La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

lunes, 29 de marzo de 2021

LUNA DE MARZO, por Consuelo Jiménez.



 El que tiene imaginación, 

  con qué facilidad saca de la nada un mundo

                               Gustavo Adolfo Bécquer




En esta noche turba de diosa cegadora, 

se agitan lóbulos en el recoveco de candentes fauces.

Profundo seno de éxtasis,

que siembra marzo cuando invoca a abril. 

Velada la cara de la conciencia,

no hay amenaza en la atmósfera.

Retomo el poema en la incandescencia del templo,

gateo por la hechura de las palabras,

hormigueo entre ellas,

abandono el pensamiento abstraído en su vigor.

Al entreabrir los ojos,

descubro peces en la neblina,

confundo el azul del cielo con un mar de fantasmas, 

metáforas que aún respiran,

y con ellas le entrego el alma 

al fulgor de un sueño repentino, 

factible quimera donde morir de amor.


COMO UNA INSINUANTE PLEGARIA, por Nicola Foti.

 


 

Resuena en mi mente

tu nombre

como una insinuante plegaria.

 

Perfumas de incienso

la llama que derrite la cera

sobre la frente perlada de sangre

de Jesucristo.

Y en él encuentras el refugio

que desde tanto tiempo implorabas.

 

Como a una virgen negra

te venero desde la sombra.

Abres los húmedos labios;

purpúrea puerta

donde la vida se hace carne

y grita desde lo más profundo.

 

Madre exenta de toda mácula,

ofrece a tu hijo al mundo

libre del pecado

que la fe redime.

 

Si amarte es pecado

arderé eternamente;

moriré mil veces

como el toro muere

por la espada amada

y que el corazón le quiebra.

 

Impregnaré de rojo

tus jóvenes pechos

donde dulcemente se encuentra la muerte;

Y el otoño cuajado de silencio

por la coloreada lluvia

encharca los caminos

donde el alma yace.

MI CUERPO EN FUGA, por Inma J. Ferrero.

 


Mi cuerpo en fuga
respira esta oscuridad
que recuerda al horizonte.

Soy púrpura en el filo
de tus labios.
En el alba inquieta
que se anuda al ocaso.

Mecida
en este estrépito silente,
me mantengo firme en la palabra.

Ardo en la fiebre
de presentirte;
en el álgebra
de todo lo amado.

Tu imagen se modula
en el confín de mi tacto;
en esta noche ebria
tejida por tu nombre.

Eres el destino
enraizado en mi vientre.
La simiente esparcida en la tierra,
a la espera del grano.

PARA ELISA, por Pedro Pastor Sánchez.

 


Acurrucada en aquel incómodo sillón de hospital, Elisa aprovechó el interín entre merienda y cena para cerrar un rato los ojos. Le pudo el agotamiento y finalmente acabó dando una generosa cabezada. Se despertó con más ánimo, tal vez espoleada por las imágenes placenteras que impregnaron su mente durante el sopor.

Parecía que lo estaba viendo, tal como lo recordaba con cincuenta años menos, con su camisa desabotonada, mostrando un remolino de fino pelo en el pecho, con el que pretendía impresionar a las féminas de la pandilla. Cuando se conocieron eran apenas unos chiquillos. Sus padres habían heredado la casa de los abuelos en el pueblo, y aunque solo fuera porque no se cayera a pedazos, decidieron arreglarla y pasar allí  fines de semanas esporádicos. Luego le cogieron el gusto a permanecer largas temporadas vacacionales, más barato que un hotel y con todas las ventajas para evadirse del estrés de la urbe.

No recordaba si la primera vez que vio a Ángel fue en la tienda de ultramarinos o en la de chuches, junto a la iglesia. Tampoco es que le hiciera mucho caso por aquella época. Una chica desgarbada, algo patizamba, con largas coletas, tres años menor, no entraba precisamente en los planes de aquel mozalbete para pasar un rato divertido. Otra cosa ya fue cuando el patito feo se convirtió en cisne. Las hormonas hicieron su trabajo y Elisa se mostró aquel verano en la piscina en todo su voluptuoso esplendor. A través de su amiga Clara, a la sazón prima de Ángel, los encuentros, siempre en pandilla, se convirtieron en diarios. Ya sus amigas le tiraban pullitas a los tortolitos, pero ella se hacía la digna y decía que no quería líos hasta que no terminara sus estudios. Error. Una noche terminaron enrollándose en el cine de verano que montaban en el frontón de la escuela.

Ángel no destacaba precisamente por la finura de sus maneras, pero era un chico noble y de trato amable, que se esforzaba por agradar. En sus largas charlas estivales junto al paredón de la ermita, Elisa le confesó su gusto por la literatura romántica. Se pasaba las horas muertas leyendo a Brontë, Austen, Keats o Byron. Le fascinaba el vocabulario exuberante y melancólico, y esa forma tan pasional de vivir las relaciones personales. En una de esas plácidas tardes sin siesta, el chico le sorprendió con su particular versión, algo atropellada y con versos perdidos, de la «Canción del pirata», de Espronceda. Fue solo el aperitivo de lo que vendría. La última tarde de aquel estío, lleno de caricias y besos adolescentes, la amenizó, justo en la despedida, con un sentido recital del poema de Keats «A la soledad».

Soledad provisional, pues ya nunca se separarían.

 

Elisa aprovechó la generosidad y sacrificio de sus padres, y en aquel piso de estudiantes, bajo la perdida mirada de una reproducción de «El caminante sobre el mar», de Friedrich, y al compás del «Para Elisa», de Beethoven, o las notas de Chopin, Wagner o Schubert, se sacó, no sin esfuerzo, la carrera de Historia del Arte.

Mientras, Ángel intentaba labrarse un futuro. Lo suyo no era darle a los codos, de hecho, no llegó a terminar el instituto. Su tío Juan lo embarcó en su empresa de reformas, que poco a poco fue creciendo, dando el salto a la construcción de chalets de lujo en las zonas más cotizadas de la capital. Sus encuentros en los parques, los fines de semana, eran tórridos y apasionados, y pronto empezaron a pensar en proyectos de convivencia.

Con tan solo veinticuatro años, Elisa se arrodilló, vestida de blanco, en el crucero de la iglesia. Un año después nació su primer vástago, al que seguirían dos más, en un breve lapso de tiempo. Se habían instalado en un céntrico pisito frente al Museo del Romanticismo, el negocio del ladrillo les había proporcionado un holgado colchón económico.

Las pretensiones laborales de Elisa quedaron truncadas con la maternidad. También sus expectativas al respecto de su vida matrimonial. Cada vez las ausencias de Ángel eran más largas, los viajes más frecuentes y distantes. El único detalle romántico, por decir algo, que su cónyuge le brindaba por su aniversario, era una rosa —las más de las veces enviada por mensajero—, y anexa una nota manuscrita con letra torpe e indecisa: Para Elisa.

Pasaron los años, también las infidelidades no confesadas y enterradas bajo un silencio opaco, le acobardó romper con todo sin tener a qué aferrarse. Y mientras sus hijos crecían ajenos a la melancolía que le corroía, ella decidió pasar sus mañanas en el museo que observaba por las ventanas. Allí se refugiaba y olvidaba, por un rato, la monotonía de su anodina existencia, dando rienda suelta a su imaginación componiendo una ucronía perfecta de su propia vida. En aquellas paredes, muebles, cuadros, objetos, se respiraba el aroma de otra época, otros valores, vivencias que le hubiesen gustado experimentar, sentir, disfrutar.

Fue el propio personal del museo, con el que forjó amistad a lo largo de tantos años, el que le animó a postular su candidatura al puesto vacante dejado por Genaro, que se acababa de jubilar. Cumplía todos los requisitos, y la verdad es que ya nada hacía en una casa vacía, sus hijos volaron buscando su propio rumbo. Incluso Ángel, para su propia extrañeza, le exhortó a hacerlo cuando se lo comentó. Fueron los mejores años de su vida, le encantaba explayarse con los visitantes.

 

Ahora que apretaba con fuerza la mano de Ángel, cuando los estertores se lo arrebatarían en cuestión de minutos, rememoró aquel remoto pasaje juvenil, recitando de nuevo a su querido Keats:

 

Esta mano viviente, ahora tibia y capaz
De agarrar firmemente, si estuviera fría
Y en el silencio helado de la tumba,
De tal modo hechizaría tus días y congelaría tus sueños
Que desearías tu propio corazón secar de sangre
Para que en mis venas roja vida corriera otra vez,
Y tú aquietar tu consciencia —la ves, aquí esta—
La sostengo frente a ti.

jueves, 25 de marzo de 2021

Bases de la convocatoria del I Certamen de Relato "El sombrero de tres picos"


Género:
  Relato

Abierto a:  escritores nacidos o residentes en España

Entidad convocante: Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte “La oruga azul” y Asociación CO-MARCA GUADIX NATURAL.


País de la entidad convocante: España


Fecha de cierre:    20 de julio de 2021


BASES


La Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte “La oruga azul” en colaboración con la Asociación CO-MARCA GUADIX NATURAL con la finalidad de promover la creatividad literaria y apoyar los productos de nuestra tierra. Convoca el I Certamen de Relato El sombrero de tres picos 

1. Podrán participar en este certamen todos los escritores que hayan nacido o residan en España.

2. Los trabajos literarios tendrán una extensión máxima de 1000 palabras, en letra tamaño 12, Arial, interlineado doble. Los relatos serán originales, rigurosamente inéditos y no presentados a otros certámenes.  El tema de las obras será la agricultura y su ambiente, se enviarán al correo: laorugazul2013@gmail.com.

3. El plazo de presentación comienza el 8 de Junio y finaliza el 20 de julio de 2021.


4. Un jurado compuesto por personas relacionadas con la literatura y la agricultura valorará los trabajos.

5. De todos los trabajos presentados, se seleccionarán 20 que a criterio del jurado tengan mayor calidad, entre los que se escogerán los ganadores. Los 20 mejores trabajos literarios, serán publicados en un número especial de la revista electrónica “Absolem”


6. Premios: Se establecen dos premios.



• 1º Premio: recibirá un lote de productos y un lote de libros.
• 2º Premio: un lote de productos.


El fallo del jurado se dará a conocer el día  3 de agosto.

domingo, 28 de febrero de 2021

ABSOLEM (Revista electrónica), Núm. 52, 28 de febrero de 2021" El árbol de las palabras".

 


Revista ABSOLEM, editada en Guadix (GRANADA) por la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul", 
laorugazul2013@gmail.com
ISSN: 2340-8634




SUMARIO




ENTREVISTAS: 





INVITADOS: 






POESÍA: 







RELATOS: 














ASOCIACIÓN CIVIL QUERER LEER A. C. (Villahermosa, Tabasco, México)



SOMOS Un grupo de amigos y amigas con un denominador común: la confianza en la lectura como elemento vital, emancipador para el ser humano. Visibilizamos la ausencia de su promoción en escuelas y hogares.

Este objetivo nos hizo buscar un manera organizativa para promover la lectura y la escritura con amplitud. Una asociación Civil fue lo que nos pareció conducente, y desde hace tres años estamos conformados como tal. Ya, antes, iniciamos nuestras actividades de promoción, aunque fue ya, una vez constituidos como asociación cuando dios un enfoque sistemático a nuestras actividades. Contamos con talleres, diplomados, charlas y conferencias, círculos de lectura, presentaciones de libros y revistas, de cuentacuentos, así como la publicación de libros y revistas. Proponemos hacer de la lectura y la escritura prácticas cotidianas.


Gamaliel Sánchez Salinas (Presidente de la Asociación Querer Leer

Página de Facebook: 

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