La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

martes, 14 de julio de 2015

Desahucio, por YOLANDA MARTINEZ ARANDA


                                              
                                   Pasea la vergüenza y pide el vil metal
que a todos nos condena.
“Soy padre de tres hijos”,
garabatea con la tinta de sus venas.
                            Cada día pasea su silencio y su pena
                            su desesperanza,
                            su incertidumbre,
                            su desesperación.

Las manos que ahora acarician a su can cerbero,
acariciaron la suave piel del deseo,
la comodidad del hogar
y el rostro de sus hijos.
Manos que trabajaron la tierra,
que leyeron poesía,
que jamás mendigaron y
que ahora claman dignidad.

Manos que pasean por las deudas,
por el vértigo del miedo.
Manos que lloran y saltan

desde el filo del desahucio. 

Éxodo, por ALICIA MARÍA EXPÓSITO.


  Dicen que no es posible detener el tiempo, que los minutos se acaban alejando de nosotros irremediablemente. Yo creo además que el tiempo tiene vida y, casi siempre, camina en nuestra contra.
  Apenas hace tres semanas que emprendí mi camino, tres semanas que se me hacen tres siglos enquistados en mi cuerpo y mi esencia para siempre. Sin embargo, basta cerrar los ojos un instante para volver al principio, al origen de lo que ha sido mi vida hasta ahora.
  Mi primer recuerdo de infancia, el rostro de mi abuela, sus dedos dibujando sobre la tierra signos para mí incomprensibles…y una promesa: “cuando sepas el significado de estos símbolos, cuando seas capaz de saber lo que cuentan, poseerás una de los tesoros más grandes del universo”. Días de esfuerzo y noches de insomnio, pensando siempre en lo que yo podría hacer cuando, al fin,  ese misterioso tesoro fuera mío, porque iba a ser mío y solamente mío. Así, mi avaricia infantil me llevó a aprender a leer en apenas dos meses, tras haber preguntado mil veces: “¿ya, abuela, ya? Y contestarme ella otras tantas : “aún no, querida, aún no”.  Al fin llegó el día. El ansiado tesoro estaba en mis manos. Un ejemplar desgastado por el uso de “Las mil y una noches”. Nada pude decir, pero ante mi cara de asombro y desengaño la abuela me dijo: “en los libros se esconde la sabiduría del mundo. Serán tus mejores aliados, si sabes escucharlos. Te enseñarán a pensar por ti misma, a tener tus propias convicciones y a luchar por ellas, aunque todos los demás se empeñen en decir que estás equivocada,  y sobre todo, aprenderás a vivir sin necesidad de otros”. Y así fue. Quizá por eso sigo estando sola y quizá por eso decidí tomar prestada una habitación de la casa familiar  para abrir la única escuela de la aldea. Intenté defender siempre la libertad de pensamiento, la tolerancia, el respeto a los que son diferentes.
   Hasta hace tres semanas….mi mundo tenía sentido.
¿Cuál es el tiempo de vida de un hombre, de una mujer?. ¿Cuánto tiempo tarda un hombre en arrebatar la vida a otro?¿Cuánto tiempo nos lleva apretar el gatillo?.¿un segundo?¿un instante?.Aquellos hombres masacraron mi pueblo, mi escuela, mi familia. Basta un solo instante para cambiar el curso de toda una vida. Nada me queda ya…si no seguir andando. Caminar junto a otros que dejaron su vida en pequeños instantes como el mío.
  Después de tres semanas caminando día y noche, hemos llegado a la frontera. Somos cientos, miles de cuerpos sin voz, cuerpos esperando la compasión, la limosna, la lástima de otros. Nuestro único delito fue nacer a destiempo o sencillamente en el lugar equivocado…o quizá ambas cosas. Pero nadie elige el lugar donde nace. La miseria, el hambre o la guerra no son opciones.
  Si. Aún hay quien dice que el tiempo no puede detenerse. Lo único que yo se, es que la vida entera se nos puede romper en un instante.

 
  

ABSOLEM (Revista electrónica), Núm. 25, 15 de julio de 2015 "Indigencia y emigración ".




SUMARIO



DISEÑO PORTADA, por VENTURA HERNÁNDEZ.



FOTOGRAFÍA:





TEATRO: 

Los primeros emigrantes, por EDUARDO MORENO ALARCÓN.



ARTÍCULOS: 


Matrimonio Arnolfini: el cuadro de las nupcias matrimoniales, por MERCHE HAYDÉE MARÍN TORICES.

Moscas, por CELIA NAVAL NAVAL.




RELATOS: 


El llavero, por LUIS LÓPEZ-QUIÑONES RUIZ.

Caducado, por JULIA GARCÍA NAVARRO.

El hombre que da de comer a los gatos (Ojos de uva o conversaciones con un gato), por DORI HERNÁNDEZ MONTALBÁN.

A mi amigo: el chico de la calle (Cartas que nunca escribí), por ANTONIO MEDINA GUEVARA.

El muerto y Sami el hombre feliz, por ANTONIO MORILLAS JIMÉNEZ.

Éxodo, por ALICIA MARÍA EXPÓSITO.



POEMAS: 


Bendecidos, por PURA FERNÁNDEZ SEGURA.

Cada amanecer, por F. JAVIER FRANCO.

La que habita en las aceras, por JOSE ANTONIO HERNÁNDEZ GARCÍA.

Medidores de indigencia, por PEDRO CASAMAYOR RIVAS.

¿Quien instruye a los desamparados?, por FRANCISCO ARANDA.

El sino del nómada, por GABRIEL MERINO.

Descalzos, por INMA J. FERRERO.

Difícil, por ISABEL REZMO.

Libres, por ISABEL PÉREZ ARANDA.

Supervivientes, por TOMÁS SÁNCHEZ RUBIO.

Inmigración, por CELIA NAVAL NAVAL.

Desahucio, por YOLANDA MARTINEZ ARANDA

La lata del mendigo, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.

Inmigración, por CELIA NAVAL NAVAL.



De sur a norte y de oriente a occidente,
fuerza y tesón, vigor  y valentía,
juventud e ilusión saltando la alambrada.
Brazos de muchas cruces de largada infinita
traspasando el tiempo y el espacio. Cristos de hoy, crucificados,
alimentados con fe, en la esperanza de nuestra caridad.
Las sonrisas dibujadas con arena.
Puños apretando  cuchillas y cielo
y en los ojos vendados, lágrimas y miedo.
Hambre y hacinamiento, promesas incumplidas
ahogadas en el mar de horizontes y sueños.
Mar lleno de sangre,  sudor  y  lágrimas
de antiguas civilizaciones tan suyas como nuestras, que
hoy  son incapaces de  hacer vivas las bienaventuranzas.
Fauna sin ojos  y de afilados garfios
parapetada en la fortaleza del poder
Ambición incontrolada, obscena,

de tan próximo y macabro final.

A mi amigo: el chico de la calle (Cartas que nunca escribí), por ANTONIO MEDINA GUEVARA.


Amigo:     
Hoy me acuerdo de ti… Otros días también, pero es que hay algunos en que la conciencia no me deja disfrutar de la vida; por eso, y porque no puedo, ni quiero olvidarte, hoy te escribo esta carta.
     Me gustaría saber cómo estás. Si tu vida cambió de las aceras a un hogar; si tus escasas ropas estarán limpias y planchadas, si ahora, que deberías de ser ya un muchacho, tendrás lo que tienen los de aquí a tu edad: una novia a la que contarle tus intimidades y anhelos, una familia con la que sentarte a comer, en definitiva: lo que creo que andabas buscando desde antes de aprender a andar, sin tan siquiera tú saberlo.
     Esta carta debería empezar como todas las cartas: ¿Cómo estás…? Nosotros bien... Bueno, bien pero mal, pero bien. Todo está mal; en el mundo no aprendemos de las lecciones que nos da la vida, pero ya sabes que somos unos privilegiados por el simple hecho de haber nacido en eso que llaman “el mundo desarrollado”.      
     Espero que tus huesos descansen después de buscarte la vida en una cama, o al menos que sea algo donde puedas descansar, que tu estómago este caliente y no por el interminable verano que vives desde que llegaste a la vida, y suerte que en tu vida siempre ha sido verano, en eso eras afortunado. ¿Te imaginas a otros como tú, viviendo en un invierno interminable?
     Por eso te digo que eres, o eras, afortunado. Mejor que no sepas que he visto a niños pisando regalos mientras otros cantaban alrededor de una lumbre, y no precisamente contentos, sino para acompañar al ritmo del temblequeo de sus dientes… Tú al menos no sabes lo que es pasar frío; sabes lo que es una calle en la que siempre sobrabas, sabes lo que es estar siempre corriendo y apartándote de las tiendas porque espantabas a los clientes… Pero al menos no sabes lo que es el frío. Mejor. Mejor que siempre te acompañe el buen tiempo; mejor que tus oídos escuchen músicas callejeras y los gritos de la gente divirtiéndose... ¡Mucho mejor!   
¿Te acuerdas cuando hablábamos tantas veces de que cuando fueras mayor querías venir a España, aunque fuera nadando…? Pues no lo hagas. No lo intentes, que no serás bien recibido. Tengo que decirte que aquí las cosas han cambiado, que ya no vale la pena que sueñes con venir, que es mejor comer mierda en tu país que en otro lejano; que aquí se dedica una cantidad ingente de dinero a salvar a los bancos que a su vez echan sin escrúpulos a la calle a otros niños como tú, cuando les hemos regalado una cantidad de dinero que valdría para quitar el hambre a medio mundo. 
     Antes no entendía lo que pasaba en tu país, pero ahora no entiendo lo que pasa en el mío cuando muchos os echan la culpa de nuestros problemas y se olvidan de otros tiempos cuando salíamos por millones a buscarnos el pan a otros países… Supongo que así es la vida  
     Me he preguntado muchas veces si pudiste salir de aquella inmensa avenida y llegar a una pequeña calle. Una de esas calles tan pequeñas donde todos son familia y amigos…. Quisiera equivocarme, pero creo que no. Cuando volví por ‘tu calle’ pregunté por ti muchas veces hasta olvidar preguntar. Nadie me dio más razón tuya.
     Por eso te escribo hoy esta carta, porque me quemas en la memoria. Nunca entenderé que nacer en un lugar y en una cama diferente nos haga desde el primer día tan diferentes; que empezar a respirar en un lugar, una ciudad, o un continente diferente, hace que nos veamos también diferentes, cuando todos sabemos que nada más es una cuestión del destino o de la suerte.
     En fin... Que espero que no te llegue esta carta, pero por si acaso te llega, quiero que sepas (aunque entonces ya lo sabías) que tendrás la edad de mi hijo, y que daría lo que no tengo por saber que tú, tienes una buena vida.     


     De corazón, espero que estés bien... Y que seas feliz... ¡Amigo!

Supervivientes, por TOMÁS SÁNCHEZ RUBIO.



Mujeres rosas de oro puro,
verjas de bronce vivo
que guardan un jardín secreto abierto al futuro.
Imbatibles, no manchadas por el tiempo
ni por el dolor de las calles.

Mujeres sin sombra,
solas en el camino.
Resiliencia en el estado más puro
de la materia.

Vienen de lejos.
Casas de portales rotos
y océanos de hambre.

Pase lo que pase: días, cielos o lunas
de crudo invierno,
la luz de su sonrisa es más real y hermosa
que el amanecer en una mañana de abril.






Libres, por ISABEL PÉREZ ARANDA.

Pintura de Isabel Pérez Aranda


Han de arribar más falúas con maltrechos aparejos,
 arropados por sus almas siempre libres.
Libres almas que van y vienen con la máxima ilusión.

Ilusiones desgarradas, derrotadas las miradas,
invariablemente libres.
Miradas de los que llegan de los que no, la nada.
Derrotados moribundos se diluyen en el agua,
eternamente libres.

Libres aguas que rompen barreras
recaudándoles la vida,
vidas suspendidas por la rabia decidida,
 inmortalmente libres.

Libre decisión que juzgamos sin ponernos en su piel,
 piel de mil colores en arriesgada contienda,
 siempre libres.
Libre decisión en hacerse un hueco,

 hueco en el desarraigo, pero libres.