La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

viernes, 14 de octubre de 2016

Ruido, por GLORIA ACOSTA.

Fotografía de Arturo Villarrubia
  
   
    Cuántas veces tengo que decirte que no entres al trastero. Un día se te caerá encima a saber qué...con la de tiempo que hace que nadie limpia ahí dentro. Tengo que llamar al portero para que cambie la dichosa cerradura. Anda ven, que te he traído tu ración de jamón. Qué bien huele ¿verdad? Mi pobre Peny, hasta el olfato has perdido. No me atices con el rabo. Claro que yo también he perdido algo de oído, pero no me quejo, así que deja de maullar, gata mimosa, y come. Recojo la cocina y nos vamos al sillón. Hoy vengo agotada y total para qué, para volver a escuchar la misma monserga. Que si mi Pepe esto, que si mi Manolo lo otro... malditas vejestorias aburridas. No me mires con esos ojos inquisitivos. Ando desmemoriada pero sé la edad que tengo. Ya quisiera verlas cuando tengan mis años ¿Sabes que te digo? Se acabó, no vuelvo a esas reuniones de beatas nunca más. Y no trates de convencerme cimbreándote de esa manera, que ya no tienes edad para seducir a nadie. Además tú ya no estás para esos trotes y tampoco te pierdes nada. Ven, vamos a sentarnos. Madre mía qué mal hueles, no vuelvas a meterte en ese asqueroso trastero. ¡No…no…quieta!.. ni se te ocurra arañar la puerta, schsss ...calla, no hagas ruido, si se  entera Teresa de que estamos en casa vendrá a fastidiarnos la tarde. ¡Claro que la adoras! pero es una impertinente y presuntuosa. Me estaré volviendo una vieja huraña pero ya no aguanto sus aires de grandeza y ese afán por parecer la madre Teresa de Calcuta a todas horas. Ahora va de...¿cómo se dice?  Esta modernidad de poner nombres extranjeros a cualquier cosa me saca de mis casillas. Doña perfecta, dando consejos. Genoveva haz esto, Genoveva no hagas lo otro. ¡Por Dios! Si no ha podido manejar su vida, cómo pretende ser modelo de nadie. Lo único bueno que ha hecho fue traerte a casa aquella tarde. Y pensar que se me llevaban los demonios. No quiero animales en casa y además no me gustan los gatos. Claro que no lo recuerdas, apenas eras una bola de pelo. Para que no estés sola Geno querida...¿quién le dijo que necesitaba  compañía? ...Tiene pedigrí y se llama Penélope. ¿Que clase de nombre es ese para una gata? Fifí, Lulú, Mimí... esos son nombres de gata, pero ¿Penélope? ¿Un tributo a la eterna espera? Yo he dejado de esperar. Una arpía...eso es lo que es, metiendo siempre el dedo en la llaga...No te merecía, querida y tu hermana no tiene perdón, aunque deberías acercarte a tus sobrinos, Geno, ellos no tienen la culpa. ¿Mis sobrinos? Yo no tengo sobrinos, esos son los hijos de la zorra de mi hermana. Maldigo estas manos que la acunaron de pequeña...Pobre mamá, no soportaría este vocabulario vulgar, ella siempre tan refinada y exquisita, aunque de poco le sirvió cuando papá se largó con  aquella soprano. Ya se lo advertí mil veces...demasiado tiempo ensayando juntos, y aquellas miradas cómplices cuando él la dirigía desde el podio. Al menos el dinero nunca faltó en casa cuando se marchó, sería su manera de acallar la conciencia, no como Fernando que se lo llevó todo para consentir a la insaciable de mi hermana. ¡Ay Genoveva! qué pena que no te hubiera preñado, al menos un hijo te daría una razón para seguir luchando. Hijos...para que me humillen como a ti los tuyos. Los patios son altavoces que gritan nuestras miserias, así que no trates de maquillar tus inmundicias y darme lecciones de buena vecina. ¿Duermes  Penélope? Me gusta tanto tu ronroneo...Hazme compañía, anda, y no me escudriñes así  por favor. No he tomado la pastilla de la mañana, no recuerdo dónde he puesto el frasco, espero que no se te haya ocurrido colarte en mi habitación y lanzarlo bajo la cama, sabes que en mi dormitorio no puedes entrar. ¿Acaso no tengo derecho a un espacio donde regodearme en mi  soledad? Ya invades tú el resto de la casa. Mira, está aquí en la cocina. Hoy no me hagas caso, mi niña, demasiado ruido en esta cabeza. Es culpa mía por hablar con una gata, pero tú eres mi álter ego, tú deshaces mis nudos y lames mis tristezas, aunque a veces te odie por remover el caos que llevo dentro. Dime, cuando muera ¿qué va a ser de ti? Acabarás  sacrificada en cualquier perrera, siempre que tu maltrecho corazón no lo haga antes...ni sueñes que vivirías con Teresa, su generosidad es pura fachada. Perdóname Penélope, te he preocupado, anda ven, sube a mis rodillas, tocaré para ti el Adagietto si esta artrosis me da una tregua, el Steinway lleva demasiado tiempo en silencio. Deja de lamerme y escucha...qué prodigio de sencillez, siente su lirismo, su cadencia...ensueño y nostalgia, amor y muerte, Eros y Tanathos cada uno ocupando su espacio. Nadie dirigió a Mahler como papá, nadie marcaba el tempo de esta sinfonía  como él. ¿Crees que cualquier sitio es bueno para morir, Peny? Yo no lo creo. No es igual morir en Venecia que en esta casa. El mundo nace cada día entre estas paredes, mientras nosotras morimos de a poco. Yo podría soportar la soledad, estoy tan acostumbrada... pero tú no aguantarías la tuya. Sería tan fácil...bastaría con diez de este bote en tu paté de salmón...Eso es...come. Y ahora ven a mi habitación, me tumbaré a tu lado y te velaré...Claro que  puedes subir a mi cama, hoy sí...Deja que te acaricie mientras cierras los ojos...¿me oyes?.
  Al fin descansas mi dulce Penélope.

 ¿Por qué me pesa tanto este silencio? Te has llevado mi ruido al paraíso de los gatos.

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