La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

domingo, 11 de febrero de 2024

Los avatares de las piedras, por Carmen Hernández Montalbán.

 


Revista Ahorateleo
Editada en Guadix, Granada por Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul"
ISSN  2952-5721

Hacía mucho tiempo que no leía un poemario tan innovador en su estructura como Alguien lleva una piedra escondida en la ropa del poeta José Carlos Rosales. Aunque el poemario está dividido en dos partes formalmente diferenciadas tiene una estructura subyacente peculiar. Los poemas tienen una cadencia relajante como la lluvia mansa: como esa lluvia persistente que ha transformado el paisaje o atmósfera de esos transeúntes que habitan una de las tres dimensiones simbólicas del libro. Los versos han ido recalando en mí como el agua de esa lluvia; una lluvia que puede ser cualquier acontecimiento que pone nuestro mundo patas arriba; un suceso del que es imposible escapar y que nos transforma para siempre. Esa lluvia nos avisa de que ya nada será igual: “…La soledad del mundo contenida en un ángulo, / todo está enrarecido, todo está enrareciéndose…” - O nos arrastra: “… pero la lluvia vino removiéndolo todo, / y desbordó las lindes, / inundó dormitorios, comercios y trastiendas…” o nos salpica, nos deshace: “… el barrio entero se volvió una pócima, / un barrizal, un charco, / una marisma turbia alejada del mar, / el lodazal estúpido donde el mundo se hunde…” -o nos desampara: “Calló la tarde y calló la confianza / en encontrar un sitio seco, / la casa prometida, / hueco sin lodo, tierra amable…”

Todos tenemos una piedra escondida en la ropa. La piedra y su sentido metafórico es otra cara de esta obra poliédrica. La piedra como pesado lastre que arrastramos y que no nos permite avanzar: un sentimiento de culpa, un trauma personal… “Las piedras pesan lo que pesa el mundo, / un peso impertinente si lo arrastras contigo…”, o las piedras como único elemento perdurable que nos cuentan su historia o la historia del mundo… “Parecen iguales, pero son diferentes / como son diferentes las nubes y los pájaros: / cada piedra contiene una historia, un origen, / la erosión del camino que las trajo hasta aquí.”. La piedra es también la soledad más absoluta; la soledad de las piedras; la que siente alguien que se vuelve invisible para los demás “… Una piedra está sola aunque esté acompañada / por otras que también vivirán solas, / tan solas como aquella / donde late la vida o el caos: / toda piedra está sola desde siempre.”

La familia es la tercera cara en la que se asienta la estructura del libro. Una familia que parece guardar un secreto o que calla una realidad que los hace sufrir, todos representan su roll en esta existencia impostada o insostenible. Cada miembro de la familia tiene una piedra metida en su zapato o representa a una piedra diferente.

 

Hijo Mayor finge que tal problema no existe, siente el deseo de cambio pero se ha quedado en su zona de corfort. La planta de su pie se ha adaptado a la piedra: “Hijo Mayor no sabe lo que pasa / o simula, más bien, que nada sabe / de lo que está pasando, nunca pudo / devanar la madeja donde estaba, / durante tanto tiempo cobijado / el afán de vivir en otro mundo.”

La Madre o la casa, la soledad y el abandono. La madre se lamenta cuando todos parecen dormir. Es un grito silencioso en mitad de la noche. La madre es la piedra ignorada: “Madre pasó la noche lamentándose: / un susurro borroso,  una queja, un gemido, / el dolor que desgarra su rodilla, / la soledad de quien no tuvo nunca / compañero que le ofreciera un hombro / para apoyar la mano, no caer”. La madre representa los cimientos de la casa, unos cimientos que tiemblan.

El Padre parece ser el origen del problema. Un padre que nunca lo fue, que nunca estuvo en el lugar que debería estar. Un padre ausente, que causa tanto vacío como  inquietud o miedo: “Padre se fue, no está, solo queda una sombra, / sólo un hueco: su ropa que envejece / arrinconada en un armario antiguo, / y el temor de que vuelva de improviso, / el eco de sus llaves, la ignorancia”. Padre es el hueco de la piedra.

El Hijo Menor no haya respuesta. Abrumado por una situación que le sobrepasa, se cobija, se aísla, se abstrae, construye un muro invisible con la realidad. El hijo es piedra minúscula, polvo: “Hijo menor se esconde / detrás de una butaca polvorienta de mimbre, / se ha vuelto sordo y la sordera / lo ha convertido en piedra inane / montículo de arena, viento inerte.”

Hija Mayor sueña, se ampara en la idea de que otro mundo es posible. Pone mentalmente en orden un mundo emocionalmente desbaratado. Hija mayor amasa la esperanza de una vida amable: “Hija Mayor dibuja, cada noche, / con tinta de colores, casas árboles, / parajes donde el mundo vive en orden…” Hija Mayor es la piedra tirada al estanque.

Estas tres dimensiones, aparentemente independientes están conectadas de principio a fin. En cada una de ellas existen resonancias de las otras y a veces se funden. Alguien lleva una piedra escondida en la ropa es una propuesta poética singular de la que no salimos indemnes y oficia de espejo de la vida, del torrente de la vida y la existencia, de la naturaleza humana y sus contradicciones. Sirva como colofón el poema final:

“No estar en lo que había: estar en lo que hubo / olvidando que allí tampoco estabas tú. / Y estar sin que lo sepan aquellos que no quieren / saber dónde se guarda lo que nunca se guarda. / Volver sin haber ido, llegar sin que se note: / otra cosa no veo, no añadiré más.“

1 comentario:

  1. Querida amiga bloguera, admirada Carmen:

    Normalmente, tengo costumbre, por mi egoísmo, dejar copia registrada de algunas respuestas filológicas sobre temas y asuntos de mi gusto y atención; pero solamente por si he de modificarlas a posteriori. Digo esto porque me ha sorprendido, 😳, el hecho de tener noticias de que, han borrado este escrito de tu muro de Face…
    !insolito! y !sorprendente! Así que al no poder reproducir mis comentarios dejados en tu escrito secuestrado; intentaré reproducirlo de memoria, y ahí lo dejo:
    .- Decía algo así:
    Los humanos son como las piedras, o como las gotas de agua; únicos e individuales, y aunque su estructura fisicoquímica sea parecida a nivel universalista; su estructura espiritual, su alma: son únicas…, de forma tal que el ser humano, es un animal racional, dueño de su persona espiritual, que, es lo que nos diferencia de los demás seres que habitan este “perro 🌍 mundo”
    Un saludo.

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