La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

jueves, 29 de septiembre de 2022

HABLANDO DE ARTE CON JUAN VIDA.


Juan Vida Arredondo (Granada, 1955) es un pintor español conocido principalmente por su obra pictórica aun cuando también ha hecho aportes en el campo del diseño gráfico.

Estudió Geografía e Historia en la especialidad de Historia del Arte y desde 2001 es académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Granada. Desde 1968 ha venido exponiendo su obra que, a lo largo de su trayectoria, ha recibido numerosos premios y distinciones en el ámbito de la pintura. Ha participado además en diversas exhibiciones internacionales de arte, y ha realizado variadas exposiciones individuales en Europa y Estados Unidos.

Es uno de los representantes de la figuración, teniendo su pintura una marcada tendencia narrativa de forma espontánea, sin dejar de lado el elemento pictórico. En lo conceptual, su pintura siempre se ha alimentado de la memoria, apareciendo articulados en ella una serie de elementos que despiertan en el espectador determinados resortes de esa memoria a la vez personal y colectiva. El marcado carácter autobiográfico de su obra se hace presente en sus cuadros de gran formato, quizá una de las influencias más apreciables fue la llegada de su hija, siendo su última exposición “Un cuento chino” testigo de ese cambio personal y artístico.


ENTREVISTA

 

Querido Juan, gracias por aceptar nuestra invitación.

Gracias a vosotros, siempre. Es un placer.

 

¿Cómo y cuándo comenzaste a pintar?

Verás, creo que he pintado siempre, o por lo menos casi siempre. Mis hermanos mayores pintaban, especialmente Pepe, que es uno de esos dibujantes extraordinarios, y en casa de mis padres siempre hubo óleos y pinceles a mi disposición. Cuándo ellos dejaban los materiales llegaba yo y me ponía a pintar, con mayor o menor acierto, pero con una predisposición natural a interpretar en imágenes lo que ves y lo que recuerdas que has visto. De manera que el pintor nace y se hace. Luego, ya en primero de Bachillerato, que entonces se hacía entre los diez y once años, tuve de profesor de dibujo a Miguel Ruiz del Castillo –también vocal del Centro Artístico y Literario de Granada–, que había ideado una campaña de acercamiento de los alumnos de los Escolapios a museos y salas de exposiciones, a la que llamó “Sembremos nosotros para que recojan ellos”. Aquel buen hombre vio en mí la posibilidad de materializar su cosecha y me organizó una muestra individual en una de las salas del Centro Artístico, sin duda el mejor sitio para exponer en la Granada de 1968. La exposición la componían 28 cuadros y en uno de los balcones que daban a Puerta Real se colgó un cartelón en el que se anunciaba la exposición de “Juan Vida, pintor de 13 años”. De ahí que durante mucho tiempo, mis amigos y los no tan amigos me llamaran “el niño pintor”. Lo cierto es que, desde entonces, para mí exponer ha sido habitual.

 

¿Cuáles son tus pintores más admirados?

Los buenos pintores. Desde los de Chauvet, Lascaux o Altamira y generalmente aquellos que empiezan a pintar desde una imprimación oscura a la que le van sumando claridad. Por ejemplo Rembrandt, el Greco, Goya… Pero también los que lo hacen desde una fondo gris, qué tontería. Bueno creo que admiro a los mismos que todo el mundo, como digo, a los buenos pintores, empiecen como empiecen, porque lo que importa es el resultado final, el cuadro solo colgado en una pared por los siglos de los siglos. Además de los que admiro también están los pintores que me importan. En esa lista, que puede ser interminable, escogería a Touluse-Lautrec, Picasso, Matisse, Kirchner, Grosz, Miró, Sorolla, Zuloaga, Hopper, de Kooning, Rauschemberg, Hockney, Kiefer… Y por encima de todos a Velázquez el extraterrestre.

 

Tus pinturas están cargadas de simbolismo ¿En qué temas te inspiras?

Trato de pintar cuadros que cuenten algo que me está pasando. Es lo que en arte se conoce como la verdad del artista. Es decir, cuando cuentas algo que de verdad necesitas contar. No quiero decir que no haya pintado cuadros que no van de esto, ni que sea necesario contar lo que te está pasando para hacer un buen cuadro o un buen poema, el arte es por definición una mentira, una trampa al ojo, pero cuando esto pasa te puedo asegurar que el espectador lo nota, lo ve, lo siente.

Lo importante es tener la habilidad para que eso que es tuyo sea también de todos. Pasar de lo personal a lo universal.

Mira, hay una norma en el simbolismo de Mallarmé que es definitiva para entender de qué va la cosa. Dice así: “Aludir, eludiendo”. Es decir nombrar si nombrar o mejor dicho, nombrar nombrando las cosas que hay alrededor del sujeto. De eso se trata, de colocar sobre el lienzo los argumentos necesarios para que cada espectador complete el cuadro, lo interprete a su manera, le evoque algo de su vida como si fuera verdad.

 

La exposición “Un cuento chino” ha recorrido numerosas salas de nuestra geografía

Esa exposición, que estuvo en 2015 en Guadix, en el Palacio de Villalegre, siendo alcalde González Alcalá, que también es padre adoptivo, es un buen ejemplo de eso que te digo de la verdad en el arte.  La muestra la forman 13 cuadros y sus correspondientes textos que dan cuenta de las emociones del viaje hacia la paternidad que hice entre 2004 y 2005. Como bien dices, sigue exponiéndose por nuestra geografía, la última vez fue este mismo año en la Fundación Antonio Gala de Córdoba.

 

¿qué significa para ti este trabajo?

Ya te digo que se trata de una necesidad que creció en mí al pasar por el proceso de adopción de mi hija. La conmoción fue tan fuerte que empecé a pintar cuadros que iban contando esas emociones. Además, y de forma paralela a las pinturas, fui escribiendo un pequeño relato sobre las mismas sensaciones, que no era ilustración de los cuadros ni los cuadros lo eran del texto. Cada cosa por su sitio de forma paralela, que dieron lugar a la exposición “Un cuento chino”.

 

Tu obra tiene un marcado carácter narrativo, todas parecen contarnos una historia que no tiene por qué coincidir con la que tú pretendías contar. ¿Te interesas por la impresión que los visitantes de tus exposiciones tienen de tu obra?

 Lo cuadros, las novelas, las artes en general tienen sentido cuando se cierra el círculo de la comunicación. Es decir, cuando el lector o el espectador las interpreta y las hace suyas incorporándolas a su experiencia personal. Eso está claro, pero es que además, en gran medida, esto se hace porque necesitas hacerlo, porque hay algo que te impele a subir al estudio y pintar, porque necesitas contárselo a los demás y necesitas también que los demás te quieran. La vanidad es la moneda de cambio más frecuente y valiosa en esto del arte.

 

¿En qué momento, la pintura pasa de ser una técnica de representación a ser un lenguaje?

Esta es una pregunta compleja y sencilla a la vez. La pintura es un lenguaje por definición. Un lenguaje que tiene unas reglas, una sintaxis y una morfología que se soportan sobre una técnica. Pero la técnica no es solo el soporte, sino que también es significado. Pensemos en la pastosidad circular de la pincelada de Van Gogh para expresar la tormenta que crecía en su cerebro, o en la pincelada lenta y corta de Hopper para expresar la lentitud de las horas perdidas en la habitación de un hotel. Eso es muy importante de comprender, porque no es solo estilo, no es únicamente recurso técnico, sino que ese recurso, esa determinada forma de aplicar el color y la línea, son también significado. Es decir, no se pueden separar el uno del otro de la misma manera que no se puede separar el canto de la voz que lo canta.


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