duendes como demonios, aunque de poca categoría"[2]

            La Espasa, conocida de todos dice así:
           
“Se les considera como seres intermedios entre los espíritus y los hombres, y con poderes sobrenaturales como los que se atribuyen á los hechiceros y á las brujas”.[3]

            Por último y utilizando las palabras de Julio Caro Baroja en la obra citada, y ésta a su vez, aludiendo Iuris Spiritualis practicabilium, libri XV, publicado en Córdoba en 1635 nos dice:

"primero, que los teólogos españoles más eruditos, en los siglos XVI y XVII, creían en la realidad de los duendes como demonios de poca categoría; segundo, que estos duendes, en particular, eran caseros, domésticos; tercero, que armaban en las casas estrépitos gritando, gimiendo o riéndose; cuarto, que se les consideraba como guardadores de tesoros fingidos, que se convertían en carbones cuando pasaban a poder de los hombres; quinto, que ten`´ian semejanzo con ciertos números doméstisos y secundarios de la antigüedad clásica: con los espíritus de los muertos y de los caminos especialmente."[4]

2.                  NOMBRES DE LOS DUENDES

            Las denominaciones de los duendes, trasgos[5] o como se tenga preferencia en utilizar, puede variar, según el lugar geográfico, y según el idioma o dialecto del lugar:
           
"Sobre esto dice Fuentelapeña[6]: "supongo lo tercero, que a estos Duendes, en Castilla les llaman Trasgos, en Cataluña Folletos, que quiere decir, espíritus locos, y en Italia Farfarelli"[7]

“Llamanse los duendes cerca de los latinos genii, larvae, lemures, lares, y cada nombre détos les competía por los diversos conceptos que de ellos tenían.”[8]

“Éstos suelen dentro de las casas y en las montañas y en las cuevas espantar cn algunas aparencias, tomando cuerpos fantásticos; y por esta razón se dixeron trasgos.[9]

3.                  OBRAS DE LOS DUENDES.
           
            Volviendo a la obra del Fray Antonio la Peña, y en cita de Caro Baroja, en cuanto a las obras que realizan los duendes dice:

"Supongo lo quarto, que estos duendes de que hablamos, y que dezimos, se sienten en las casas, nunca hazen mal a nadie, sientese su ruido, sin percibirse de ordinaro el Autor dél, quitan, y ponen platos, juegan a los bolos, tiran chinitas, aficionanse a los niños más que a los grandes, y especialmente se hallan Duendes que se aficionan a los cauallos. En Milán es esto cosa muy sabida, y esperimentada; y vn Capitán me certificó a mí que en solo su compañía auía tres, que cuidauan de tres cauallos, y que el suyo tenían un Duende muy su apassionado, que le hazía las clines, le echaua de comer, y cuidaua mucho de su regalo, y adorno; experimentó, que dexando registrada la ceuada, y bien cerrada la caualleríça, echaua la ceuada menos; el cauallo almohaçado, y clinado, de una forma extrauagante, y poco artificiosa; y que quitándole las clines al cauallo, reconocía, que lo debía de sentir el Duende, y amenaçar al cauallo, como haziendo sentimiento se dexasse quitar el adorno, que  él auía puesto"[10]       

            Además de la cita expuesta, sacamos otras actividades que se citan haber realizado los duendes, a saber: 

"en las casa no viven constantemente, sino que cambian de vivienda" ; "echan piedras por los texados" ; "en las calles sin hacer daño bailan y hacen otros visages, mueven truenos, relámpagos, hazen caer rayos, recias lluvias, granizos y vientos".

            Por último, no todo se achaca a los duendes, sino que por la cita siguiente se deduce que haya otros seres:

"... y que puede servir desde nuestro punto de vista es que, por lo general, las acciones señaladas en último lugar son atribuídas más bien a otras especies de espíritus que a los duendes propiamente dichos"[11]

                                                           


4.                  PROPIEDADES DE LOS DUENDES.

            Como primera propiedad, y otorgándoles su dominio sobre las personas, se dice que:      -Se dejan ver de quien quieren y quando quieren.

            Pero además tienen otras propiedades.:

            -Tienen figura humana, y de acuerdo con la opinión más vulgar, aparecen con hábitos de religiosos.
            -Hablan.
            -Parece ser que no comen, sino que se alimentan de vapores, pero en cambio, si se creía que dormían, puesto que, según el común sentir, se les oía de noche y no de día, "con que deben dormir de día, y velar de noche, quizás, porque con la remisa luz de la noche ven (o ven meor)..."[12]
            -"...se alegran con los niños y no con los grandes, pues aunque estos los han visto algunas vezes, no llos han visto con aquel semblante regocijado, y alegre, con que los suelen ver los niños, según ellos lo refieren"[13]
            -“Si se les hace algún daño son vengativos y crueles y golpean, hacen tropezar y caer al que los ha molestado ó les producen graves enfermedades o la muerte. Roban el ganado, dejando en su lugar otro ilusorio y en ocasiones hacen caminar á los mortales durante la noche, recorriendo largas distancias y hasta siviéndoles de cabalgadura, cuando no los atormentas de diversos modos.”[14]

            Como se puede ver en esta breve síntesis, se podría hacer un libro sobre cualquiera de los cuatro apartados, que en ella expongo, pero sería demasiado extenso y hasta puede ser que aburrido.

            En los siglos siguientes (del inicio que yo cito del siglo XV), hasta el siglo XIX se escribió en muchas obras literarias sobre los duendes. Desde Lope de Vega, Tirso,  Calderón, y otros muchos autores de orden menor, hablaron de ellos.

            Como colofón os dejo unos versos de la obra Las travesuras de don Luis Coello, atribuidas a Marcelo Antonio de Ayala y Guzmán, creo que de 1765.
                                  
                                               Había un duende en una casa;
                                               y una y otra travesura
                                               no pudiéndole sufrir,
                                               el vecino, con cordura,
                                               trató de murdarse; y cuando
                                               los trastos los arrebuja,
                                               los suyos juntando el duende
                                               fuéronse a mudar; / y en suma,
                                               viéndolo el vecino, dijo:
                                               ¿Dónde vas? -¿En esto hay duda?
                                               Respondió el duende. Me mudo
                                               con él, si no se disgusta.
                                               -Pues si conmigo has de irte,
                                               dijo el vecino con mucha
                                               paciencia, quédomo en casa,
                                               si adonde me voy me buscas.


           
           





[1]    Para la redacción de este escrito utilizo principalmente la obra de : CARO BAROJA, Julio. Algunos mitos españoles y otros ensayos. 2.ª ed. Madrid. Editora Nacional, 1944 p. 145-182
[2]    CARO BAROJA, op. cit. p. 147
[3]    ENCICLOPEDIA UNIVERSAL ILUSTRADA EUROPEO-AMERICANA.Barcelona. Hijos de J. Espasa, Editores. (S.a.). Tomo XVIII, Segunda parte.
[4]    CARO BAROJA, op. cit. p. 146-147
[5]    ENCICLOPEDIA UNIVERSAL ILUSTRADA. Ob. Cit., define así a trasgos: “como el port. trasgo y en el ital. strega, del lat. striga, bruja)
[6]    LA PEÑA, Antonio. El ente dilucidado. Discurso único novissimo que muestra ay en naturaleza Animales irracionales invisibles y quales sean... Madrid, 1676
[7]    CARO BAROJA, op. cit. p. 149-150
[8]     COVARRUBIAS, Sebastián de. Tesoro de la Lengua Castellana o Española, según la impresión de 1611, con las adiciones de Benito Remigio Noydens publicadas en la de 1674.. Edición reparada por Martín de Riquer. Barcelona. S.A. Horta, 1943. p. 487
[9]    COVARRUBIAS, Sebastián de. ob. cit. p. 487
[10]  LA PEÑA, Antonio. op. cit. p.143
[11]  CARO BAROJA, Julio. op. cit. p. 152
[12]  CARO BAROJA, Julio. op. cit. p. 152
[13]   CARO BAROJA, Julio. op. cit. p. 152
[14]  ENCICLOPEDIA UNIVERSAL ILUTRADA, ob. cit. Tomo XVIII, segunda parte. p. 2373

Juicio, por ANGEL OLGOSO






Aquel ciudadano no ha acusado de brujería a la mujer ante el Tribunal que habrá de torturarla porque creyera que negociaba carnalmente con Belcebú la ruina de su familia, ni porque la haya visto danzar hasta el amanecer en torno al Macho Cabrío, o amasar ungüentos con belladona y hojas de álamo y grasa de niño, o beber la leche de los jarros que reposan en los alféizares de las ventanas, ni siquiera para vengarse y que sus bienes sean confiscados, sino porque cuando los inquisidores busquen en su cuerpo la señal del Diablo (una heridita impía, un pliegue satánico, una pequeña pero obscena mancha, un lunar sacrílego) él podrá al fin contemplar desnuda a su vecina.

Arrullo de hadas, por DORI HERNÁNDEZ MONTALBÁN.


No muere la luz en el crepúsculo, se prolonga a otras latitudes, se inclina en ángulo obtuso desde su vértice para caer sobre la cima de la montaña. Miro el sol que semeja ahora una bola de brasas incandescentes incendiando el horizonte, y veo caer las nubes como delgadas pavesas sobre la tierra. Si cierro los ojos y agudizo el oído puedo escuchar el agua culebrear por las acequias, a los pájaros gorjear como si se hubieran tragado una ocarina. Sé que vuelan las mariposas blancas invadiendo el aire mientras cae una lluvia de pétalos sobre los tejados; debe ser esta la hora de las hadas, sin duda alguna. Y tú, Ojos de uva, te has quedado dormida, rendida en tu rincón. No me extraña, después de haber estado toda la mañana jugueteando con los visillos y las cortinas de la casa. He dejado el balcón entreabierto y se ha colado una brisa inesperada y recia que los ha abombado, así henchidos semejan las velas de un velero en plena travesía. Me he tenido que reír, alargabas tus patitas delanteras como si estuvieras saludando a alguien o quisieras agarrar algo. 

¿Acaso tú ves algo que no puedo ver yo? No podemos saberlo pues esto, aun forma parte de la geografía de la incertidumbre, como la constatación de la existencia de las hadas. Sin embargo, ellos, los seres féricos, nos visitan, suelen acudir en nuestra ayuda, Nosotros no queremos darnos por enterados pero se los puede distinguir fácilmente. Suelen vivir entre las hojas de los chopos, embrisados en las cortinas y visillos, enredados entre las cosas de la gente que vienen y van, nadando en el agua sonora de los ríos o dormidas en los rincones más recónditos de las viejas casas. Huyen del ruido, gustan del silencio y el murmullo del agua. Traviesos y juguetones, se balancean con el viento. En las noches de verano los delata el olor a jazmín y damas de noche. Los anuncia el pacto de luz que rubrica la luna en el misterio plácido y oscuro de la noche. Duermen en los bosques donde habitan los mirlos y se despiertan con el canto de timbre líquido que ellos entonan en sus amaneceres de ensayo. ¿Has escuchado cantar a los mirlos? ¿Cómo resistirnos a tanta belleza? al poder narcótico de las manzanas, al crujir de las cerezas en junio, a los dulces sabores de los frutos de la tierra y sus raíces, al perfume embriagador de las naranjas o la hipnótica visión de la amapola entre los trigales, al revoloteo de las mariposas anunciando buenas noticias o al viaje aéreo de los deseos y anhelos que insuflamos en el diente de león. 

Nada es lo que parece Ojos de uva ¿Que es realidad o qué es sueño en este mundo nuestro? A ti que te gusta jugar con los insectos ¿has reparado en las figuras fractales que se aprecian en las alas de las mariposas o en las hojas? parecen venas, arterias vegetales. Hay otros mundos que no vemos que no puede percibir el ojo humano. Y aun viendo y percibiendo ¿cómo estar seguros de que aquello que se ve es tal y como lo vemos? Sea como sea, desde el momento que nombramos dotamos de existencia a lo nombrado, aun sabiendo que aquello que se nombra nos es totalmente desconocido.