La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

lunes, 14 de noviembre de 2016

Guadix, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.

Foto de Francisco Medialdea

Cicatriz donde la arcilla abraza,
arteria indómita, misteriosa,
de efigie tan poderosa
que prescinde de coraza.

Guadix, tu luz me besa la frente,
en ti mi raíz se extiende
y mi corazón trasciende
en las venas de tu gente.

Guadix, almena y campana,
palacio, cueva, tomillo,
torre, blasón  y barranco.

Sierra Nevada, sultana,
te corona con su brillo,
engalanada de blanco.

Un lugar llamado memoria, por ANA BELÉN HERNÁNDEZ CRUZ.



Dedicado a todos los enfermos de Alzheimer


Memoria ,
maleta compañera de viaje por la vida,
he guardado en ti
a mi tránsito por cada estación,
todos los pasos andados,
los buenos, los malos momentos,
aquel olor,
caricias ,
rostros,
afectos ,
amores,
un día en aquella parada, quise abrir,
poco a poco me di cuenta
de que ya no era lo mismo,
que me sentía confundid@ ,perdid@,
no conseguía agarrar aquella cremallera,
para poder observar tantos momentos del viaje,
poco a poco me fui llenando de rabia ,
frustrad@, entristecid@,
quise buscar en ella
pero no encontré nada,
empecé por mis recuerdos más lejanos
los que desde el principio me llevaron
hasta donde yo me hayo ahora,
fui perdiendo poco a poco
en una lucha continua entre aquel agujero
que se hallaba en el fondo,
sentía que todo se escaba
pero no era capaz de taparlo,
pues mis manos, mis pies, no me respondían,
tampoco podía gritar,
ni correr hacia adelante
cada vez me iba al principio del viaje
donde habías vencido tu,  
solamente me encontraba dentro
de aquella maleta ya deteriorada y vacía
en posición FETAL.

Manhattan, por F. JAVIER FRANCO.



La Estatua de la Libertad
ha abandonado Manhattan,
en su despedida ha declamado
una canción en verso libre.
Con su tea apuntalando el cielo,
no ha podido superar
que no se dictamine pecado
el tomar su nombre en vano.
Blandiendo un adiós de nostalgia,
remangándose la túnica,
ha tomado –sin brújula-
el rumbo a la Zona Cero.
Ascendiendo a la azotea
se ha lanzado al vacío
desde el fantasma
del espacio que no queda.
Al leer su esquela en el Times,
un marine custodio en Guantánamo
ha sido inconsciente de su sonrisa.
Esta misma semana, en Penthouse,
el póster central fotografiaba
la nueva mansión en Sodoma
para la sede de las Naciones Unidas.

Florencia, por MARIA JOSÉ MENACHO CASTELLANO


Estuve allí, quise morder aquella tierra,
mis pies probaban los primeros la gloria
de la llegada a una meta imaginada.

Seguían enhiestos los cipreses,
humeantes las chimeneas,
brillante el curso del río,
imponente la cúpula que se ve
desde todos los rincones,
que se viene encima en cualquier calle.

Cuerpos esculpidos en mármoles eternos
acompañaron mi mirada absorta,
marcaron el ritmo de mi corazón crédulo;
soplaron en mis oídos secretos de historias
de hombres increíbles.

Un vino rojo coloreó mis mejillas emocionadas,
sacó de mi garganta canciones secretas,
compuestas por mi alma sedienta de verdes colinas.


Los cíclopes, por CARMEN HERNÁNDEZ REY.




"a veces nos invitan a cabalgar por -los Olimpo- de manzanas de oro no exentos de espacios y lugares con nebulosos laberintos"

Inventan espacios internautas; mitad terrenal
y otras  ínfimas de divinidad,
cuesta entender los emblemas de un paraíso
mutante, o de un infierno perenne
en sus conclusiones

¿Cómo entender a cada uno de los mitos,
cómo?

Si en cada mito veo que lleva un full
debajo de sus lenguas,
para hacernos entrar como novicias con moneda
como salvoconducto de la triple muralla
conventual,
para impedirnos el sentimiento libre
en los albedríos del ser,
y dejarnos en cueros cuando el crujido
debajo de nuestros pies suena a guerras,
sin bonanzas,
a dolencias sin armisticios, y escuchamos
el cornetas de retirada cuando ya somos
caído en tierra de Tártaros, sin regalías
ni venías.

Los Ciclopes conocen lugares de álamos
negros que rezan en la noche versos
a oráculos en suspensos,
alones que aletean sueños,
sin predecir lugares viejo,
paradigma invisible
predicciones asesinas
de dicha, malos o  buenos,
o, de tiempos avanzando en los halagüeños
momentos.

A veces la región donde habita nuestro tempo,
nos devora y nos hace ser: carne
sin alma, la micra de carne en dientes
de Cancerbero,
incertidumbre que nos apostilla
la visión de setos y recovecos,
construcciones marmoleas
en los ficticios palacios de Cnossos.

Sentirnos en la nada…
bajo umbral del  miedo, es la brutal
desesperanza que empuja a vivir en la eternidad
de un mundo, bajar al inframundo
a permanecer en los mundo del sub…

Los Cíclopes nos saben… solo tratan
de que tú sepas por dónde ir,
o ser feliz es habitar y sentir la necesidad
de tirar del hilo de Ariadna y trepar
por Jardines donde Hespérides siembra el monte
de Atlas.
Sentir es…
buscar lugares mágicos, terrenales, sin predicciones
ni oráculos, buscar espacios donde la paz,
a veces se hace isla, sin desiertos,
si acaso le crecen frutales para boca
exquisitas
lugares donde los amantes adornan con  manzanas
de oro sus océanos y ladón sigue
el versar de un verso como fiel guardián
de estos espacios infinitos y eternos,

de todo tiempo donde crecer cuesta.

Ganas de ti, por TOMÁS SÁNCHEZ RUBIO.





Ya sólo tengo ganas de ti,
de dejar a un lado las cuentas,
las lunas y las pizarras digitales.

Quiero verte y acostumbrarme
a tu cama, a tu armario de madera vieje
y a tus manos sincopadas y un poco frías.

Quiero conversar contigo
al sol de los buenos días,
en silencio,
mientras te toco el pelo
en el paseo infinito de la playa:
en la tuya o en la mía.



Trinomio Calológico, por GLORIA ACOSTA


   
  Me llamo Romualdo Olivares Sanromán y soy asesino. Mis congéneres dirían que soy el típico asesino en serie, pero se equivocan. No provengo de una familia desestructurada, ni me escudo en una mente patológica como atenuante, no soy un hombre sañudo que arremete contra un sino adverso, ni un analfabeto; al contrario, poseo una vasta formación académica enriquecida con una sobrada erudición en cualquier rama del saber.

   Tres factores me alejan de los delincuentes mediocres. El primero es que me proclamo depositario de la belleza femenina, por eso matar en el punto álgido del esplendor de una mujer es el fin último del goce estético, cercenado del concepto ético. A cambio devuelvo al mundo un legado  atemporal donde el amor y lo bello van de la mano. ¿Acaso la mirada amorosa no magnifica  nuestra personal concepción del rasgo al que catalogamos como estéticamente hermoso? Afirmo que asesinar de forma elegante, preciosista y generosa es un trabajo de excelencia artística dado que la primera manifestación de expresión humana es el propio cuerpo, por tanto  me considero un artista adelantado a su época. Explicaré a su debido tiempo, el sentido de estos tres adjetivos.

   El segundo factor que me sitúa a una notoria distancia respecto a los asesinos de pacotilla, es que jamás vuelvo al lugar del crimen. Bien es cierto que atesoro lugares donde expreso el fundamento de mi obra, y puesto que  lo bello y lo sagrado se encuentran en el mismo nivel de absolutidad, deben pertenecer al ámbito público para goce de la humanidad.

   La elección del marco de mi decreación, concepto elaborado a semejanza de la actual deconstrucción culinaria, nunca la dejo al azar, y mi labor, al igual que la de un magistral cocinero, consiste en separar los elementos originales para darles nueva forma con la reunificación de las partes en un todo. Como habrán colegido, poseo amplias nociones en cirugía plástica, taxidermia, escultura y anatomía femenina.

   En la ejecución de este minucioso proceso, sigo siempre un orden preestablecido, una secuencia matemáticamente diseñada para que el resultado final sea de una calidad grandiosa.

    El punto de partida siempre es localizar el lugar adecuado, por lo que debo viajar a menudo en busca de esa atmósfera  que transforme lo ordinario en extraordinario. Del paraje elegido, pues, depende el éxito de mi empresa y lo aclararé enseguida. Añado que el dinero no ha supuesto jamás un impedimento, en parte por un legado familiar acrecentado con los pingües beneficios de mi profesión.

  Se preguntarán  por qué doy suma importancia a los lugares. Me explicaré: a lo largo de la historia, el impulso animal que incita a un ser humano a matar a otro es tan primitivo que la contemplación del sufrimiento libera raudales de placer, lo que conlleva a su vez escalar en el grado de crueldad para saciar una mente sádica, dejando al paso cadáveres mutilados, ensangrentados, con facciones irreconocibles y un rictus de terror y estrés emocional que los convierte en prototipos de repelente fealdad, todo ello malogrado por el uso de espacios pequeños, oscuros y destartalados, altares de praxis que solo consiguen demoler el fruto de una relación interpersonal amorosa como máximo exponente de lo armónico. Por eso estos necios carniceros merecen el mayor de mis desprecios.

  En cambio yo elijo con precisión el lugar donde paso largas temporadas junto a las damas que cortejo y venero con objeto de lograr el cuerpo muerto más hermoso imaginable. Son entornos donde la belleza circundante contribuye a engrandecer la comunión entre Dios y la expresión estética menos contractual, hacia un tránsito purificador. Paisajes de ensueño como Liubliana o Bath, rincones de Bergen o Zadar custodian las puertas de esta magnificencia creadora.

  El tercer rasgo distintivo, es que  jamás torturo ni desangro a una mujer. Les procuro una muerte dulce y tranquila, de ahí la afirmación acerca de mi personalidad generosa. De inmediato extraigo la piel con un escarpelo cuidando de no desgarrarla y la froto con sal dejándola secar en un lugar oscuro; repito el proceso para cuando  endurezca rehidratar en agua con desinfectante y proceder con esmero al decapado, eliminando cualquier resto de carne o grasa que desmerezca este proceder metódico; después de secar aplico aceite tibio para curtir, y es aquí cuando el placer acaricia una y otra vez el suave renacimiento de una piel fresca y turgente; por último la conservo en plástico dentro del frigorífico. A esto me refería al adjetivarlo como trabajo preciosista.

   La elegancia llega con posterioridad, cuando los maniquíes que muestran las prendas exclusivas de los mejores diseñadores, reciben más reverencias que sus propios vestidos. Se muestran por todo el mundo en los escaparates de las grandes firmas convirtiéndose en lugares de culto donde no es extraño escuchar o leer en la prensa lisonjas acerca del alma que parecen poseer.