La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

martes, 14 de marzo de 2017

La la land, la película, por MAURICIO JARAMILLO LONDOÑO.


Unos ojos gatunos, enormes, entre verdes, grises y azules, me miran desde la pantalla. Esos ojos me perseguirán pues son los ojos del alma, los de la picardía, los de la derrota, los del amor, los de la decepción, los del desafío, los de la resolución, los de la búsqueda de un sueño, los de la felicidad.
Azul azul, verde como el pasto, amarillo pollito, naranja solar, crema, rojo de vida, azul acero, rosa y fucsia, turquesa y limón, albaricoque y escarlata, colores básicos que me acechan, brotan de los vestidos de Mia, salen de los pliegues de sus faldas, de sus zapatos de baile, de las escenas entre luceros y océanos.
Hollywood y sus estudios, los edificios artificiales, las callecitas de un pueblecillo, la heladería, el café salpicado sobre la blusa, el observatorio donde cae polvo de estrellas; de repente, como con la varita mágica de Campanilla se rompen las leyes de la gravedad y se vuela, se baila, se ama, se besa.
La primavera, el verano, el otoño, el invierno, un joven determinado pero frustrado, rabioso con el mundo, queriendo el jazz como si fuese su amante y su sino; una muchacha pelirroja, frágil, blanca como el mármol, repleta de pasión por la escena, por la actuación, ve a ese hombre, lo encuentra ―en una ciudad de millones de habitantes―, se tropieza con él, choca contra su decepción y su cólera, y vuelve y lo halla, es el destino, lo inevitable, el porvenir.
Va a audición, gracias, la próxima; llora de derrota, entra a un salón, oye al pianista y se embelesa, es él: ¡hay que buscarlo!
Y al fin, se emparejan, son dos pájaros libertarios que hipnotizados caen en el enigma del amor, en sentir el aroma del otro, la piel de aquel, el alma gemela, la conversación eterna, las ambiciones frustradas, el jazz, el teatro, el no lograr en la ciudad de las estrella nada; la derrota, huir, vencerse, frustrarse; luchar, perseguir el sueño, perseverar, obstinarse en la idea
Tienen su casa, duermen juntos, se adoran. Bailan, cantan, no resisten estar el uno sin el otro, se apoyan y…
Mia es ya una actriz, tiene un retoño y un marido y un Hollywood a sus pies; Sebastian abre su club de jazz, es feliz. De repente ella entra… se ven de nuevo, él llora en el piano, ella sueña con su vida junto a él…
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Como un perro que se asoma contra el viento fresco desde el carro que conduce su amo, como un huracán limpio venido de la selva virgen, así bebí esta maravillosa película. Ni una gota  de sangre, ni un gramo de violencia, ni un muerto viviente, ni un ladrón maligno, ni un mafioso brutal; solo el destino del amor, el corazón embriagado de ese resoluto que es Sebastian y de esa dulzura que es Mía. ¡Salí feliz!
No es el séptimo arte, es el primero. Escultura pero pétrea, pintura pero enmarcada, teatro pero escénico, música pero instrumental, literatura pero libresca, arquitectura pero edificante. El cine las recoge a todas: ¡qué maravilla!


¡Y qué lástima ser sólo un escritorzuelo!

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