La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

domingo, 24 de abril de 2016

Cuando mi cuerpo ya no esté sobre la tierra, por Mariano Cognigni (3º Finalista del "III Certamen de Relato Breve Guadix en el Día del Libro")



Cuando ya no esté sobre esta tierra volveré como un fantasma, como un aliento fugaz, como una de esas brisas tan leves que sólo se perciben con la piel mojada, mojada acaso de sudor, mojada acaso de lluvia.
Volveré un día de otoño a esta misma hora, me sentaré en esta misma silla y apoyaré los codos de esta misma manera. Miraré por esta misma ventana y veré a estos árboles despoblarse de hojas amarilla y rojas.
Veré cómo el aire y la ciudad envejecen sin mí. Veré al tiempo roer las paredes de las casas, lo veré roer los objetos y las personas. Impávido y sin voz, le gritaré al reloj que detenga su marcha, que despierte. Le suplicaré, le rogaré que se percate de que ya no estoy aquí, de que aquello que un día fui, hoy es sólo un espacio mudo y yermo, un espacio sin tibieza. Le pediré, le diré que mire lo que ha hecho, que ya ni siquiera soy una impronta, nada, ni una ausencia. Dentro de mis seres queridos también mi recuerdo se habrá esfumado. Sobre esta misma mesa anidaré mis brazos, ocultaré el rostro y lloraré sin lágrimas.
Mientras tanto, detrás del cristal, el almanaque continuará su marcha, continuará inclaudicable, royendo las casas, los objetos y las personas.

Sé que lo hará, aun cuando yo no esté mirando.

MARIANA, HEATHCLIFF Y YO, por José Aristóbulo Ramírez Barrero (2º Finalista del III Certamen de Relato Breve "Guadix en el Día del Libro")

   

   Yo ruéguele a Mariana que dejara las cosas así, que no alterara el curso de la historia y ella que, pamplinas, no estaba dispuesta a permitir que una chiquilla caprichosa y frívola como Catherine echara a perder a Heathcliff y, cátate, en diciendo y haciendo metió sus narices en ese guisado, tomando al muchacho de la mano e impidiéndole que se fuera a Cumbres Borrascosas… «¡Me lleve el!… Y ahora, ¿qué vamos a hacer con él?», le espeté a Mariana y ella que muy sencillo, lo llevaremos a Francia para que se enamore y cuide de Cosette. «¡Cosette y un chorizo!», protesté. «Jean Valjean no permitirá que un trío de mentecatos le arruine sus planes de hacer a Los Miserables menos miserables». Pero ella, que es la quintaesencia de la obstinación, porfíe y argumente… «Convendrás conmigo en que Heathcliff es mejor que el pánfilo de Mario», y Heathcliff, metiendo cucharada… «Yo soy mejor que cualquiera». Yo, por mi parte, apenas atiné a mascullar que no debíamos sentar cátedra sobre ese tópico. Pero, qué va, Mariana ya había regado la manteca metiéndonos de rondón en una embarcación con destino al continente la cual, para bien o para mal, pronto viró hacia el sur dispuesta a darle la vuelta al mundo. Mariana, energúmena, se dirigió a proa a averiguar a qué se debía el cambio de planes. Allí se enteró que nos hallábamos a bordo de la nao Trinidad que comandaba Magallanes. ¡Cáspita, báilenme ese trompo en uña!, por esos azares de la vida, Mariana, Heathcliff y yo formábamos parte de la aventura más estelar de la humanidad. Yo brinqué de alegría pero Mariana no. Esa no era harina de nuestro costal, así que, aunque mucho me pesara, nos esconderíamos convenientemente y descenderíamos de la nave cuando esta arribara a Macondo. Eso hicimos. Allí Heathcliff vio a Rebeca Buendía y se enamoró locamente de ella. «Yo te diré cómo conquistarla», le dijo Mariana. «Si eso quieres, en adelante tendrás que llamarte Pietro Crespi». Heathcliff asintió. Entonces, cuando Mariana estaba a punto de advertirle que tendría que cuidarse de José Arcadio… El director del psiquiátrico nos frenó en seco… «Si siguen alucinando de esa guisa, jamás van a salir de aquí». Advertidos tan tremebundamente, no tuvimos más remedio que abandonar la historia. Es por demás, Mariana, Heathcliff y yo no queremos ser para siempre unos renglones torcidos de Dios

EL ZOPILOTE, por Joaquín Filio (1º Finalista del "III Certamen de Relato Breve Guadix en el día del libro")



 A mis cuatro hermanos

A la hora de comer, mientras cuchareamos la sopa, sus ojos nos contemplan hambrientos y aunque mamá agregue pimienta, limón o salsa, el plato que le fue servido permanece intacto. Su vestimenta me da mala espina. Mamá dice “el negro es un color elegante. Hay que respetar los gustos ajenos”, sin embargo,  ella hace lo opuesto con los señores que llegan de visita a escondidas. Aprovecha el viaje a la escuela para exigirnos que seamos diferentes “hombres, no saben ni amarrarse las agujetas”. Cuando se hace de noche, el zopilote irrumpe en nuestro cuarto y nos acaricia con un brusco aleteo.  Pablo resiste mudo. No logro entender cómo le hace para evitar el llanto o ir en busca de mamá, hasta he pensado que lo disfruta o por lo menos le adormece. Pero el zopilote nunca canta, no como lo hacía mamá antes de apagar la luz. Él más bien tose, en lugar de hablar raspa, sacudiéndose de un ronquido enfermo. Pablo solía ser parlanchín, travieso, inventaba historias: desde el día del accidente no dice ni pío, se orina en la cama. Para mí que el zopilote lo tiene amenazado. Conmigo trató en el velorio: esa tarde me siguió hasta la casa. Desde que llegó a nuestras vidas escuchamos el llanto de mamá por todas partes, incluso, algunas ocasiones, Pablo y yo jugamos a pegar nuestras orejas sobre la puerta nueva de su recámara, la puerta anterior la rompieron los vecinos cuando intentó colgarse del armario. Será cuestión de unos días para que nos adiestremos a las prácticas oscuras del zopilote. Su abrazo seco nos arrulla en la sala, donde se encuentran, desde hace tres meses, las cenizas de papá.  

LA PALABRA, Josep Manuel Segarra Bellés (1º Premio "III Certamen de Relato Breve Guadix en el Día del Libro".)


La ciudad despertó, lentamente, con legañas en las ventanas. Sus habitantes tardaron un poco mas en bajar de la cama y lo hicieron con la típica crisis de cerebro matutina. Todo parecía correctamente cotidiano y habría sido un día más, sin pena ni gloria, de no ser por la voz que me contuvo. Es la voz que soy yo mismo, en uno de estos años descargados, de una profunda melancolía.

Deje que la palabra pasara al horizonte, que vistiera su piel de espuma y agua y su falda de música y relente matinal que ascendió hasta el origen de los tiempos donde el sol acaricia con sus besos rubios el resto de la nieve de las montañas.

Dejé que escalara, pura, la cumbre del silencio, que se destrenzara en música y canciones; que fuera del latido mineral del destino, al aliento del río estremecido.

Dejé que fuera relámpago de la noche, solitario en el desierto de los pechos, o caricia infinita de ternura. Con un galope de corceles grises, cruzó la vida de todos mis sueños, y me dejó la fiebre en las pupilas, la lenta procesión de las imágenes, la sombra y el dolor clavados en el barro.

La tarde nos gotea, sobre el crepúsculo azul de la memoria de aquel cielo estrellado.

La nostalgia de un libro entre las manos, que irradia resplandores de dóciles gramáticas, el aroma de un bosque florecido bajo una lenta lluvia que el cielo nos regala.

Y fue  todo tan breve como un vuelo de alondras, en la apacible pausa de la tarde.

Me queda la paciencia de sorprenderme de la vida, despacio, como esqueleto arropado fuera a desnudar su cuerpo en la memoria de las gentes. Aprendo incertidumbres que apenas sí recordaré, mañana, cuando el sol acalore, el color que les arrancan de la vida.



Creo no equivocarme, cuando digo tontamente las verdades ante el rincón deshabitado y triste; nada es igual a su silencio mortecino que apenas, sí se atreve a decirme.

lunes, 18 de abril de 2016

FALLO DEL III CERTAMEN DE RELATO BREVE "Guadix en el Día del libro" 2016.


ACTA:

Por acuerdo del jurado:


Don José Manuel Baena.
Doña María del Carmen García Hernández.
Don Angel Mosterín.
Doña Maite Yáñez.

Teniendo en cuenta una serie de indicadores para la valoración como son: Riqueza de vocabulario, originalidad y estilo en la narración, fluidez narrativa, expresividad, cuidado en ortografía y puntuación etc. Deciden otorgar los premios en el orden que se sigue:

1º PREMIO al relato titulado "La palabra" de Josep Manuel Segarra Bellés, de Quart de Poblet (Valencia). España.

FINALISTAS:

1º FINALISTA: Relato titulado "El zopilote" de Joaquín Filio, de Mérida, Yucatán, México.

2º FINALISTA: Relato titulado "Mariana, Heathcliff y yo" de José Aristóbulo Ramírez Barrero, de Bogotá. Colombia.

3º FINALISTA: Relato titulado "Cuando mi cuerpo ya no esté sobre la tierra" de Mariano Cognigni de Córdoba. Argentina.

La entrega de premios tendrá lugar en Guadix (Granada) España, el día 22 de abril a las 6 h. en el transcurso de la Fiesta del libro, en el Teatro Mira de Amescua. C/Plaza de la Constitución, s/n.
Los trabajos serán publicados en distintos medios (Prensa, Blogs, etc) y los premios serán enviados a los premiados que no puedan asistir al acto.
La Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul" y el jurado les damos la enhorabuena.

domingo, 17 de abril de 2016

De visita por museos de Madrid, por ANTONIO MORILLAS.

La reja de Raoul Dufy
  1. EN EL THYSSEN. Dufy
Por razones coyunturales que no vienen al caso, nos invitaron a la premier (o pase privado) de la exposición de RAOUL DUFY en el museo Thyssen Bornemisza, y decidí acudir para conocer la obra de este pintor desconocido para mí, y, además, para comprobar que no existe la complicidad entre las clases, eso que algunos llaman interclasismo. Ellos son ellos y nosotros, nosotros, y desde la altura de sus tacones – ellas - o desde la altivez de su mirada - ellos y ellas - pude comprobar que somos clases irreconciliables por mucha transversalidad que algunos iluminados de la nueva ola quieran decretar, y que la pelea tiene que conducir a que ellos bajen de su pedestal y se pongan a la altura de los seres humanos sin más pedigrí que su condición humana. Ahora, instalados en su nube, son otra cosa. ¿Suena a rancio el alegato? Podría ser, pero cuando los ves de cerca, tienes sensaciones extrañas.
Allí estaban todos, y todas: la baronesa Thyssen (Carmen para los amigos) y su vástago, acompañado de su amada y nunca bien ponderada esposa plebeya, madre de sus hijos; ellas, tísicas como sílfides hambrientas, él, traje azul oscuro, saludando a unos y a otros: ministros, embajadores y presidentes de consejos de administración, con sus respectivas, viejos amigos, algunos paisanos del papá ausente para la eternidad, espléndido proveedor de recursos para las siguientes generaciones familiares, y aduladores de la mamá presente, esa señora de carnes estiradas, que hizo bueno aquel dicho popular: “es mejor saberse casar que saberse criar”, y todos ellos, pasando como de puntillas ante los cuadros que se exhibían en las pulcras paredes del museo, y sobre los que un experto daba explicaciones y datos para que los no entendidos entendiésemos qué quiso expresar el pintor con su obra. Bastante les importaban a ellos y ellas los cuadros y el pintor que se inició con el impresionismo y terminó  fauvista: cuatro escuchábamos al experto mientras ellos y ellas departían, y, alguna vez, tan solo nosotros dos le seguíamos porque, para la alta sociedad presente, lo realmente importante era estrechar relaciones con la señora baronesa pues el futuro es muy traicionero y nunca sabes lo que te puede deparar...
Y como lo de menos eran los cuadros, una vez finalizado oficialmente el recorrido, pasamos al vestíbulo donde camareros pulcramente ataviados empezaron a pasar bandejas con bebida, cerveza o vino, tinto o blanco, y refrescos. Todos miraban por encima del hombro del vecino para ver por dónde aparecerían las bandejas con las viandas, porque a esa hora de la tarde – las ocho - ya empezaba a protestar el estómago, incluso el de los bon vivant que suelen hacer caso a la máxima gastronómica de ‘muchas veces y poco’, para que el estómago no sufra como el de los proletarios que somos más de ‘pocas veces y mucho’. Nosotros estábamos mal situados para el envite y las bandejas pasaban delante de nuestras narices ya vacías, en retirada, hasta que alguien se percató y aumentó el número de camareros que atacaron por todos los flancos, y nos llegó algo de lo que se suponía serían manjares exquisitos dignos de cualquier buffet de la high society madrileña.
Nuestra mundana habilidad alcanzó, por fin, el objetivo, pero, ¿qué nos encontramos? En un recipiente de diseño, bien modelado, rugoso, de estaño o de otro material noble o irreconocible para un lego en la materia, habían puesto unos frutos secos, salpicados de algo como goma dulce. Como era lo primero comestible que caía en nuestras bocas, pues no le dimos mayor importancia y nos dijimos aquello de que después vendría lo bueno… Después vino el plato fuerte: pinchitos de algo que quería ser tortilla de patatas, sobre un algo que parecía hojaldre y en la que no se divisaba por ningún lado la patata y aún menos el huevo, no digamos nada de la cebolla. Eso sí, la servilleta de papel que nos proporcionaban para limpiarnos los labios o los dedos era de diseño, seguro que exclusivo del museo. Llegué a la conclusión de que era la tan cacareada deconstrucción de la tortilla de patata, que, deglutida en el Museo Thyssen del Paseo del Prado de Madrid, frente al Museo del Prado, debía adquirir una nueva dimensión. El problema es que en mi boca se hizo una bola que tragué sin apenas masticar porque donde se ponga una buena tortilla de patatas, con cebolla, o, en el no va más de la tortilla, como la que ponen el EL OASIS de Despeñaperros, con sus pimientos fritos, jamón y chorizo, además de las patatas y el huevo, que se quiten todos los inventos postmodernos por muy de alta alcurnia que sean. Hacen que uno, que va a ver arte, le quede un mal recuerdo del tal Dufy, al que no tenía el gusto de conocer, pero que ahora, tras la experiencia, voy a olvidar pronto.
Y me fui, y a punto estuve de ir al BRILLANTE de Atocha, el de toda la vida, a comerme un bocata de calamares a la romana con una cervecita bien tirada, con su espuma y todo, para olvidar... No lo hice porque era un día de diario y tenía que madrugar al día siguiente.
Poco tiempo antes, había acudido en Madrid a la exposición ART MARIAGE, de unos amigos: Jorge, fotógrafo, y Dori y Carmen, poetas, gentes del común, de la calle, como nosotros pero con arte en las venas. Los autores nos explicaron su obra, y todos atendíamos con educación, porque ninguno de los que allí estábamos esperábamos favores futuros de nadie, solo su amistad. Después de degustar las fotos y los poemas, nos tomamos una cerveza, o un vino, o un refresco, y unas tapitas muy apañadas, y departimos amigablemente. Es obvio que las gentes del común no tenemos más intereses que la amistad, la fraternidad, y con muy poco somos felices. Y eso es mucho. Bastante más de lo que puede esperar cualquier estirado de los que acudieron aquella noche al maravilloso Museo Thyssen.

2.      EN EL PRADO. Picasso.

Las Mujeres de Pablo Picasso

Cruzar las puertas del Museo del Prado siempre produce una sensación especial,  como si traspasaras las de un paraíso terrenal en el que nos encontraremos a viejos conocidos que pacientemente esperan en las paredes a que nuestras miradas reactiven sus vidas cuando se crucen con las suyas. Y más fuerte es la sensación si esa visita se realiza de noche, cuando el incesante hormigueo de turistas o de amantes del arte en general, termina. Esa sensación de sentirte solo, rodeado de todos los actores principales de la historia del arte que te miran, mientras fuera se hace la noche, es única y muy recomendable para quien no la haya vivido. Es como si un vendaval de aire fresco inundara los pulmones, o como si una explosión de belleza penetrara en tus sentidos como un manantial irrefrenable.
Íbamos a ver 10 obras de Picasso que el Kunstmuseum de Basilea prestaba al Prado para que las exhibiera mientras finalizaban sus obras. Era la primera vez que yo accedía por la entrada alta ‘de Goya’ que da acceso a la Galería Central, considerada como la columna vertebral de su colección permanente, y, en ese espléndido lugar, era  donde se exponían las 10 obras escogidas. Es imposible encontrar un mejor marco para encuadrar a Picasso que rodeado de las obras de los maestros italianos y flamencos, Tiziano, Rubens, o españoles como Velázquez o Goya….  Según avanza por la sala el visitante, es inevitable volver sobre los retratos de Carlos V y Felipe II de Tiziano, o sobre Las tres gracias de Rubens, o adentrarse en el Salón de los Retratos de Velázquez  para pensar, una vez más, que parece imposible que una mano humana pintase Las Meninas, el centro del universo pictórico. Y, como en un fogonazo, brillando sobre las tenues luces de la sala que lo acoge, se me aparece el Cristo crucificado de Velázquez, que nunca antes me había producido la sensación de plenitud que me produjo esa noche. Así, paso a paso, despacito, llegamos a la sala de retratos de Goya, que preside el majestuoso lienzo La familia de Carlos IV, donde finaliza la visita y volvemos sobre nuestros pasos.
En la exposición sobre Picasso están representadas las diferentes etapas del pintor entre 1906 y 1967. En palabras de Calvo Serraller: “… el decálogo que nos legó un artista que supo serlo hasta el final.”
En el tríptico que acompaña la exposición se cuenta brevemente la historia de las obras LOS DOS HERMANOS y ARLEQUÍN SENTADO, depositadas en el Kunstmuseum de Basilea por Rudolf Staechelin en 1947 y que, veinte años después, su hijo Peter quiso poner a la venta, lo que provocó una oposición radical de la ciudadanía, que llevó a las autoridades a convocar un referéndum mediante el cual se aprobó su adquisición definitiva con la participación de instituciones públicas y aportaciones particulares. Este hecho, insólito y mucho más si lo contemplamos desde esta España de hoy, conmovió a Picasso que, agradecido, regaló a la ciudad un estudio de gran tamaño y tres pinturas que también forman parte de esta exposición: HOMBRE, MUJER Y NIÑO, VENUS Y AMOR y LA PAREJA. Estaba claro que el espíritu mercantilista, a edad tan provecta, ya no vivía con él y le importaban más gestos como el descrito que seguir incrementando su patrimonio, como sucedió con el GUERNICA, encargado por el Gobierno de la República para el Pabellón español de la Exposición Universal de Paris de 1937, y por el que cobró sus buenas pesetas. En aquella época, una cosa era la ideología y otra la economía, como casi siempre para casi todos, porque no creo que la República estuviese sobrada de fondos. Seguro que los españoles que sufrían le habrían agradecido un gesto altruista como el que tuvo después con los habitantes de Basilea.
Pero como no hay que mezclar el arte con la ideología, estamos de acuerdo en que Picasso era un genio y a los genios se les puede perdonar casi todo. Y si nos ponemos en el lugar del Picasso comunista, seguro que desde el lugar del universo que ocupe el polvo en el que ya estará convertido, mirará con los ojos de la nada bien abiertos para maldecir a mucha de la gente –ministros, banqueros, alcaldesas, constructores- que paseaba por la sala Villanueva del Prado para contemplar la obra de ‘ese comunista’, que vivió como ellos pero nunca fue uno de ellos porque no se dedicó a esquilmar al prójimo: su acumulación de capital se produjo gracias al genio del que la naturaleza le hizo poseedor.




sábado, 16 de abril de 2016

Visita imprevista, por ELENA HERNÁNDEZ TÓRRES.

Añadir leyenda
 Este es un cuadro de Karen Hollingsworht, una pintora que he descubierto hace poco y que me encanta. No se mucho de ella pero intentaré averiguar lo que pueda.


-Mamá, mamá!!!  ven rápido! hay un elefante en la ventana
-Lucía te he dicho mas de mil veces que no debes mentir
Julia estaba tan acostumbrada a la desbordante imaginación de su hija, que no solía acudir a sus llamadas cada vez que ésta la reclamaba.
-Mamá date prisa, si no vienes pronto se comerá toda la fruta que has dejado en el salón.
-Venga cariño, ponte  a leer un rato y déjame terminar , tengo que entregar mañana este trabajo.
La niña comprendió que su madre no iba a ir, corrió a su habitación,  cogió el móvil de última generación que le habían regalado por su décimo cumpleaños; lo puso en modo  cámara de fotos, desactivó el flash, pues ya había comprobado que a los animales no les gustaban los destellos luminosos, y disparó tres o cuatro fotos seguidas.
Después de asegurarse de que las fotos habían salido bien, se dirigió al despacho de su madre, se acercó  despacio, puso la pantalla del móvil a la altura de sus ojos y con una gran sonrisa de satisfacción en la cara, le dijo:

-Ves mamá, no miento…… 

¡¡¡Suspendemos!!!, por MARIÉN GONZÁLEZ ROZAS.

Artista urbano

            Una amiga a la que quiero y respeto, como a todos mis amigos, me regaló una entrada para el teatro de la ciudad en la que vivo. Reconozco que iba un poco a ciegas, a pesar de haberme enviado una foto del evento (discúlpenme pero no tengo televisión y no reconocí al susodicho).
            Al ir a girar una esquina, en las inmediaciones del teatro, me encuentro con policía motorizada, oh dios mío, preludio de una masa de gentío jamás vista por estos lares.
            Asustada, me agarré del brazo de mi amiga y le pregunté la causa de tamaña congregación; me explicó que el actuante era un conocido de los medios televisivos…
            Logramos acercarnos a la entrada del teatro pero nada más. La gente se apretujaba como si de una batalla se tratara, elevando sus cuellos hasta el infinito.
            Allí, en medio de la calle, el individuo en cuestión posaba para sus fans que gritaban poseídos por algún embrujo que yo desconocía. A todo esto, ya habíamos sobrepasado la hora de inicio de la actuación, pero los del otro lado se movían por el vestíbulo felices de haberse conocido y sin hacernos ni caso.
            Pero ¡esto es intolerable, una tomadura de pelo, yo quiero entrar y sentarme…! Pero sentarme a ver qué (el personaje que «posaba» fuera no me ofrecía ninguna garantía de aportarme «algo»).
            La falta de respeto no la tolero bien, me produce un no sé qué que me revuelve el estómago; lo apuntaré para contárselo a mi psicólogo. Decidimos pues, de mutuo acuerdo, salir por pies.
            Nada más alejarnos del ruido, me invadió una profunda tristeza; raro si tenemos en cuenta que acababa de ejercer un acto de libertad. Poco a poco comencé a verbalizar, sentada ya, eso sí, con mi amiga atenta a mis palabras: «Me duele España», como decía Unamuno. ¡Qué bonito sería que nos apretujásemos a la entrada de los teatros, de los auditorios, de las salas de conferencias, de todos aquellos espectáculos hechos por gentes anónimas, esforzadas y profesionales! ¡Qué hermoso es el conocimiento y terapéutico el teatro! ¡Qué cosquilleo de felicidad se siente al leer un libro que te aporta…!»
            Qué fácil, señoras y señores de este Estado, es divinizar a alguien. Basta con que su imagen aparezca en una pantalla y ya nos encargamos nosotros de entronarlo, sin esfuerzo, sin estudio, sin trabajo; solo hay que hacerse popular y, mientras tanto, miles de personas creativas, sabias, deben volver a sus casas, con la cabeza gacha, porque tras preparar su función se han encontrado con el teatro vacío.
            ¡¡¡¡SUSPENDEMOS!!

viernes, 15 de abril de 2016

ABSOLEM (Revista electrónica), Núm. 32, 15 de abril de 2016 "La pintura como fuente de inspiración".


Revista ABSOLEM, editada en Guadix (GRANADA) por la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul", 
laorugazul2013@gmail.com
ISSN: 2340-8634


SUMARIO


PORTADA, por CRISTINA MALO.


ARTISTA ANFITRIÓN: 





PINTURA: 






ARTÍCULOS:




RELATOS:










El sueño de la razón, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.


"El sueño de la razón produce monstruos" de Francisco de Goya

La cordura cerró los ojos,
sus pestañas cayeron como agujas frías
en el suelo.

Cansada de andar insomne,
de ahuyentar infatigable el despotismo humano,
sucumbió agotada,
abatida como un fardo a la narcosis.

¡Es mejor ignorar!
vendar los ojos a la lucidez,
comulgar con la estulticia y la patraña,
rendirse al miedo.

Durmió, entonces, la razón.

El oscurantismo irrumpió sigiloso
como una hueste de arañas,
cubriendo con su tela pegajosa al intelecto.

El mundo es pasto de la manipulación,
a día de hoy,
la razón sigue durmiendo el sueño de los justos.

Crear, por ISABEL PÉREZ ARANDA.




Manos que mueven el mundo,
pinceladas que transmutan
la noche en luz, luz y color

Manos que capturan el todo de un espacio,
que derriban traspasando las fronteras del sentido.

Las manos de un solo ser, de millones a la vez,
como el aire, intemporal, inocuo, vital.

Libres manos para poner y quitar,
sutil defensa de la verdad,
arco iris del pensamiento,
que discurre hacia el terso lienzo inmaculado,
perfecto,
hacia el deseo,
hacia la magia.
Plantare vestigios de las manos,

                         y dejare que muevan el mundo.

La piel pintada, por TOMÁS SÁNCHEZ RUBIO

Pintura de autor chino


Pies cálidos de arena que escapan,
que levantan el vuelo
para posarse sobre mis párpados
exhaustos.

Graniza negro sobre rojo vivo.

La carne escondida se estremece,
crepita, gira,
sonríe a la luz muda del inclemente
lienzo.

Entresacando uno a uno
mis sentidos de esta realidad soñada,
mezquina y marchita,

distraes mis días con la brisa segura y tenue
de tu infame e infinita desnudez.


Amanece en tus brazos, por ISABEL REZMO.

Pintura de Claude Monet




Amanece entre tus brazos.
Amanece, como un nuevo susurro.
Despierto.
Intuyo tu presencia y tu huida.
Intuir es como buscar  el don de la intuición, 
libera la esencia del alma,
 una imagen que graba tu cuerpo.
Grabaciones de un momento en la nitidez de un parpadeo simultáneo.
Amanece,  te tengo-no te tengo, en la similitud de una línea perpendicular.
  Directamente se cruza en mi corazón. 
No hay goma donde borrar la marca de un lápiz.
Escucha, está hablando
para decirte que te amo.
Duermo. Y en mi  bruma de unas horas sueño que amanece.
Amanece y aprieto los ojos en el encanto de una fantasía,
para que no escapes y rodearte en mis  manos.

El jardín de las delicias, por PEDRO CASAMAYOR RIVAS.

El jardín de las delicias de El Bosco

Habiendo deseado lo vivido en su éxtasis
interpreto el sublime disparate del Bosco:
burbujas de clausura , castidad excitada
peces sin mar, lechuzas hacia el sol
holocausto en el arpa , estanque de penados
y cien senos en cuerpos con alma de Lolita.
Igual que se vislumbra
el fin de las palabras al oírlas
sin saber lo que veo, lo presiento.
Jamás habrá un jardín de color semejante,
un paisaje sin miedo a imaginar gramáticas.
Torbellinos de pájaros en un ocho infinito
emanando su fuerza al edén, al infierno
a través del contacto de la piel
de humanos y animales,
de alimañas de rabos turbulentos
y cabeza de hechizo.
Venid al homenaje de la visión del caos
a la metamorfosis en los días de fiebre.
Al momento perfecto
de un mundo abierto al mundo.



El Húsar azul, por ANTONIO SAURET.

Pintura de Mikel Olazabal
        Admiro y contemplo un cuadro de pintor desconocido en donde, cada vez que lo observo, siempre encuentro nuevas tonalidades, significados ocultos y en ocasiones mas luz o mas sombras.

         Me impresiona el gesto, la mirada cansada de un joven convertido en viejo y fogueado en múltiples batallas.

         Único en su estirpe, de pelo largo al estilo de las mas viejas tradiciones de los húsares, con la guerrera gastada y en ausencia de su Colbac.

         Bigote de veterano, piel apergaminada perdida entre campos yermos y tormentosos, exenta de buenos hábitos que mejoren su salud. Tal vez demasiadas penurias pasadas en su cuerpo y en su mente logran que sus ojos miren a un punto indeterminado, porque perdida está su conciencia y agotada su alma.
         La mano acariciando el sable. El arma que ha logrado salvarlo, inerte y expuesta, siente el roce de la piel de un joven que ha dejado de serlo hace mucho tiempo.
         El color del fondo que rodea la figura es tenebroso, como su mirada. Atormentada, perdida, desamparada y cansada.
         Pero en ocasiones, según el día, evoluciona y se transforma en un azul petróleo, que inspira ese aire de esperanza.

         Y con la esperanza muere la soledad.

N. d. pag. :

         Es cierto, muere la soledad o vuelve para siempre al lado de una sonrisa y acompañado de una caricia fugaz.

(Rubricado con el mismo sentimiento y firma)


Expulsión del paraíso, por F. JAVIER FRANCO.

"Expulsión del paraiso" fresco de Masaccio.


Borra el dolor de los ojos
borrados del rostro por el dolor,
desnuda de dolor tu cuerpo desnudo,
no te dejes llevar por el dolor del engaño,
nunca hubo paraíso sin libertad,
nunca, recuérdalo…
¡Aparta esa mano sarmentosa que te cubre el pecho!
¡Apártala!
Deja que desnudos los pezones,
libres, salvajes, enhiestos,
aparten el dolor para refulgir
la libertad de la vida.
El dolor de la libertad 
nunca fue castigo, nunca.
Ilumina de fe tu futuro y,
arrancando del rostro
las manos de injusto miedo de tu compañero,
grita fuera de los confines
del reducido prado de manjares vacuos,
que el futuro en libertad
ha demolido el muro y ha abierto su verja.
Sigue adelante,
ahora sí que el mundo es tuyo,
no más dolor, no más lágrimas,
la vida sale al encuentro
y un paraíso sin libertad
no es más que monotonía,
tiranía que destroza los placeres,
que amarga el sabor a prohibido.
Sí, el dolor ha atravesado tu cuerpo,
pero sin dolor no sabrás apreciar
el dulzor del placer y la vida.
¿Vuelven los ojos a tu rostro?
Serán otros ojos, serán nuevos ojos,
sabrás de nuevo del dolor,
pero será un nuevo dolor:
el dolor de la libertad.
Duele la vida.