La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

domingo, 15 de junio de 2014

¿Cómo dividir mi corazón?, de MARINI RÍOS.




Si yo tuviera un corazón, escribiría a mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.
García Márquez.




¿Cómo dividir mi corazón en sentimientos tan diferentes?
¿Cómo fraccionar amor, odio, rabia, amor, deseo, amor en retales de soledad?
¿Cómo rebelarme ante lo imposible de una pasión invisible,
Imperceptible a los ojos, que pelea en la renuncia de una misma para ser tú, atrapada en una inútil guerra de extremos inencontrables?

¿Cómo dejar de sentir y esperar morir en el oscuro amanecer?

El faro y el vigía, por PURA FERNÁNDEZ SEGURA.

  

Ciertamente, el  reto que supone escribir acerca  de Gabriel García Márquez es complicado, parece que todo está dicho y lo que se pueda  aportar estuviera abocado a la pura repetición o a la  entelequia fatua. Y sin embargo el poder de  las palabras, las infinitas aristas desde donde mirar,  las distintas ficciones y perspectivas  que la obra del maestro genera, son a mi entender inagotables.
En este caso, he querido  referir las declaraciones que hizo GGM a una antigua y curiosa revista, que compré en librería de viejo.  Estaba  en un montón: entre anuarios, boletines, periódicos y un sinfín de hojas sueltas. Llamó mi atención el color chillón de la portada, ilustrada con un gran habano; para mi sorpresa, el señor que  estaba fumando el puro, no era ni más ni menos que GGM. Cogí  la revista al vuelo y sí, efectivamente, en páginas  interiores  se recogía una entrevista al mismísimo GGM. La publicación de carácter cultural y divulgativo, salía con carácter mensual en Cartagena de Indias  y su nombre era: El faro y el vigía. Tuvo recorrido corto, según supe después, y desapareció sin pena ni gloria  a los seis meses de la primera publicación.
En dicha entrevista, entre otros extremos, GGM daba cuenta de las circunstancias, peripecias y alguna anécdota en torno a la gestación, alumbramiento y primera publicación de  su obra cumbre, Cien años de soledad. En escribirla tardó 16 meses y cuando en mayo de 1967 remitió a la editorial Sudamericana, con sede en Buenos Aires, los primeros cuatro capítulos de la novela; Francisco Porrúa, su director, vio rápidamente que tenía entre las manos una obra capital. El asunto lo  traigo a colación, porque GGM confiesa que, una vez terminada la novela, se encontraba inseguro con respecto a cómo terminar el libro, y ante la duda, preparó dos finales alternativos. Francisco Porrúa, cuando leyó la obra completa, se inclinó sin dudarlo por el final que todos conocemos. La novedad es que fue la única vez  que GGM relatara de forma sorpresiva el final alternativo, que nunca se publicaría, y que les voy a  referir de manera sucinta: 
“Poco después  de que Aureliano Babilonia saliera enloquecido de la casa de la que estuvo ausente varios días, Blasa Lugones,  hija no reconocida  del gitano Melquíades, se acercó con clara determinación a la casa grande, a la casa de la que tanto sabía…. Penetró por el patio de la alberca, rodeando el tronco del castaño para esquivar el viento que traía encendida la desgracia. Subió hacia el corredor invadido por las plantas secas, donde los tallos  trepaban  retorcidos  hacia el techo, cayendo suspendidos como ahorcados. Sorteó los cubos brillando de hojalata, las ropas de lino esparcidas por el suelo..... hasta llegar al dormitorio donde el pequeño, el vástago último de los Buendía, era una mora oscura e inerte, un ovillo negro de hormigas prestas a cebarse con tan insólita pieza. Con la agilidad gatuna de los que siempre espían, la hija de Melquíades y Basilia Lugones, acercó la pequeña nariz del niño  a su boca, aspiro fuerte  y profundo, escupió sangre e insectos enloquecidos y vomitó la asfixia del hijo de Amaranta sobre la ruina que quedaba de Macondo. Espantando las hormigas a manotazos, llevó al niño en volandas  a la alberca y lo sumergió en el agua quieta de soles y agonía. Entonces ocurrió una genial anomalía, lo que ya no se esperaba: como gorgoreo de ave, el pequeño comenzó a llorar un llanto quejoso de salmodia antigua, un gemido apagado de pena centenaria. Supo Blasa  Lugones que acababa de salvar al póstumo eslabón de la saga,  al último  de una estirpe que no atestiguaría jamás  qué fue cierto o ensoñación en Macondo.  Tampoco en ningún tiempo habría de dar cuenta, porqué la desgracia del desamor acompañó la vida larga de los Buendía, o acaso de todos los hombres.
Un siniestro estruendo de pájaros errabundos se enseñoreaba por las calles decrépitas del pueblo, donde ya los vivos ni los muertos tenían licencia para nada,  escondidos y sepultados como estaban, bajo el fango de la tierra.
 Aureliano Babilonia a su vuelta, vio la canastilla vacía, donde debía estar el hijo con cola de cerdo y los ojos dulces de Amaranta. Olía la casa a mercurio. Tapió las ventanas  y se encerró en el cuarto que fuera de Melquíades; a la luz de las luciérnagas  fue repasando los pergaminos, uno a uno, por entender, por saber si algo no estuviera escrito….    Mientras, Blasa, con la ciega clarividencia de los iluminados, por fin se fue, para siempre  de Macondo. Llevaba al niño  envuelto en un hatillo y se alejó por la ciénaga, por el camino que cada año traían los gitanos, los que por marzo venían a Macondo; los que trajeron el hielo, el imán y la alquimia… 
Era la vida devastada por la hojarasca de cien años de soledad”.

Mi primer García Márquez, por JOSEFINA MARTOS PEREGRÍN



Tuve suerte, entré en García Márquez  por uno de sus mejores libros, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada.  Lo recibí como regalo de cumpleaños -19-  y aún lo conservo, gastado y bello, en su sencillez y buen diseño, de Barral Editores, 1972. Carlos Barral, escritor, poeta, navegante, miembro de la gauche divine barcelonesa y al que todos los lectores debemos agradecimiento, pues amplió enormemente  el panorama literario español editando a jóvenes autores de aquende (como Juan Marsé) y, sobre todo, de allende: Cortázar, Bryce Echenique, Vargas Llosa… Y García Márquez.
Una joya humilde, un libro vivo porque siempre que lo releo le descubro sabores nuevos, aunque lo que me propongo ahora es recordar aquella primera lectura, la sorpresa encantada, mi alegría al descubrir un mundo nuevo y, sin embargo, inexplicablemente presentido.
Lo primero que me impresionó fue el título, largo y sabroso, evocador de atmósferas cargadas donde conviven inocencias junto a perversidades. Lo segundo, el nombre de Eréndira y los que siguieron: Pelayo y Elisenda, Catarino, Ulises, Pancho Aparecido, los Amadises… En  una mezcla evocadora e impredecible entre  romances trovadorescos, tragedias griegas y pueblo amerindio.
 Y lo que formó el meollo de mi asombro: el tratamiento de lo insólito como hecho normal;  la total ausencia de respingos y alharacas ante milagros, sinrazones  y maravillas; la disolución de fronteras entre realidad y sueño. A mi entender este carácter distintivo del realismo mágico impide tanto la moraleja como la denuncia:  sentido sí. Verdad, también; en concreto, la cándida Eréndira  contiene toda la verdad del mundo pero en ningún momento constituye una diatriba contra la prostitución infantil. Y esta falta de moralidad explícita también impresionó mi alma lectora.
Otra enorme sorpresa: la novedad de las descripciones, si podían llamarse así, porque yo nunca me había encontrado con una  “enorme mansión de argamasa lunar” ni pisado ninguna casa “oscura y abigarrada, con muebles frenéticos y estatuas de césares inventados”.
Pero lo más extraño fue  mi curiosa reacción, que continúa y aún no comprendo :  desde las primeras frases sentí una injustificada familiaridad con aquel mundo y sus personajes; en especial,  los derrotados, los  humildes, alzaron su vida ante mí como hermanos presentidos. Nunca me he identificado con García Márquez,  pero sí con Eréndira y el joven Ulises, con el hombre muy viejo de  alas muy grandes, con el fotógrafo que cruza el desierto a lomos de bicicleta; con el hermoso ahogado que no puede sino llamarse Esteban y la niña que se convirtió en araña por desobedecer a sus padres.

Gentes errabundas, que viven, trabajan, mueren, sin darle mayor importancia; que ponen en juego una imaginación sin límites para comer cada día. Cercanas, entrevistas, como si yo en alguna otra vida, sin duda onírica,  hubiera contemplado ese reverbero de gentes, magias, milagros y crímenes,  hojas revueltas que se lleva el viento. El Macondo de la abundancia que en un instante se transforma en podredumbre. ¿Acaso Macondo vive en nosotros aún antes de leerlo? ¿O Gabriel García Márquez escribe tan endemoniadamente bien que nos produce esa sensación? En cualquier caso, misterio y magia que le debemos.

El hombre de las rosas amarillas, por ALICIA MARÍA EXPÓSITO.



Cansado,
el hombre de las rosas amarillas
decidió recostarse
en los brazos del alba.

Él,
sembrador incansable de palabras,
visionario de mundos imposibles,
estaba preparado,
decidido a cruzar
la frontera del tiempo.

Se rompieron las brújulas.
Para andar esta senda
no hacía falta camino.

Con la última brizna
de luz entre los ojos,
el hombre de las rosas amarillas
sonrió satisfecho.
Su vida, no fue en vano.
Aprendió que los ángeles
habitan los rincones
de las almas,
que el hombre sobrevive
a todos los naufragios
y que la soledad
no siempre hiere o mata
aunque esta permanezca

algo más de cien años.

La alquimia de tus palabras, por SOLEDAD JACOBE.



 La alquimia de tus palabras
Va construyendo crónicas de soledades amontonadas.
Narra vivencias de generaciones y generaciones,
Tropieza con mis pensamientos cuando paseo por las calles,
Contemplado personas que se me asemejan  personajes de novelas aún por escribir.

Tus frases  limpias y completas,
Dibujan un perfecto sentimiento de nostalgia.
De lo que pudo ser y no fue, de lo que pasó y no tuvo que suceder.
Forman curvas caprichosas que bordean tu historia, la mía y la de ellos.
La de todos aquellos a los que nos penetró una mirada silenciosa aquietando recuerdos.

La poesía de tu prosa se adentra en el alma
Tatareando nanas a calladas memorias.
Cuenta historias que quieren salir a jugar con momentos indecisos y decisivos.
Busca donde expresarse y encuentra el claroscuro de los ojos
Para comunicar sentimientos individuales y universales.

Releeré tus líneas,   retomaré mi pasado y  empezaré mi futuro sin cólera
Para llegar a un final feliz, acompañada de tú música y la mía.

Sol, Sole, Soledad
A Gabriel García Márquez, quien me hizo perderme en el tiempo   

jueves, 29 de mayo de 2014

Presentación del poemario "Recuerdos y coordenadas" de Custodio Tejada, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN

     

Recuerdos y coordenadas es una carta de navegación por los laberintos de la memoria, donde la infancia va marcando un sendero de luz reveladora. Es en la infancia cuando el alma se impregna de experiencias y emociones que determinarán la manera en que afrontamos la vida. En esas vivencias participan de igual modo, tanto las personas que nos rodean, los lugares, como las circunstancias en que se desarrollan. A lo largo de nuestra vida, especialmente en la edad madura, habremos de desandar el camino buscando los recuerdos, porque al encontrarlos, si estos son agradables, nos sentiremos acunados y confortados. Si por el contrario no lo fueran, también hallaremos la fuerza para combatir a los fantasmas y en ambos casos para comprendernos mejor como personas.
En el poema titula Introito, el poeta dice:

Es cierto que una parte de mí
se quedó intacta en aquella cueva del tesoro,
esperando que algún día,
mi alma regresara para habitarla de nuevo con agallas.

    La niñez reside en cada uno de los versos de este poemario, cada poema es un santuario que atesora los recuerdos de la infancia. El tiempo es un perito que va trazando las coordenadas, esas que la memoria recorrerá con cada lectura.
Recuerdos y coordenadas es un cordón umbilical de palabras, la raíz que alimenta la añoranza de aquellos días, que el poeta ha conseguido desempolvar.
La infancia es un eco que nunca se extingue, es un crisol de emociones donde las cosas nos parecen más grandes, singulares y luminosas, casi mágicas. Con la edad se va haciendo pequeñas, múltiples y banales. Sólo la creatividad, si es que tenemos la sabiduría de potenciarla, puede en muchos casos modificar esa percepción y hacerlas de nuevo especiales, marcando nuestra experiencia, ayudándonos a componer este complicado  puzle que es cada vida humana.
Dice Custodio:

Nuestra memoria es un rompecabezas
al que le faltan piezas
Y le sobran despedidas.


          La poesía de Custodio Tejada en este nuevo poemario nos invita a encontrar nuestras propias coordenadas, cada poema es un detonador de sinestesias que desata en el lector el nudo de la añoranza, Recuerdos y coordenadas huele a junco y alameda, sabe a melocotones y a miel de caña, tiene la luz de la nostalgia, Purullena y la vega de Guadix laten en él. Recordar sí, para después levar el ancla, pues el tiempo apremia o como dice el título de otro poema: Cronos se frota las manos.

Cronos se forta las Manos

Cuando miras atrás,
el ocaso envuelve con barniz de anticuario
las pertenecias que una caja fuerte custodia
con delicadeza de relojero.
El tiempo jamás demora la vida,
en todo caso la devora como Saturno
y luego la escupe sujeta en un sudario.
Las huellas que el destino deja sobre la piel
marcan una ruta de viaje hacia lugares
que ya no encuentras en los mapas,
que sólo existen en la memoria,
que tanto tienen de uno ahora mismo.
Crecer es tomar conciencia 
                del tiempo,
                       del cuerpo,
                                de una época.
Crecer es sentir el choque de las horas sobre tus sienes
y conservar entre las manos el impulso de los afectos
y el tacto del equipaje. 
El resto de la carga
es un espejismo que nos contaron
y que nosotros dimos por válido
sin hacer demasiadas preguntas.
Pequeñas teselas cuidadas 
que forman  un mosaico antiguo
de un dios ingenuo que vive de su pasado.

(del poemario "Recuerdos y coordenadas")


sábado, 24 de mayo de 2014

Alarcón de nuevo se limpia de polvo las botas, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN



Hoy, día 24 de mayo de 2014, ha tenido lugar un acontecimiento plenamente alarconiano, y digo plenamente alarconiano, porque al igual que en el romancillo del Corregidor y la molinera, se nos ha metido alguien en el lecho nupcial del molino, mejor dicho, nos lo han metido.  Sorpresivamente, más para unos que para otros, un grupo de teatro de Baza que no voy a nombrar porque sólo se han limitado a hacer su trabajo, y cobrar, naturalmente todo trabajo se paga,  ha representado diferentes fragmentos de obras de Pedro Antonio de Alarcón, contratados por la Delegación Provincial de Educación de la Junta de Andalucía para el Centro de Profesorado de Guadix.  A horas tempranas, serían las nueve y media, en plena plaza de las Palomas o de los corregidores; en este caso vamos a llamarle con este último nombre, porque la ocasión lo requiere, se representaba “El capitán veneno”.  Felicito al grupo de teatro, que aunque es aficionado, ha estado digno, aunque todo hay que decirlo: A la moza, Angustias, le faltaba salero y al Capitán algo más de veneno.  Si la cita era para el profesorado de Guadix, al menos yo allí no he visto a muchos, y si era por lucirse ante el mismo consistorio municipal ¿A qué tanto secretismo? Pensando en que mañana estamos en plena jornada electoral y que hoy es el período de reflexión en que la campaña ha terminado, tampoco tiene mucho sentido.
Pero en fin ¿A dónde quiero llegar contándoles todo esto? En primer lugar, es desalentador ver cómo Guadix y sus profesionales del teatro, se queda siempre en la trastienda, pues la prueba está en que contratan grupos de fuera para darnos a conocer un personaje tan accitano como lo fue Pedro Antonio.  Con la crisis que hay y el desempleo tan mastodóntico que asola Guadix, nos traen un grupo foráneo para mostrarnos nuestro patrimonio cultural. Mientras en Guadix, el tejido teatral se deshace cual pavesa del cañón del Carbonero alcalde. Una noble ciudad que debería hacer ondear la bandera del teatro; pues es cuna de uno de los más grandes dramaturgos del panorama literario del siglo de Oro y que cuenta con profesionales sólidamente formados, tiene que ver cómo traen de fuera un grupo amateur (y perdonen el termino) nos muestra la obra de nuestro Pedro Antonio y encima invierten el dinero fuera ¿Qué es esto…?.
Y es que la política, tal como funciona en la actualidad, lo emponzoña todo y no mira con amplitud, pues su visión está proyectada en una sola dirección, apuntarse un tanto. ¿Por qué aun no hay una Escuela Municipal de Teatro? Si hay una Escuela Municipal de Música, a pesar de que ya hay  un Conservatorio ¿Por qué no se crea una Escuela Municipal de Artes Escénicas? ¿Qué sí la hay? ¿Existe un Aula Municipal de teatro? Yo no he visto la convocatoria para seleccionar al profesor/a…, aunque uno se entere por ahí de que algo se está cociendo, y el tocino del puchero no haya sido elegido en pública convocatoria e igualdad de oportunidades. Sí señores, esto sigue siendo El baile de la Rifa, aquí baila con la moza quien más pague. Es sencillamente El escándalo de una casta política cuyos actos van dirigidos a agarrarse con fuerza a la teta del poder y no soltarlo, a costa de lo que sea.

Y qué hacemos los accitanos ¿Cómo nos sacamos El clavo? ¿Seguimos aceptando pasivamente todo lo que hagan con nosotros, o nos pronunciamos para que de una vez esta ciudad deje de ser La pródiga