La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

jueves, 16 de marzo de 2023

AHORA TE LEO, revista literaria. Número 1. Marzo de 2023.


Editado en Guadix, Granada 
por Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul"
ISSN  2952-5721



Reseña del libro de poesía "Cada vez que muero", 
de Mario Pérez Antolín.




UN VIAJE DE INVIERNO POÉTICO

Julio Sánchez

Fremd bin ich eingezogen, fremd zieh’ ich wieder aus...

Franz Schubert, Winterreise

 

       La producción literaria de Mario Pérez Antolín destaca fundamentalmente en el campo del aforismo. Esta impresión salta a la vista cuando uno se acerca a su otra faceta, la poesía, campo en el que es algo menos conocido. La antología Cada vez que muero recoge su vasta obra poética (desde 1985 hasta 2016, incluyendo tres extensos poemas inéditos) y, en ella, el lector puede apreciar su evolución como poeta y como persona.

         En su obra, y este libro es una buena muestra de ello, tiene lugar un diálogo constante entre la reflexión y la emoción, el aforismo y la poesía, el sentido y la sensibilidad.

           Empiezo llamando la atención sobre un punto que, no por evidente, es menos importante cuando uno se acerca por primera vez a la obra de Mario: no es una lectura fácil, y mucho menos ligera. Cada vez que muero no es un libro para leer en el metro de camino al trabajo o en la sala de espera para hacer tiempo mientras llega tu turno en la consulta del médico, ni siquiera en la cama antes de dormir. En sus poemas de juventud apreciamos una poesía muy visual, de temática amplia y llena de metáforas, que evoluciona llenándose de elementos más propios de la filosofía o del ensayo. En algunos casos pasa por otra fase más descriptiva, en la que la observación de la naturaleza y la meditación conforman el núcleo central del escrito, destacando aquí una cierta escasez de adjetivos, rasgo frecuente en el autor. Esta intensidad necesita, por lo tanto, de cierto esfuerzo de concentración y complicidad por parte del lector, para que no se le escapen los infinitos detalles que aguardan en su lectura a la espera de ser descifrados y disfrutados.

           Hay en esta antología una riqueza temática que pocos autores alcanzan en su obra. Un tema bastante recurrente (basta con leer el título del libro) es la muerte, en algunos casos con un poso de derrota e incertidumbre como vislumbrando su propio final: «hoy no logro recordar en la habitación de qué hotel perdí la costumbre de presentir mi propia muerte». Cuando toca otros temas más amables, como el amor, lo hace sin embargo con un tono más puro, más sentimental: «a veces te miro y me recorre la espalda un río enorme de ternura»; sin embargo, en otras ocasiones se acerca al barro del deseo sexual más impúdico, donde el protagonista es su propio sexo. En sus poemas habla también de religión, desde un punto de vista más bien filosófico, poniendo en duda la existencia de Dios, pero con un profundo respeto; hay presentes referencias y personajes de las mitologías griega y romana de marcado carácter épico, y también escenas agrestes, en las que es la Naturaleza la que cobra vida y protagonismo, ya mencionadas arriba.

          Pero si algo se puede destacar tras la lectura de este libro es el marcado carácter ensayístico y narrativo que imprime el autor a toda su obra. Su fama literaria está basada sobremanera en el ensayo filosófico y en el aforismo, lo que se refleja en sus poemas de madurez. En ellos, el autor se pregunta sobre el sentido de su propia existencia y la del mundo que le rodea: «¿por qué ya no somos lo que seremos ni deseamos ser lo que antes fuimos?». Son poemas en los que predominan la duda, la incertidumbre, y el pesimismo existencial. Reflejan un cierto matiz de amargura, de resignación, de vacío y de muerte: «Podríamos probar a suicidarnos: yo, con tu ceniza, y tú, con mi silencio».

         Muy en esta línea, el autor baja a menudo al fango de la existencia, de la realidad que duele, del sexo más mundano, y nos abre los ojos con un puñetazo literario que va directo a la boca del estómago. Aquí la poesía rasga la piel, abre las carnes y duele muy dentro. Al leer «Ayer soñé que la penumbra se deslizaba hasta mi almohada, recorría mi carne tibia y después me violaba» recordé el vértigo que sentí, y sigo sintiendo, cuando disfruté de Rompiendo las olas de Lars Von Trier, como si fuera el mismo cineasta quien escribe.

           Y de repente, como un extraño, en muchos poemas aparecen la sensibilidad y la luz y, con ellos, el amor. No es Mario Pérez Antolín un poeta galante o romántico, al estilo de Luis Cernuda o Ricardo Molina. Y, sin embargo, cuando entre deseos carnales e incertidumbres filosóficas aparece la temática del amor, surge la belleza, sensual y sincera, sin adornos y tremendamente musical: «Como la roca que vaga por el cosmos de una sustancia eternamente dichosa y fugitiva eres». Esta frase casi la puede uno recitar cantando. En la línea del amor, teje el autor una relación muy especial, llena de fascinación y sensibilidad, y tremendamente respetuosa, con las mujeres, en especial con la suya, Julia, cuyo nombre sobrevuela muchas escenas ya desde la dedicatoria inicial: «Quisiera, más que amarte, respirar tus huesos y oler tu sangre, y ser carne de la misma carne». La sensibilidad surge como de la nada y pone los sentidos a flor de piel.

         Así, lentamente, llegamos a De nadie, gran obra de madurez del autor. En cada uno de sus tres apartados se entremezclan, con verdadero brío, la mirada crítica frente a una sociedad llena de aristas y el pensamiento reflexivo tan cercano al aforismo. Lo hace con la mirada descriptiva y crepuscular de un poeta que observa la realidad como pocos, donde no faltan menciones a su propia muerte o, de nuevo con sorprendente sensibilidad poética, al amor. Amor (no siempre correspondido) y muerte en un viaje de madurez en el que el autor describe la incertidumbre y la soledad de vivir, como en un Winterreise (viaje de invierno) literario que bien pudiera haber compuesto el mismo Schubert. En este poemario final del libro es donde más se aprecia la evolución literaria y vital que se ha ido intuyendo a lo largo de todo el libro y sólo esta parte ya justifica la lectura de la antología.

            También muy musical es el cierre del libro, con Tres odas, tres extensos poemas inéditos que de nuevo entrelazan poesía y ensayo con la cadencia de una sinfonía.

          Como curiosidad final, cabe destacar lo acertado de los títulos. Es sabido que un buen (o mal) título puede suponer el éxito o fracaso de una obra. En este caso, tanto el propio título del libro como muchos de los poemas tienen un poderoso atractivo: Universo circular, Invocación al Sol, Poema de amor y muerte, por poner sólo unos pocos ejemplos, son una buena muestra de lo que viene a continuación.

         En conclusión, Cada vez que muero es una completísima antología que reúne no sólo la producción poética de Mario Pérez Antolín, sino su forma de entender la vida, la sociedad y la naturaleza en un viaje de invierno con sentido. Y sensibilidad.




 

martes, 28 de febrero de 2023

ABSOLEM (Revista electrónica), Núm. 72, 28 de febrero de 2023.


 

  Revista ABSOLEM, editada en Guadix (GRANADA) 
por la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul", 
laorugazul2013@gmail.com
ISSN: 2340-8634




    SUMARIO


ENTREVISTA: 



PINTURA: 



COLLAGE: 



MICRORRELATO: 




ARTÍCULO: 





POESÍA: 









RELATOS:







ADIOS, por Carmen Hernández Montalbán.

 


EL CIELO ERA UN ESPEJO DE VIOLETAS, por José María Sánchez Aranda.


 

ALLIGARE, por Isabel Pérez Aranda.

  



En un lugar privilegiado del salón

junto el sofá, el mueble de Ikea guarda

como parte de nuestra historia

un álbum que contempló

quizás desde otra perspectiva,

o tal vez desde aquella donde no habría promesas,

o salvaron el acto de colocar un anillo, 

del temblor del instante,

sin duda de la futilidad de la imagen.

 

Así tal cual, fruto velado en blanco y negro

alianza intacta,

secuencia de a temporalidad, 

gesto arraigado

no siempre meta del deseo

cuando manos y mantra

pacto social

sellan en oro palabras firmadas.

SI PISAS, por Carmen Hernández Rey.




A fondo, cuenta: un-dos-tres 
y procura subir los pies antes 
de caer mas abajo, abajo
de todos los fondos.

Si puedes mirar, mira
allí, verás tu caída
el tiempo 
el espacio, 
cómo todo se agranda
a cámara lenta…
tanto, tanto que sabes que ya nunca caerás
de píes,
ni de cabeza
y que será tu costado el que rompa 
el asfalto,
vuelve a mirar hacía arriba
cómo todo flota
a los huesos a cámara lenta 
igual que cartón, 
y a tus músculos los ves 
largos y de algodón 
blanco, 
sin la sangre de antaño.

Si pisas a fondo no olvides
ir mirando de a poco 
y desata los lazos de tus zapatos,
para dejar tus huellas
antes de caer
antes de tocar 
antes del fondo
mira el ego de tu sombra

TRAS EL MURO GRIS..., por Josefina Bermejo Martínez.




Tiempo gris, tras el muro silencioso
el invierno me atrapa taciturno
temprano, es la hora, es mi turno
con la bici, a mi campo tan hermoso. 

No hay puerta, ni punto tenebroso
solo el canto del pájaro diurno
se escondió la luna en un nocturno
un rincón de nadie y misterioso. 

Yo no quiero mi cuerpo tras el muro
el alma aprisionada se desquicia
ser libre de anidar en otro sitio. 

! Libertad, libertad en la hondonada! 
besar esa tierra es mi capricho
La revista Absolem... finalizada.