La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

miércoles, 14 de mayo de 2014

La frontera entre lo sutil y lo denso, por PEDRO CASAMAYOR RIVAS.



Escuché decir una vez que la artritis
latía en los arrebatos entre el éter y el fuego.
El pobre Renoir nunca supo de esas peleas
mientras la sal cruzaba en su cuerpo
               la frontera entre lo sutil y lo denso.
No te resistas al cambio y muerde
aquel grano de pimienta que guardaste
por miedo a excitar el escozor de tus entrañas.
Permite dar al poder residencia entre tu saber y tu sentir
y despierta en tu memoria el pulso
               del agua y de la tierra.
Acaso, ¿qué esperas de la vida?
No te has enterado
que las princesas de tus cuentos
no creen en la primavera
               que trafican con nuestros desmayos.
Según mis cuentas sigues sin respirar
sin mesar verdades al aire que trae la tarde
por eso insisto, mezcla en tus manos
               verde, azul y amarillo,
rebusca en tus bolsillos

y muerde aquella pimienta.

Los cuatro elementos, por JOSÉ RUIZ TOMÁS.


Los elementos en Diademas sin fronteras, por CAROLINA FERNÁNDEZ.

"Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños."

William Shakespeare



AGUA


AIRE


FUEGO


TIERRA

De Nadie, por ALICIA MARÍA EXPÓSITO


Abrí mi tarde gris
a la alborada.
Tembló un deseo
en el cristal oscuro del paisaje.
Y fui de tierra.
Pero la tierra me enseñó sus muertos.
Gritos de roca cercenaron mis labios.
Alaridos de piedra anhelaban mi vida.

Y quise ser de aire

Busqué la cumbre
más alta del olvido
y dejé que los pájaros
se llevaran mi cuerpo.
Y fui de aire.
Una hambruna de besos
se apropió de los nombre
que sostenían mi vida,
me desterró al abismo
dejando los abrazos incorruptos.

Y quise ser amada.

Busqué el amor
entre los que me amaron.
Y fui de un hombre
que me apagó la voz con su silencio.
Me robó los recuerdos
sembrándome de lirios
la nostalgia.

¿Qué hacer entonces?
¿Dónde encontrar el puerto
para poder salvar tanto naufragio?

Deseé correr.
Huir por los resquicios
que me dejaba el miedo.
Me abandoné en parajes
vacíos de almas
y sentí que mis manos
se llenaban de lluvia.
Acostumbré mis ojos
a la dulce penumbra
de luces inventadas.



Y fui más mía.


Y fui de nadie.

Tú, todos los elementos, por TERESA TORRES.

Me habita la tierra de tu cuerpo,
lugar de pájaros y hayas.
Eres aire para mis pulmones
olor a campo y noche marina.

Fuego que me guarda en su senda,
enciendes todos los enigmas del universo
con el aroma ardiente de las palabras.

Temblor de tormenta,
fluir de agua, que se desborda dulce,

para vencer mis manos.

Poética de los cuatro elementos: nosotros los poetas, por CUSTODIO TEJADA.





Desde Homero para acá
todo se ha dicho,
todo está escrito.
A lo único que podemos aspirar los poetas
es a recrear de nuevo el mundo, una y otra vez
hasta el final de los tiempos.
Nuestra máxima conquista reside
en decir con las mismas palabras
otras músicas, otros redobles que anuncien
el más difícil todavía, otras maneras delicadas
de anunciar lo mismo con una luz diferente.
Somos poetas para salvar la palabra del olvido,
del musgo y la telaraña,
para dibujar con letras el silencio a gritos de la creación.
Somos poetas que levantan acta del sacrificio y la gloria
que supone vivir con la voz a cuestas.
A lo sumo, y después de mucho escuchar,
sólo podemos redescubrir un alfabeto caprichoso
e inventar así otro idioma dentro del mismo idioma,
otro lenguaje sísmico que nos devuelva la frescura y el ingenio
que la costumbre nos arrebata por el camino.
Levitamos en cada letra,
en cada coma nos atrincheramos
buscando con ahínco
una metáfora brillante,
un verso que contenga toda la fragancia de las horas.
Buscamos el mágico renglón de la historia
que antes nadie lo haya escrito.
-Agua Fuego Tierra y Aire-.
Detener el tiempo en el vaivén
de los cuatro elementos,
como un milagro en forma de oración.
Nada más y nada menos
esta es la salvación suprema a la que aspiramos.

Igual que tú, estimado lector,
yo también deduzco
que la Poesía
es la música imprescindible del Universo,
el sonido perfecto,
la magia de Dios hecha verbo,
una antorcha encendida
que ilumina en la oscuridad del pensamiento.
Los poetas vamos y venimos
de un verso a otro verso
buscando el término exacto
que reinvente la creación de cabo a rabo.
Como si el poeta fuera
un atrapasueños,

un atrapaversos,
o el último héroe de ficción.

El poeta pretende que por su boca
hablen las piedras y las raíces,
el elefante y el insecto.
Quiere que por su boca
hablen todos los hombres
que no tienen voz ni conciencia
para poder quejarse,
para poder sublevarse.
Sí, el poeta habla en nombre de todos
y en el suyo propio.
En nombre del asfalto
y también de la veleta.
Y por ti también habla. Y calla,
esta vez en nombre
de los que hablan demasiado
hasta el aburrimiento.
Y bendice y perdona y olvida,
y escupe y vomita,
acaricia y ensalza, y desprecia.
Y por supuesto, ama.
Por su boca habla el fuego y la lluvia,
la tormenta y el rayo,
y el trigo azotado por el viento
a la espera de una bandada de pájaros.
Por su boca gritan el hielo de la Antártida
y los árboles del Amazonas.
Por su boca susurran la lombriz
y la libélula,
el ocaso y la hojarasca,
la galaxia y el cometa.
Su garganta es un coro divino
en el que la creación entera canta,
cuadriga dorada
que el sabio Cosmos conduce
en búsqueda constante de La Palabra.

Noche oscura, por INMA J. FERRERO



Era una noche oscura,
pendiente de la flor... el beso.

Cantaba entre el cielo y la tierra
como un triste amante, el viento.
- Jamás he besado su ventana.
Jamás la he dicho: ¡Me muero!,
por esos labios
que suspiran mi muerte,
por esos ojos
que roban mi sueño.

- Quizás debí ser fuerte,
y detener su mirada entre los brazos del tiempo,
o ser suspiro y gemir ante el aroma de su aliento.

- Que soy el viento ¡Sí!
y me enamoré de un beso.
De un beso,
de una mirada,
de una flor,
de un suspiro,
de un lamento.