La Oruga Azul.

La Oruga Azul.
La oruga se puso azul turquesa, porque presa de la luz de la poesía, reposa en las cuartillas de la mesa Impregnada de tinta y fantasía… (Antonio Peláez Torres),

martes, 30 de septiembre de 2014

EL CLUB DE LOS POETAS MORIBUNDOS, 2014

   

Si te consideras poeta o te gusta la poesía, no importa si tienes algo publicado o no, nos gustaría que enviaras al email de esta biblioteca bibliotecadeguadix@hotmail.com uno o dos poemas tuyos.
   También puedes llamarnos por teléfono al 958 66 41 38 de 10 a 13 y de 16 a 20 horas de lunes a viernes o entregarnos tu/s poema/s en la biblioteca.Junto con el poema pon por favor tu nombre, fecha de nacimiento, 
teléfono de contacto y email. Además puedes enviarnos en breve currículum sobre tu vinculación con el mundo del arte, de la literatura en general y de la poesíaDe entre todos los poemas recibidos, un jurado compuesto por personas relacionadas con el mundo de la cultura seleccionará algunos poemas para ser leídos en uno o varios programas de radio y publicados en el facebook de la biblioteca, en la Revista digital de Arte y Cultura Absolem y en el periódico Wadias información. El considerado más interesante, será leído durante el II FESTIVAL POÉTICO ACCITANO (24 OCTUBRE, 2014).

I CONCURSO DE TUITS, BIBLIOTECA DE GUADIX, 2014



Bases

PARTICIPANTES: Pueden participar todas aquellas personas que lo deseen sin límite de edad.

TEMA LIBRE: los tuits podrán tratar sobre cualquier tema valorándose la creatividad, originalidad, ingenio y una correcta expresión, utilizando el hashtag: #reloj. El hashtag puede incluirse en la construcción del texto del tuit o no incluirse. Los tuits podrán adoptar la forma literaria que el participante desee: poemas, frases, reflexiones, diálogos, microrrelatos, etc.

LOS TRABAJOS deben ser ORIGINALES e INÉDITOS.

PLAZO: hasta el 19 de octubre. 

PREMIOS: el 24 de Octubre, Día Internacional de la Biblioteca, durante el II Festival de Poesía Accitana, se darán a conocer, previa selección por un jurado formado por personas relacionadas con el mundo de la cultura, los tuits seleccionados. El premio para los tuits ganadores consistirá en:
Se entregará un diploma a los tres primeros clasificados.
Publicación de los primeros diez tuits seleccionados en el periódico comarcal “Wadi-as Información”.

  • Estos primeros diez tuits seleccionados se incluirán en uno o varios carteles que se colocarán en lugares céntricos de la ciudad. 
  • También se publicarán estos diez tuits en el facebook de la biblioteca y en el blog de la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul".
  • Estos tuits también podrán ser leídos en uno o varios programas de radio y/o televisión,entregándose una grabación de estos programas a los interesados.

El jurado tendrá potestad para interpretar discrecionalmente estas bases. La decisión del jurado es inapelable. La participación en este certamen supone la aceptación de estas bases.

I CERTAMEN INFANTIL DE ILUSTRACIÓN DE POEMAS



Bases

PARTICIPANTES: pueden participar todos los escolares de infantil de Guadix (3, 4 y 5 años) de los colegios del municipio de Guadix.

MODALIDADES DE PARTICIPACIÓN: Cada alumno puede participar a través del colegio o de forma individual, llevando los padres directamente a la biblioteca el trabajo de su hijo/a o enviándolo por email.

EXTENSIÓN Y TEMA: cada participante ilustrará el poema: 

Otoño llegó marrón y amarillo,
otoño llegó y ojas secas estampó.

El viento en otoño sopla y soplará,
con sus hojas secas nos hace jugar.

Otoño llegó marrón y amarillo,
otoño llegó y ojas secas estampó.


con materiales y técnica libre: lápices o  rotuladores de colores, ceras, pintura de dedos, collage, etc., en cualquier soporte y sin límite de  tamaño. Los TRABAJOS deberán ser ORIGINALES E INÉDITOS del alumno.

SELECCIÓN Y ENTREGA DE LOS TRABAJOS: los respectivos  colegios se podrán encargar de la selección previa de trabajos,  no pudiéndose presentar más de 10 trabajos por curso. Los  trabajos se podrán entregar en papel o se enviarán al email de la  biblioteca municipal deGuadix bibliotecadeguadix@hotmail.com hasta el 19 de octubre de 2014, incluido. Los trabajos se expondrán en la biblioteca desde los días 20 al 31 de octubre. 

PREMIOS: un jurado formado por personas relacionadas con el mundo de la cultura seleccionará los 3 trabajos ganadores, uno por curso. El 24 de octubre, día de la Biblioteca, durante el II Festival de Poesía Accitana, se darán a conocer los trabajos ganadores y se entregarán a sus autores premios consistentes en un diploma, un libro infantil para cada uno de los ganadores y la publicación de los mejores cinco trabajos en el periódico comarcal Wadi-as.

EL JURADO tendrá potestad para interpretar discrecionalmente estas bases. La decisión del jurado es inapelable. La participación en este certamen supone la aceptación de estas bases.

EXCMO. AYUNTAMIENTO DE GUADIX
CONCEJALÍA DE CULTURA

ASOCIACIÓN "LA ORUGA AZUL"
BIBLIOTECA MUNICIPAL DE GUADIX

ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA BIBLIOTECA
GUADIX


II CERTAMEN ACCITANO DE POESÍA VIVA 2014

Este año 2014 la Biblioteca Municipal de Guadix llevará a cabo durante el mes de octubre una serie de actividades dedicadas a la poesía, por ello animamos a todos aquellos que le interese este género literario a que participen en la segunda convocatoria de este concurso. 


Bases

PARTICIPANTES: Pueden participar toda persona mayor de 16 años.

EXTENSIÓN Y TEMA: Cada participante podrá enviar un poema de no más de 15 versos, libres o rimados. El tema debe ser sobre Guadix (monumentos, cultura, paisajes, fiestas populares, etc.).

LOS TRABAJOS deben ser ORIGINALES e INÉDITOS.

PLAZO: hasta el 17 de octubre. 

ENTREGA DE LOS TRABAJOS: los participantes podrán entregar su trabajo en la biblioteca municipal hasta el día 19 de octubre, no pudiéndose entregar más de dos poemas por persona. Los trabajos se entregaran bajo el sistema de plica, firmándose cada poema con un seudónimo y aparte se entregará un sobre cerrado que contendrá los siguientes datos del autor: seudónimo, nombre completo del participante, edad, nº DNI, móvil y email. También se podrán enviar los trabajos por Internet al email bibliotecadeguadix@hotmail.com con dos archivos adjuntos: un archivo que contendrá el/los poema/s y el seudónimo y en el otro archivo figurará el seudónimo y los datos reales del autor.

PREMIOS: el 24 de Octubre, Día Internacional de la Biblioteca, durante el II Festival de Poesía Accitana, se darán a conocer, previa selección por un jurado formado por personas relacionadas con el mundo de la cultura, los mejores poemas. El premio para los poemas ganadores consistirá en:
  • Se entregará un diploma a los tres primeros clasificados. 
  • Publicación de los primeros cinco poemas seleccionados en el periódico ccomarcal “Wadi-as Información”. 
  • Estos poemas también serán leídos en uno o varios programas de radio y/o televisión, entregándose una grabación de estos programas a los interesados. 
El jurado tendrá potestad para interpretar discrecionalmente estas bases. La decisión del jurado es inapelable. La participación en este certamen supone la aceptación de estas bases.

EXCMO. AYUNTAMIENTO DE GUADIX
CONCEJALÍA DE CULTURA
ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA BIBLIOTECA
GUADIX
ASOCIACIÓN "LA ORUGA AZUL"
BIBLIOTECA MUNICIPAL DE GUADIX

II Certámen Escolar de Poesía Viva 20014

2º Certamen Escolar de Poesía Viva



PARTICIPANTES: pueden participar todos los escolares de la ESO de Guadix.

MODALIDADES DE PARTICIPACIÓN: 
Cada alumno puede participar a través del colegio o de forma individual, llevando directamente a la biblioteca su trabajo.

EXTENSIÓN Y TEMA: cada participante escribirá un poema de no más de 15 versos de tema y verso libre que podrá acompañar, si quiere, de un dibujo.

Los TRABAJOS deberán ser ORIGINALES E INÉDITOS del alumno.


SELECCIÓN Y ENTREGA DE LOS TRABAJOS: los respectivos colegios se encargarán de la selección previa de trabajos, no pudiéndose presentar más de 10 trabajos por curso. Los trabajos se entregarán o enviarán a la biblioteca municipal hasta el 19 de octubre de 2014, incluido. Los trabajos se expondrán en la biblioteca desde los días 20 al 31 de octubre. 

PREMIOS: un jurado formado por personas relacionadas con el mundo de la cultura seleccionará los 4 trabajos ganadores, uno por curso. El 24 de octubre, día de la Biblioteca, durante el II Festival de Poesía Accitana, se darán a conocer los trabajos ganadores y se entregarán a sus autores premios consistentes en un diploma, un libro juvenil para cada uno de los ganadores de cada curso de la ESO y la publicación de los poemas ganadores en el periódico comarcal Wadias Información.

EL JURADO tendrá potestad para interpretar discrecionalmente estas bases. La decisión del jurado es inapelable. La participación en este certamen supone la aceptación de las bases.

EXCMO. AYUNTAMIENTO DE GUADIX
CONCEJALÍA DE CULTURA
ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE
LA BIBLIOTECA
BIBLIOTECA DE GUADIX




ASOC. "LA ORUGA AZUL"

domingo, 14 de septiembre de 2014

La exposición de Lídia, por EDUARDO MORENO ALARCÓN.



1
Una obsesión me ha consumido estas dos últimas semanas: tratar de pasar página, zafarme del pasado más reciente, olvidar. A pesar de la insistencia reiterada de los medios, de su acoso inicial —la caza de mis viejos compañeros venteando la primicia cual sabuesos—, durante este retiro silente (aislado de los focos y la cámara) llegué a albergar la íntima esperanza de ahuyentar la pesadilla, los hechos padecidos esa noche aciaga; de alcanzar, andado el tiempo, una vida tranquila, más o menos normal.
Sin embargo, tras recibir este último mazazo, mi frágil equilibrio se ha hecho pedazos. Ni siquiera las pastillas surten efecto ya. Las voces no callan, repiten su fatídica advertencia. El miedo, aún mayor que entonces, ha regresado con toda su crudeza. Se enrosca en mi garganta; me atenaza. Todo se hunde bajo mis pies blandos de barro: la casa, el patio, la linde del bosque cercano… El horizonte se emborrona en un paisaje cada vez más turbio, ensombrecido y desolado.
La noticia me ha desgarrado las entrañas como un tiro a bocajarro. De súbito las náuseas no dan tregua, me asfixian, me impiden tomar aire, salvo un hilillo exiguo, el soplo imprescindible para no caer desmayado.
Estoy a punto de vomitar. Las piernas me flaquean, incapaces de aguantar el peso de mis huesos por más tiempo. Demasiado tarde para alcanzar la taza del váter. Me arrojo al sofá, azuzado por violentas y amargas arcadas. Mi abdomen parece una batidora triturando el alimento a máxima potencia. No aguanto más...
Todo se derrumba y los muros, antes firmes, se desdibujan en esta asquerosa vorágine interior. Tanteo en mis bolsillos, bajo el mueble, en el borde de la alfombra salpicada. Ni siquiera una brizna de dignidad. A falta de pañuelo o una triste servilleta, me limpio la boca, la espuma que gotea por mis labios, con el dorso de la mano temblorosa. El sabor, al tragar, es repugnante. «El sabor del miedo», me digo en un rapto de humor negro. Siento aversión e impotencia, la caída en picado de aquél que se sabe perdido de antemano, la locura —siempre cuerda— muy lejos todavía, inalcanzable, carcajeándose de mí.

2
«Un terrible accidente», ha dicho sin sentirlo en absoluto el afectado locutor. Ejemplo para todos los que nos dedicamos a esta profesión, una pérdida irreparable, bla, bla, bla…
Yo les diré la verdad sin usar edulcorantes, sin emplear esos patéticos eufemismos. Ray Lorenzana hallado tieso, colgado de la soga que él mismo (eso creen ellos) se ató al cuello con trémula frialdad de suicida, dedicando un último gesto a su público, a los miles de fans que seguían su programa con la avidez de la adicción. Ante ustedes, queridos televidentes, la escena que dará la vuelta al globo: su estrella televisiva sacándoles la lengua, hinchada y azulenca, sus pies balanceándose a medio metro del suelo, casi uno noventa de atractivo varonil pendiendo como un fardo de una lámpara de araña anclada al techo (igual que en las películas). Ah, y recuerden que las imágenes que van a ver pueden herir su sensibilidad, ¡no dirán que no se lo advertimos!
¿Quién lo iba a decir? Hace tan sólo unos meses, Ray tocaba el cielo con los dedos, sinónimo del rico triunfador, portada de revistas, piropeado sin pudor en foros cibernéticos, atacado en las tertulias de la competencia, odiado y envidiado en las cloacas del gremio periodístico.
Con su muerte, me he quedado huérfano en la experiencia más funesta: el cabo que ligaba nuestras vidas al pasado y sus demonios acaba de cortarse. Lorenzana, el hombre —no diré amigo— que vio en mí un perfecto aliado, un perrillo fiel dispuesto a lamer su estela refulgente, a arriesgar el pellejo sin reservas, a invadir intimidades sin escrúpulos, lo que fuera necesario con tal de batir un nuevo récord de audiencia, aquella masa insaciable, rendida de por sí a nuestros pies.
En el lapso que ambos saboreamos las mieles del éxito —cada uno a su manera— jamás hubo una sola divergencia entre nosotros. La relación era muy simple: él mandaba y yo obedecía. Pero aquella última noche, testigos en directo del macabro espectáculo, rompí mi sumisión y me negué a seguir filmando. Más aún: seccioné uno de los cables para impedir que la emisión volviera a restablecerse. Con ello —paradojas de la condición humana— disparé sin pretenderlo las audiencias; millares de hogares aguardando, con el alma en vilo, su ración semanal de carnaza.
*          *          *
 La llamada de Lidia Torres —joven seguidora del programa— se produjo dos horas antes de comenzar la emisión. Aquella adolescente (sospechosa de asesinato, estaba en búsqueda y captura por parte las fuerzas policiales) tenía sus pasos calculados al milímetro, con una precisión tan aviesa como impropia de su edad. Ella sabía que, siguiendo sus directrices, Lorenzana acudiría a toda mecha hacia aquel punto del mapa; calibró, incluso, el tiempo aproximado en desplazarnos al lugar, pero, sobre todo, buscaba notoriedad: su espeluznante galería sería vista por millones de personas dentro y fuera del país.
Salvo un selecto círculo de fieles, nadie supo los motivos de aquel viraje radical en el guión. Un rápido intercambio de miradas bastó para percatarme de que algo «muy jugoso» se cocía: no había un segundo que perder. Acostumbrado como estaba a esta clase de arrebatos de mi jefe, embutí mis bártulos en el amplio maletero del Porsche Macan y ocupé el asiento del copiloto. Salvo casos muy excepcionales, Lorenzana nunca cedía los mandos de su coche. Siempre fue de esos tipos que gozan, necesitan tener el control de todo, sentir la potencia de una máquina subyugada a sus caprichos, el empuje formidable, bestial, de un motor de 400 caballos.  
Rugió el monstruo mecánico y sus ojos luminosos hirieron la noche, violentando algún roedor agazapado en las tinieblas. Volamos a través de la autovía, muy poco transitada a aquellas horas, como si el diablo impulsara el automóvil con su hálito de azufre. Lorenzana apenas parpadeaba, abstraído totalmente en su objetivo ya cercano. Sus ojos de vidrio, casi humanos, apenas encerraban una chispa de empatía hacia el pueblo enlutado, hacia las víctimas, hacia los destrozados familiares de Lidia y la pareja asesinada. En su fuero interno ya saboreaba el impacto del «bombazo», su incontestable primacía de genial número uno.
Primero un gran cartel, después un desvío señalizado, y, por último, la luz de las farolas relumbrando en la distancia, preludiaron la arribada a Villanueva. La llanura dormía un sueño inquieto, y el campo, alumbrado fugazmente por los focos del Macan, se arrugaba con estrías de cultivos venideros. Giramos a la izquierda y tomamos una carretera local: ante nosotros se abrió un sardón de encinas pardas. La carretera devino en camino de tierra y, tras subir una cuesta empinada, encontramos la senda que conducía a la finca, nuestro objetivo, final de trayecto.
Tal como la joven había apuntado por teléfono, ocultas en un macetero, bajo las hojas arrugadas de un geranio situado en el alféizar, dimos con las llaves de la casa. Entre tanto, yo dejaba listo el material para empezar la conexión. Ray aprovechó el lapso para cambiarse de ropa y espolvorearse con destreza el maquillaje.
Dio comienzo la emisión en vivo que, previamente, había picado la curiosidad de los forofos, lanzado el cebo del mejor morbo a cuantos espectadores aguardaban impacientes el comienzo de su espacio favorito.
Cámara al hombro, sin dejar de encuadrar a Ray, uno y otro franqueamos el portón de la cochera.

3
Colgadas en los muros del garaje se exponían un total de cinco fotografías —ampliadas y de gran calidad plástica y estética— tomadas por la propia Lidia Torres. En el centro, sobre una mesita auxiliar, había un CD rotulado «Mi exposición, para el programa La noche de Ray».
Con una frialdad de hielo, la adolescente comentaba en una grabación casera cada una de las cinco instantáneas. A la vista del hallazgo, Lorenzana echó más leña al fuego y aseguró que «por primera vez en televisión, escucharíamos la confesión de una homicida».
Reproduzco, tal cual se oyó en directo, la voz de Lidia Torres.

FOTO 1: Miriam
 Esta es Miriam, mi ex amiga. Como veis, parece una modelo posando. Le gustaba presumir. Era guapa, ¿verdad? La muy cerda tenía ese pelazo rubio y unas tetas muy crecidas, pero yo se lo perdonaba porque a Nacho, mi novio, le ponían las morenas como yo. La foto se la hice en septiembre del año pasado, durante una excursión del instituto al Monasterio de San Juan, seis meses antes de matarla.

FOTO 2: Nacho
Este es Nacho, mi ex novio, fumando a escondidas en un rincón del patio. Es una de mis fotos favoritas: ese día había una luz especial, como de tormenta. El muy cabrón está guapísimo, ¿a que sí? Ni se enteró cuando se la hice, quizá por eso sale tan natural. Llevábamos un año saliendo. Si os fijáis en el brazo derecho, veréis mi nombre tatuado. ¡Qué hijo de puta, cómo me la pegó con esa zorra!

FOTO 3: Los cuernos
¿Y qué me decís de esta estampa de otoño? Los tortolitos morreándose bajo un paraguas, en la zona más frondosa del parque. El caso es que algo me olía. Cada vez que salíamos con el grupo de amigos sorprendía las «miraditas» que Nacho echaba a Miriam. Hasta que una tarde, seguí a mi novio sin que él se diera cuenta, y allí, escondida en un seto como una espía, los pillé dándose el lote. Ese día juré que los mataría.

FOTOS 4 y 5: La venganza
Aunque no se distingue muy bien, el cuerpo que asoma bajo las piedras es el de Miriam. Aún estaba viva (lo sé porque movía los dedos y me pareció oírla lloriquear) pero no creo que tardara mucho en diñarla. Ahí la dejé, en medio del campo, en aquella pocilga abandonada. La muy ingenua se tragó lo del corto de terror. Y en esta otra foto podéis ver a Nacho, y eso de ahí son sus huevos rebanados. ¡Cómo chilló el muy cabrón, casi me dio pena hacerlo!

4
 De pronto, tras una pausa mínima, aquella voz hiriente de psicópata —carne de manicomio— quebró el silencio del garaje profiriendo un chillido atroz. El reproductor escupió seguidamente una serie de sonidos enlazados: murmullos ahogados, arrastrar de muebles, ronroneos y, por último, una voz distinta, lúgubre, siseante como una serpiente de cascabel, que remachaba la palabra «escalera», «escalera», «escalera».
  En ese instante suspendí la filmación. ¿Qué me impulsó a hacerlo? Puede que un deje de alarma creciente, la intuición de algo malsano en el ambiente, quizá un último arresto de escrúpulos, no lo sé; el caso es que Lorenzana me fulminó con su mirada imperativa: «¿Qué coño estás haciendo, Quico? ¡Pon la puta cámara a grabar!».
 Estábamos a punto de enzarzarnos cuando, de súbito, se abrió la puerta de la cochera. Por primera vez en mi vida vi a Ray vacilar. Luego su vista se hundió en un punto distante, tras el fondo recortado por el marco, y, sin dar crédito a mis ojos, lo vi perder el habla, empalidecer.
La cochera, ubicada en la planta baja de la casa, comunicaba, a través de una angosta escalera, con el piso superior. Supongo que era inevitable, pero cometí el error de asomarme, la insensatez de echar un mórbido vistazo al rellano ahora en penumbra.
A la luz adyacente del garaje, se aplastaba en los peldaños la silueta movediza de unas piernas oscilando en el vacío. Con el pulso más que acelerado, presioné el interruptor y alcé la vista: Lidia Torres, la confesa asesina, colgaba de una cuerda atada a una viga de madera. En su rictus, en sus ojos ya vacíos, centelleaban las huellas del espanto. Y en mitad de la escalera, en una macabra vuelca de tuerca a aquella relación de odios y crímenes, alguien había dejado un pequeño álbum de fotografías.
Arrancado de su inusitado atoramiento, Ray me arrebató el cuadernillo y, ávidamente, se puso a ojearlo. Pasadas las primeras hojas, ambos sentimos un viscoso gorjeo a nuestra espalda, como de voces opacas, y el álbum cayó al suelo.

*          *          *
Los médicos trataron de convencerme de que aquello fue, sencillamente, una alucinación producto de los nervios, una fantasía inducida ante un hallazgo tan siniestro. Pero ahora comprendo que las voces no mentían, que las sombras de aquel álbum eran ciertas. Ellos susurraron nuestros nombres, maldijeron la codicia que regía nuestros actos, aquel afán de triunfo sin respeto ni medida.


Miriam y Nacho están aquí. Esta vez han traído la soga —ya anudada— y la cámara de fotos (la misma que robaron a la ahorcada), y yo no puedo, no soy capaz de resistirme. Los espectros guardarán en su memoria —coagulada para siempre— esta angustia insoportable que me asfixia, mis ojos de pavor desorbitado, la imagen detenida de la muerte y la agonía ya instalada, el último estertor, tal como hicieron con Lidia Torres, su despechada asesina. 

ABSOLEM (Revista electrónica), Núm. 15, 15 de septiembre de 2014 "Fotografía"


Revista ABSOLEM, editada en Guadix (GRANADA) por la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Arte "La Oruga Azul", 
MUSICA:


Conselho, por SÉRGIO ÁLVAREZ.



ARTÍCULOS: 

Aproximaciones a la verdad: "Muerte de un miliciano" por Rober Capa, por JOSEFINA MARTOS PEREGRÍN.

Fotografías posatales, por ÁNGEL MARTÍNEZ MÁRQUEZ.

Un fotógrafo ambulante accitano: "Joaquín Jiménez Caballero": el Agujero, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.



RELATOS:


Clic, por PEDRO PASTOR SÁNCHEZ.

El naranjal de Ascalón, por JAVIER FRANCO.

El árbol de los ahorcados, por LILY TEMPELTOM.

Paula en la ventana, por JOSÉ ARAGÓN.

Relato de una fotografía, por INMACULADA JIMÉNEZ GAMERO

La exposición de Lídia, por EDUARDO MORENO ALARCÓN.


POEMAS: 

El retrato de Dorian Gray, por LUIS LÓPEZ-QUIÑONES RUIZ.

Desenfoque, por ROSA BERBEL.

Enfoque, por NICOLÁS CORRALIZA.

Se emocionan mis manos, por ALICIA MARÍA EXPÓSITO.

Autorretrato, por MARÍA PIZARRO..

Balada a mi cámara, por PACO AYALA.

Fotografías, por PEDRO CASAMAYOR RIVAS.

Fotografía aérea, por SOLEDAD JACOBE.

Hoy no es como ayer, por PURA FERNÁNDEZ SEGURA.

Mantener la luz, por PACO PELEGRINA.

El viento de mensajero, por ESPERANZA SANDOVAL.

A la fotografía, por LUCÍA NIETO OLIVER.

Tu retrato y Aquella foto, por ESNEYDER ÁLVAREZ.

Tu retrato, por ANTONIA PILAR VILLAESCUSA RIUS.

Captura versos, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN.










Balada a mi cámara fotográfica, por PACO AYALA.




Me gusta estar contigo a solas,
contigo y con tus diafragmas,
y con aquella mujer que llora,
cuando se me olvida el alma,
quiero estar solo, muy solo,
con ella, con mi cámara.

Solo, cuando me encuentre solo,
y se despierte la mañana
con el rocío en el campo verde
con ella colgada a mi espalda,
caminando solo, muy solo,
con ella, con mi cámara.

Mi soledad y ella me acompañan,
cuando salimos a pasear
por la playa o en la montaña,
soledad para pensar
en compañía de mi alma.

Enristrada en mi hombro,
amoldada a mis manos,
sabedora de mis secretos,
en caja negra guardados,
y de color repletos.

Sin ella no soy nada,
mi soledad nos acompaña,
vemos paisajes en la mente,
de imaginarios sueños,
de un amor imposible,
vivido en un trío perfecto
entre mi soledad,
yo y mi cámara.


Relato de una fotografía, por INMACULADA JIMÉNEZ GAMERO.

                            




Cuando te vi entrar en la iglesia con tu padre del brazo, sentí un escalofrío, el mismo que cuando te conocí, mientras paseábamos por la calle ancha.
Por fin seriamos marido y mujer, para lo bueno y para lo malo.  Apareciste como una celebridad, con un aura blanca y pura, con ese vestido de crepe, elegante, sencillo, y entallado a tu cuerpo, que tú misma has confeccionado. Con esa forma tuya de andar de paso corto y manso,   con esa media sonrisa de piconera, y ese negro azabache de tu pelo corto y ensortijado.  Eres mi reina, eres mi dama.

La música nupcial, fue un soplo más de frescor para la emoción que abrigué. Familiares, amigos y extraños, todos hablaban de lo buena pareja que hacemos.
Ya se habrá enterado tu rico pretendiente en busca del sueño americano, que te has casado conmigo, un humilde carpintero con vistas a emigrar a Barcelona para también conseguir sus sueños.

El fotógrafo mira por el ocular, se posiciona tras la cámara, entiende la importancia de la imagen que da cuerpo a una historia de amor.  Yo de pie, y tú sentada en este escabel pareces de menor estatura, pero así debe entender el maestro que vamos a quedar mejor en esa reveladora imagen que viajará por el tiempo. 
Él contempla el plano, visiona achicando el ojo izquierdo,  y vuelve a retirarse para entrar en el detalle panorámico.
La sala es alargada y estrecha, las paredes vetustas de un color rancio, recuerdan haber sido blancas,  y están cargadas de retratos de otros novios que como nosotros, han pasado por aquí  para hacerse la conveniente fotografía.

Te miro de reojo y tú no te mueves, el velo de tu cabeza sostenido por una diadema de cristal,  me hace cosquillas en la mejilla. Tus ojos marrones y achinados miran al frente, esperanzados en el futuro que nos espera. El ramo de flores, medianero entre los dos, añade más belleza a la tuya que es incomparable. Estoy seguro de que aquí no ha entrado una novia más guapa que la mía.

He pensado en lo que me dijiste sobre los cajones de la cómoda, creo que quedarán mejor los tiradores de latón envejecido, ya sólo nos queda ese detalle en ese piso que hemos hecho con tus manos y las mías, y que lo nuestro nos ha costado.
El traje me queda que ni pintado, vaya manitas que tienes, quien diría que lo han tocado manos.  De color negro, con pantalón pitillo, camisa blanca de seda y corbata estrecha.  A mí me sobran los guantes blancos, pero tú dijiste que era elegante y aquí los tengo bien cogiditos, en mi mano derecha, para salir bien en el retrato.

Cada vez que me sonríes y veo tus dientes resplandecer, me siento más afortunado,
ya eres mi mujer hasta que la muerte nos separe, como dijo el sacerdote convencido.

El hombre sigue concienzudo en plasmar este momento y me pide con esmero que mueva ligeramente mi cuerpo hacía ti.
De este gesto nace otra sonrisa en tus labios carnosos, escucho tu vestido sonar al roce de las telas, y al moverte el olor de tu perfume envuelve toda la estancia. Morena mía, soy feliz, perdóname si a veces me enfado en vano, tengo un carácter complicado, yo diría, un poco del mal genio. Pero tú sabes cómo devolver mis pies a la tierra cuando mi cabeza huye con aires de grandeza.
Que incline ligeramente la cara hacía ti, sin dejar de mirarlo, me dice el retratista, y eso hago mientras tú yergues la espalda, después del buen rato sentada sobre el taburete.
Y por fin el estallido de luz indica que pasaremos a la posteridad mientras que la imagen viva.  Nosotros hasta el final unidos, como ahora lo estamos, vida mía.



A la fotografía, por LUCÍA NIETO OLIVER.


Captas instantes de mi vida
con sólo un clic;
Una mirada,
sonrisas y lágrimas,
imágenes, 
como huellas en la mente.
Paisajes, mares, de arena blanca
nubes con forma de corazón,
el sol en la risa fresca del alba,
molinos de viento, 
blancos como la nieve...
Las vidas de muchos,
los instantes de unos pocos,
un último adiós,
un tierno abrazo...
Con el objetivo que todo lo ve...
Impaciente, impasible e inquieto, donde, existen unos ojos
deseosos de saber secretos.

Ávidos por saber que hay
más allá de esa mirada pícara,
o de esa mágica sonrisa del ayer.

El viento de mensajero, por ESPERANZA SANDOVAL.



   Pongo puñales al aire para dividir al viento
y que se vuelva más ágil más seguro y más ligero
cuando pase por tu frente a recoger mí recuerdo.
Yo, viviré en un suspiro hasta que esté de regreso ese viento,
viento amigo que te mando con un beso.
Espero ansiosa que vuelva
después de estar en tu pecho
y me diga que te ha visto mientras estabas poniendo
 los labios sobre un retrato ¡Aquel retrato tan viejo
que te regale en los años que jugamos a querernos!

Espero al viento con ansia por si regresa diciendo
que también tienes presente aquellos tiempos tan tiernos.
Espero también que diga que aún me sigues queriendo
y que tú también me añoras a pesar de tanto tiempo.
Que tienes mi cara impresa en la cruz de tus silencios
como yo tengo a la tuya en el altar del recuerdo.
Que también vas cultivando como tallos de un renuevo
el jardín de las promesas que sin querer se perdieron.
¡Me gustaría que trajera los olores de tu cuerpo!
¡y aquel sabor de tus labios a viña, a trigo y centeno!
Hoy, recordando los días de ilusionados deseos
hago un avión de rimas como un corcel en los cielos
para que cruce los aires llevando, o tal vez trayendo
 la historia de dos chiquillos que se marchó sin regreso.

Este avión de distancias lleva una carga de sueños
que desean encontrase cómplices de un mismo tiempo.
¡Ojalá cuando regrese llegue a mis brazos diciendo
que te sorprendió besando aquel retrato tan viejo!
¡Aquel retrato, testigo de un amor puro y sincero

que puede volver ahora en este avión de viento.

Aproximaciones a la verdad: Muerte de un miliciano, de Robert Capa, por JOSEFINA MARTOS PEREGRÍN.


Sí, yo también partí de la inocencia; también para mí la fotografía constituía el documento probatorio por excelencia, el testimonio más objetivo de los posibles; pero a medida que aprendí sus técnicas y fui conociendo su historia, comprendí su intrínseca naturaleza subjetiva. Porque, para empezar, fotografiar es ante todo elegir, encuadrar, y encuadrar supone excluir, favorecer una parte de la realidad visible en detrimento de todas las demás. Distancia, ángulo, definición, color... Punto de vista personal.
Y lo que ahora me ocupa: las múltiples posibilidades de manipulación, algunas meramente “materiales”, como positivar en un papel duro o suave; utilizar un revelador más o menos concentrado, una película rápida o lenta. Y las otras manipulaciones más graves, las que afectan al objeto registrado por la cámara.
Pienso en fotografía analógica porque pienso en una fotografía determinada, un icono del siglo XX, la imagen más identificativa de la Guerra Civil española: la Muerte de un miliciano, de Robert Capa.
Triste me resulta confesarlo, pero estoy convencida de su no autenticidad. Quisiera seguir creyendo que todo es verdadero en  este punto de partida del fotorreportaje heroico, en  este inicio del carácter sagrado del corresponsal de guerra, en  este uso de la cámara como arma revolucionaria. Pero después de documentarme debidamente, no lo creo. Un caso más entre las innumerables manipulaciones fotográficas, que demuestra que la fotografía proporciona documentos tan discutibles como cualquier otra fuente.
Nos dice la “historia oficial” que fue tomada el 5 de septiembre de 1936, a las 5 de la tarde, por Robert Capa, con una Leica, en el frente de batalla de Cerro Muriano. Pues todos estos datos son falsos, como vamos a ver.
Antes de continuar, quiero dar a conocer la figura de Gerda Taro- pareja sentimental de Robert Capa- que murió en Brunete, a los 26 años, en 1938. También fotógrafa. Y a Richard Whelan,  biógrafo oficial de Capa y guardián de su obra, celador principal de la “verdad” de Muerte de un miliciano.
Comienzo la historia: hacia 1930, víctimas de hostilidades y persecución política llegan a París la alemana Gerda Taro (nombre adoptado) y el húngaro André Friedman. Allí se conocen, se aman, quieren ganarse la vida, pero son un par de desconocidos a quien nadie contrata; veinteañeros e ingeniosos ambos, se inventan un personaje: el gran fotógrafo estadounidense Robert Capa, tan reputado que tiene dos representantes en París: ellos mismos. Les sale bien la jugada; consiguen numerosos encargos y cobran tres veces más que los fotógrafos franceses.


Bajo esta identidad ficticia viajan a España para cubrir la recién iniciada guerra civil, para las revistas “Vu” y “Regards”.  Utilizan tres cámaras  (una Leica, una Rolleiflex y una Contax) que a menudo se intercambian, aunque suele asignarse a André la Laica, sin motivo suficientemente fundado. Ambos son de izquierdas, apoyan a la República y acompañan al ejército republicano en sus enfrentamientos bélicos. Cuando Gerda muere, André asume en solitario el nombre “Robert Capa”.
Y considero llegado el momento de hablar de un excelente documental que, con sus bien razonados –e imparciales- argumentos ha aclarado mis dudas. Se trata de “La sombra del Iceberg” (2006), dirigido por Raúl Riebenbauer y Hugo Domènech. No quiero detenerme en detalles, así que expondré  resumidamente las razones principales que indican que la fotografía del miliciano fue un “posado”:
--la hora, las cinco de la tarde: ni las sombras ni la orientación de la loma concuerdan con esa hora.
--En “Vu”, la revista donde se publica por primera vez la impresionante fotografía, aparece una segunda toma de otro miliciano caído exactamente en el mismo punto y casi en el mismo momento (se deduce por la igualdad de sombras y de nubes): ¿casualidad? Si dos hombres cayeron en el mismo lugar ¿no tendría que verse en alguna de ellas el cuerpo del otro caído?
--Y el que para mí constituye el argumento definitivo: ¿dónde la herida? Si muere por el impacto de una bala, ¿dónde impacta esa bala?
Estos motivos bastarían para, al menos, hacernos dudar; pero hay más. Desde 1975 (cuando se publica el inquietante testimonio de un compañero de Capa) se suceden las investigaciones: sobre la identidad del caído (presunta identificación rotundamente desmontada años después) y sobre la loma donde transcurre la acción. Sin duda de ningún tipo se sitúa en un cerro cercano a la localidad cordobesa de Espejo. Tan indubitable resulta que el mismo  Whelan acepta la nueva ubicación, si bien nunca aceptará la conclusión del mismo experto acerca de la cámara utilizada, la Rolleiflex. Claro,  si la cámara fuera ésta, la foto podría haber sido tomada por Gerda Taro, lo que menoscabaría gravemente la fama de Robert Capa.
Tantos datos, deducciones y conclusiones de expertos se suceden y suman que Whelan (en la biografía de Capa que publica en 1982) mantiene una solución de compromiso, una historia que concilia la artificialidad del “posado” con la autenticidad de la muerte. Escuchemos el diálogo con Robert Capa que reproduce en la biografía:


-Estaban haciendo payasadas –dijo él (R.C.)-. Todos estábamos haciendo el tonto. Lo estábamos pasando bien. No había disparos. Bajaban corriendo por la ladera. Yo también corría.
-¿Les pediste que escenificaran un ataque?
-No, en absoluto. Estábamos contentos. Puede que estuviésemos un poco locos.
-¿Y entonces?
-Entonces, de repente, se convirtió en algo real. Al principio no oí el disparo.
-¿Dónde estabas tú?
-Allí mismo, un poco adelantado y al lado de ellos.

En fin, todo podría ser, hasta ese inverosímil ataque sorpresa; lo malo es que ocurrió en Espejo, donde no hubo frente ni tiros hasta el 25 de septiembre, y las fotos fueron tomadas veinte días antes y publicadas el 23. Lo siento, de verdad, pero nada cuadra.
Quizá Robert (André) sólo se preocupaba en esos primeros tiempos de la guerra, que también eran su inicio como corresponsal bélico, de favorecer a la República, de ayudar al bando más justo, de lograr fotografías que removieran la conciencia de Europa y llevaran a los Estados a proporcionar ayuda al ejército republicano, tan desprovisto de medios frente al otro bando, golpista y potenciado por Alemania e Italia. Todo arte es simulación, pero… A la fotografía le exigimos si no  verdad, sí sinceridad. Aunque sean también muy ciertas las palabras de Richard Whelan: “Insistir en saber si en realidad la fotografía muestra a un hombre en el momento en que ha sido impactado por una bala, es a la vez, morboso y trivial. La grandeza de la imagen reside, en última instancia, en sus implicaciones simbólicas, no en su exactitud literal como un informe sobre la muerte de un hombre en particular”.
Sí, la imagen no ha variado, su fuerza debería ser la misma, su significado no  cambia. Y sin embargo… Nada es igual.