La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Lluvia, por JOSEFINA MARTOS PEREGRÍN.



Supervivientes, por TERESA TORRES.



Lluvia, tú viniste:
para erigir mi aliento sobre el cristal
y con las yemas de mis dedos
delinear sobre él, su nombre.

Y por fin poder pronunciarlo
sin esperanza.

Para llorar juntas de dicha
por haber sobrevivido
a la búsqueda ciega del instante,
al vacío del universo traspasando aquel amor,
que inequívocamente alzaba el sentido de tu existencia.
Y la mía. 


Noviembre, por ALICIA MARÍA EXPÓSITO.



Noviembre.
Triste tarde de lluvia.
El otoño se rompe
en las gotas de agua,
ecos de muerte
sobre los cristales.

La ausencia me provoca
languidez amarilla.

Silencio.

Nada queda de ti.
Apenas una foto en la mesilla
me rescata tu rostro del olvido.

El tiempo que vivimos
ha vuelto inacabado
para contar tu triste despedida.

Es esta soledad
quien reclama su ofrenda,
su tributo constante
y necesario,
aunque yo esté vacía.
No queda más dolor en esta herida.

La tarde va muriendo.

Plenilunio en noviembre.

Silencio.

Entreabro la ventana.
Fuera sigue lloviendo.
Como si nunca hubiera

sucedido nada.

Septiembre, por PURA FERNÁNDEZ SEGURA.


Trae septiembre un fragante zumbido
de abejas,  uvas y de parras,
           fronda  de hojas que esconde tu pupila.
Llega la tarde bañada en pan de oro,
y arden los cerros bajo un sol
hecho de astillas.
La noche  irrumpe huérfana de nubes
y  todo a mí viene clamando lluvia:
el tilo triste, la apagada fuente
la herida reseca,  el camino polvoriento.
En la veleta  el  gallo  es un heraldo
de luz que escruta el cielo,
porfiando  que caiga el agua redentora,
sobre campos y  corazones  yermos,
que plena colme las manos extendidas
y en los troncos de los árboles,

sacien su sed las aves.     

Llueve, por INMACULADA JIMÉNEZ GAMERO



Unos versos inolvidables ya dijeron:
«llueve, detrás de los cristales, llueve y llueve».

Hoy se deshojó mi llanto
y se pintó el cielo de gris sobre gris.
Las noticias gritan sangre
que tiñen todas las gotas.
Una mujer pide la eutanasia
porque sigue lloviendo y ella muere.
Encuentran un bebé roto en una maleta,
como un muñeco sin vida
junto a las vías mojadas del tren…
Sigue lloviendo detrás de los cristales,
el agua llega hasta la última y oscura alcantarilla.                            
La píldora que mata o lo cura todo,
sumidero de mafia resabida y sentenciosa.
Mientras, las pizcas aguadas de mis ojos
se embeben en esta ventana
que roza la calle tan húmeda.
Extiendo mis manos para ver si se mojan
y puedo limpiar el espanto de mi alma.

Amanda Gamero

SafeCreative

Tu lluvia, por MARIAN ORRUÑO.



Espero...

Ha llovido, ¡dios!, ha llovido

penetra el olor de tu lluvia

te veo y te siento

y perfilo mi aliento con el tuyo

eres mi razón...

mi lluvia a 40º

te deseo en esta inevitable espera

cuánto, cuándo; si supieras...

ayer y anteayer volverás

a refrenar este deseo a 40º

llegará la noche

la noche algún día se hará de día

alguna noche dime en qué estación estás,

dime en qué hemisferio de la Tierra Cen

qué punto

en qué orientación

lloverás algún día estos 40º míos


volverás a lloverlos...? 

Otros días de lluvia, por ISABEL PÉREZ ARANDA.


Otros días de lluvia
Sigo Inventando caminos de agua que descubren rutas en balcones olvidados
que persiguen gotas en libre fluidez,
abriendo sendas como antaño,
y miro las gaviotas oteando el mar
y descubro malabares de palomas
que convierten un dia de lluvia en un paseo de lagos.
           
Y en este silencio de aguas,
agarro las nubes
y paro el tiempo de las prisas.

Deslizo pasos en charcos de luz y reinvento lluvias de palabras olvidadas,
hablo con las cosas vivas, despacio, pausando el canto de las aves al infinito,
huelo en lejanía cada minúscula gota de lluvia que cae a la tierra.
En los efluvios de geranios y pilistras viven
y redundan ríos de vida y gotas robadas.
Las pisadas se solapan al tiempo del latido,
miro lo ya mirado y no parece igual,
la arena, el río, las olas, las cuevas, la isla, el aire,
tan distintas y distantes.
Y en las dos me acompaña esta lluvia sutil y anhelada
que sin previa ruta siguen marcando el destino

de otros días de lluvias.