La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

domingo, 15 de junio de 2014

García Márquez y Pedro Antonio de Alarcón, por ANTONIO MEDINA GUEVARA.




Esta tierra es mi vida y mi vida está clavada igual que una cruz al cementerio de este pueblo…
La siento como si fuera un corazón palpitando a borbotones su sangre cristalina desde alguna de sus fuentes; que sus acequias son sus venas y las mías, que su cielo es mi cielo y sus veredas los caminos por los que nunca me pierdo. Siento, que desde que mis pies empezaron a andar lo hacen sobre ella y su piel; siento que me escucha, que me habla, que me quiere y yo la quiero sin condiciones; que somos  complementarios a la vez que uno mismo.
La tierra… ¿Qué es la tierra?
Alguien me dijo una vez que la tierra es el espacio donde se plantan las almas… Yo entonces no lo entendía.  También  me dijo que todas las tierras parecen  iguales, pero que todas son diferentes. 
Comenzaré por decir que la mía es una tierra seca, fuerte, con acequias que son las venas por donde el agua transmite la vida a su paso y que a su vez  vienen de unos sitios donde laten muchos corazones enterrados: sus fuentes. A veces es tan gris, tan clara, que se confunde con las nubes del cielo; a veces es tan roja que parece que sangre… ¡Y fuerte!
Tiene que serlo.
Ha sufrido tanto y de tantos, que respira con dificultad; ha parido tanto y a tantos, que parece una madre derrotada. Pero no. No está derrotada. Aún le queda mucho aliento. Nunca se rinde.
¡Cómo cualquier madre!
Lo primero que entra por tus narices al nacer es el polvo de la tierra que te envía al mundo, la misma que —mejor más tarde que temprano— te acogerá como lo hace con las raíces, que cuando no la tienes en tus pulmones parece que les cueste respirar. La mía llora de alegría cuando la riegan las lluvias, brilla a los reflejos de las hojas de plata de los olivos, juega con los remolinos de las brisas, hierve en los veranos y se congela al frío de los inviernos...
A veces parece latir como un corazón viejo. Aunque no quieras la tienes que querer. Es como una mujer… ¡Es bella...! ¡Es dura...! ¡Tiene mucho carácter!

Seguramente quien lea esto se preguntará a qué cuento viene la relación entre Pedro Antonio de Alarcón y García Márquez: nada… Pero sí para mí.
Estas parrafadas de mi libro “Al lado de tierra santa” las escribí hace ya bastantes años en Cartagena de Indias, la ciudad donde “Gabo” volvió algunas veces a su país y que, al leer algo suyo y sin saber por qué, me trajeron algunos pensamientos del Altiplano de Granada. Luego alguien dijo que no, que era del estilo de Delibes o Azorín, pero yo creo que fue él quien me hizo describir a mi tierra en mi cerebro y en aquél momento… Salvando las diferencias, claro.
Y a “Gabo” se las dedico.
Recuerdo que había vuelto hacía poco de mi pueblo de Granada (Zújar ), que era pleno invierno y que creo que sería por entre el  2000 - 2005. También que por aquel entonces estaba en el siempre verano de Cartagena de Indias, que acababa en mi visita y que volvía por enésima vez a España con mis pensamientos tristes (como siempre que así sucedía), cuando después de haber visitado la casa donde  “Gabo”, ese hombre al que muchos de sus paisanos esperaban horas para vez verlo por allí en esos días lo llamaban desde la calle para que apareciera.
Yo acababa de visitar Santa Marta y ya estaba desde hacía años enamorado del departamento del Magdalena y de su río y canal del mismo nombre, pensando entonces,  junto a unos amigos, poder patear más adelante esos lugares del Magdalena y de su Sierra Nevada que lleva el mismo nombre que la mía, como también lo que era hace cientos de años la Nueva Granada y que tanta referencia nos une, cuando me llegó la hora de volver.
Eran tiempos de guerra en Colombia y aquella idea tendría que esperar.
Reconozco que a mi ese nombre (Gabo) no me decía nada, que supe de quien se trataba cuando alguien dijo el nombre de pila del que yo sabía que había escrito un par de obras magníficas: “Cien años de soledad” y “El amor en tiempos de cólera”, entre mucho más, y también supe que era periodista y que había trabajado en “El Espectador”, un periódico de hojas tan enormes que costaba leerlo si no era sobre una mesa.
Luego llegué a Bogotá para transbordar al avión que nos llevaría hasta Madrid y pensé en comprar revistas y entretenimiento para el viaje, cuando una persona me dijo: <<Compra ese libro de “Gabo”, que es nuevo…>>  <<¿Te gusta Gabo…?
No sé si era por el título, o sí por otras cosas, que compré mis revistas y el librito de marras: “Historias de mis putas tristes”, que era tan corto como mis días pasados en Cartagena y que lo traía conmigo a España.
Ya en el avión, ojee el librito y pensé que, como era tan corto y aparentemente malo, lo acabaría pronto, y así fue. Pero aunque el libro me pareció malo y un poco zafio en principio, como escrito por lo que era: un viejo que añoraba sus días de juventud, bastante machista, que defendía al dictador Fidel del que también sabía en primera persona por mis viajes a la Perla del Caribe. En definitiva: que era un viejo chocho y trasnochado.
Al leerlo pensé también que Gabriel García Márquez escribía muy bien, pero que contaba poco… Hoy opino lo mismo del libro, pero no del autor, porque la expresión y el vocabulario eran y es exquisito; pienso que tal vez me recuerda los años de mi niñez en que llamábamos a las cosas con ese leguaje que todavía se oye en Colombia.
Releí después el libro hoja por hoja, parrafada por parrafada, y al poco pensé en cómo me gustaría a mí escribir así, pero con una buena historia de por medio.
Luego leí a otro gran desconocido por mí y por más señas paisano: Pedro Antonio de Alarcón, y supongo que ambos me incitaron después a escribir mis modestas historias.
Leí de ellos que escribieron en su día cuentos o historias cortas, y yo empecé a hacer lo mismo, luego novelas, y también lo hice, pero cuando leía poesía de Pedro Antonio de Alarcón comprendí que eso no podría hacerlo, y seguí con mis cuentos y novelas. Por el año 2011 publiqué en Colombia un cuento dedicado a Cartagena de Indias (“Una mujer llamada Muerte”), que es una “adaptación” de otro cuento de Alarcón, al cual se lo dediqué y que pienso es una fantasía de la “muerte”, del paisaje y del embrujo de esa ciudad.
Las narraciones de García Márquez, con ese lenguaje criollo tan auténtico del  español que ya no se habla aquí, y del que  no entendemos algunas palabras y expresiones, son un lujo para la literatura universal, pero sobre todo para recuperarlo, ya que los modismos y el simplismo están quitando de nuestras lecturas palabras preciosas y ajustadas al castellano que sirven para expresar todo en su justa proporción. Un lujo en la escritura y pos su supuesto en la narración y lectura.
Tengo que decir que he visto un par de veces a este narrador universal en mi vida: una en Cartagena de Indias y otra de refilón en la Habana y que, aunque no comparto su mentalidad  política, es y será una referencia para quien quiera aprender a narrar historias.
De “Gabo” intento empezar mis libros con un arranque que atraiga (aunque no creo conseguirlo) y de Alarcón intento seguir las tramas… De los dos aprender.
Cuando mi novela “Al lado de tierra santa” quedó finalista en el premio Azorin de 2012, una persona me dijo en referencia al manuscrito que le pareció el comienzo de Márquez, el estilo de Delibes y la historia de Muñoz Molina; no cabe duda que me dijo el mejor piropo que podrán decirme nunca y que (aunque sea mentira) yo le agradeceré toda mi vida, pero lo que no sabía es que fue García Márquez sin pretenderlo quien me animó a escribir, aunque no cabe duda que la comparación me gustó por lo que significan esos personajes para la literatura.
Ahora, casi cada día, leo algún fragmente de alguno de ellos para aprender, pero no me cabe duda de que será un imposible poner las palabras en sus justos términos; sin que sobre o falte un matiz, una imagen reflejada en las palabras o en su riqueza de expresiones, y que desde hace muchos años admiro en el “vocabulario” colombiano lo que tantas veces he podido escuchar con mis propias orejas en mis constantes vistas a ese país, que tanto nos admira a la vez.
Decir que me une a Márquez la admiración y cariño que siento por Cartagena de Indias, “mi otro pueblo”, una ciudad que pienso es la más bonita de las coloniales americanas y que mantiene ese halo de libro de aventuras donde, piratas, corsarios, hombres con la pata de palo y parches en un ojo, junto a lugares de fantasía y mujeres preciosas se reúnen para hacernos soñar con otros tiempos.
Murió “Gabo” y nació una figura universal de la narrativa difícil de superar.


(Esta nota pretendo escribirla en forma de artículo periodístico del que no sé nada, pero que lo intento, por ser una forma en la que Gabriel García Márquez se defendía como un genio)

4 comentarios:

  1. Esta mañana, un tanto simple en mi devenir de horas, me encontraba dando un repaso a los escritos del día en Facebok cuando he tropezado con este artículo tuyo y me he enfrascado en su lectura, después de releerlo un par de veces he sentido la necesidad de escribir estas breves palabras para agradecer tu bien hacer comunicativo y esa facilidad que tienes para expresar las cosas, esa sencilla forma de retratar la vida ensalzar los personajes y engrandecer tu tierra, que es la mía, esa destreza innata de llevarnos al pasado y el don humilde de los grandes con alma. Te felicito amigo Antonio Medina y me felicito a la vez por haberte conocido.

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  2. Gracias por tus palabras Esperanza. A veces escribir es fácil cuando nada más se trata de poner en unas hojas tus vivencias. Será que la tierra siempre sale de la pluma, unos para relatar cosas y otras para cantar poesía, como haces tan precioso tú. Un abrazo paisana.

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  3. Me ha encantado tu relato, Antonio por el desarrollo, tu conocimiento de Cartagena de Indias y de Gabo, y que te hayas acordado del inolvidable Alarcón, que fue incomprendido en Guadix. La primera página de 'Cien años de soledad' casi me la aprendí de memoria, es preciosa. Estoy de acuerdo contigo en que su amistad con el dictador Fidel le perjudicó mucho, mientras que sus últimas novelas no eran de la calidad de las primeras. Pedro Antonio de Alarcón para mí es como un padre y un modelo a imitar, pero ahí está casi olvidado e incomprensiblemente no valorada su prosa. Las relaciones de ambos escritores con su tierra fueron dificíles, pero bueno, ahí tenemos a dos maestros

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    1. Totalme de acuerdo contigo Leandro, aunque la "suerte" en este caso fue para Márquez, porque Alarcón creo que lo supera en algunas cosas (sobre todo en poesía), aunque los dos fueron genios. Por desgracia nuestro paisano no ha sido reconocido en su totalidad, pero creo que es cuestión de tiempo, pues los genios son en la mayoría de los casos reconocidos tarde...

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